Salud. Dolor de garganta: cómo saber si es faringitis o amigdalitis y cuándo consultar al médico
Aunque suelen confundirse porque comparten síntomas similares, la faringitis y la amigdalitis son afecciones diferentes que requieren una evaluación adecuada. Cómo identificar cada cuadro.
El dolor de garganta es una de las consultas más frecuentes tanto en niños como en adultos, especialmente durante los meses de bajas temperaturas. Pero, detrás de una misma molestia pueden esconderse afecciones diferentes.
Entre las más comunes se encuentran la faringitis y la amigdalitis, dos cuadros que suelen confundirse debido a que comparten síntomas como dolor al tragar, irritación y malestar general.
Qué síntomas ayudan a distinguir una faringitis de una amigdalitis
De acuerdo con información difundida por la Cleveland Clinic, la principal diferencia entre ambas afecciones está en la zona afectada. La faringitis es una inflamación de la faringe, la estructura ubicada en la parte posterior de la garganta. Quienes la padecen suelen describir una sensación de ardor, sequedad o raspadura constante, especialmente al tragar alimentos o bebidas.
La amigdalitis, en cambio, compromete a las amígdalas, dos masas de tejido ubicadas a ambos lados del fondo de la garganta que forman parte del sistema inmunológico. Según explica la pediatra Kristin Barrett, especialista de la Cleveland Clinic, las amígdalas inflamadas suelen verse enrojecidas, agrandadas y, en algunos casos, presentan placas o puntos blanquecinos.

La institución médica señala que la mayoría de los dolores de garganta tienen origen viral y pueden estar relacionados con resfríos comunes, gripe o Covid-19. No obstante, también existen infecciones bacterianas, siendo el estreptococo una de las causas más conocidas. En esos casos, una evaluación profesional es fundamental para determinar si corresponde un tratamiento con antibióticos.
Además de las infecciones, la Cleveland Clinic advierte que existen otros factores capaces de provocar irritación en la garganta. Las alergias, el reflujo gastroesofágico, la exposición al humo del cigarrillo, el consumo frecuente de alimentos muy picantes o el uso excesivo de la voz pueden generar molestias similares a las de una infección.
Los síntomas asociados también pueden ofrecer pistas. Mientras que la faringitis suele acompañarse de congestión nasal, ronquera o estornudos, la amigdalitis puede generar fiebre más elevada, inflamación de los ganglios del cuello, cansancio intenso e incluso dolor abdominal o vómitos en algunos niños.
Los especialistas recomiendan consultar a un médico cuando aparecen señales de alarma como dificultad para respirar, problemas para tragar líquidos, fiebre alta persistente o una inflamación muy marcada de una sola amígdala. Estos síntomas pueden indicar complicaciones que requieren atención inmediata.

En cuanto al tratamiento, todo dependerá de la causa. Cuando el origen es viral, generalmente se aconseja reposo, buena hidratación y medidas para aliviar el dolor.
En cambio, los antibióticos solo deben utilizarse cuando una infección bacteriana ha sido confirmada por un profesional de la salud. La automedicación, advierten los expertos, no solo resulta ineficaz en los cuadros virales, sino que también contribuye al desarrollo de resistencia bacteriana.



