Compartir
Política

Doble tilde. ¿Cuánto tiempo tiene Milei para despedir a Adorni?

Nadie lo duda: Adorni es Milei. Pero crece una idea peor: Milei es Adorni. El jefe de Gabinete se convirtió en un factor pernicioso para la Casa Rosada.

16 de junio de 2026, 19:56
¿Cuánto tiempo tiene Milei para despedir a Adorni?
El presidente Javier Milei, es uno de los escasos respaldos que el queda al cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni. (La Voz / Archivo)

Sabiduría de Martín Fierro: "El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir". Javier Milei llegó tarde al despido de Manuel Adorni.

Nadie lo duda: Adorni es Milei. Lo que equivale a decir que sobrevive en el cargo sólo por la voluntad de Milei. Pero esa ecuación ha comenzado a mutar en otra: Milei es Adorni. El liderazgo presidencial no alcanza para echar por la borda el lastre que sus propios votantes le piden.

En esas condiciones, el daño que genera la permanencia de Adorni se acerca a un punto de inflexión. El punto desde el cual la situación perjudica más al presidente que busca la reelección que al funcionario que se conformaría con una condena leve.

Para detectar si Milei ya llegó a ese punto de quiebre, conviene repasar al menos cuatro factores que son el contexto en el cual Milei se propone renovar su mandato.

El principal aliado de Milei es Donald Trump. El presidente norteamericano acaba de anunciar el fin de la guerra contra Irán. Trump sólo lanzó el anuncio, que fue validado por el régimen iraní. La letra chica del acuerdo todavía se desconoce, pero el trazo grueso cayó mal.

Después de cuatro meses de conflicto, de decenas de treguas transgredidas y de otras tantas amenazas incumplidas sobre abrir o cerrar las puertas del infierno, la administración Trump decidió reconocerle el rango de Estado negociador al régimen conducido ahora por una organización terrorista, la Guardia Revolucionaria iraní.

Javier Mílei y Donald Trump, en uno de los tantos encuentros que tuvieron. El presidente argentino es un aliado del estadounidense. (La Voz / Archivo)
Javier Mílei y Donald Trump, en uno de los tantos encuentros que tuvieron. El presidente argentino es un aliado del estadounidense. (La Voz / Archivo) (AP Photo/Mark Schiefelbein)

Trump apuró un acuerdo para no llegar con una guerra abierta a los festejos de los 250 años de la independencia norteamericana y a la elección legislativa de noviembre. Si pierde el Senado, se transforma en pato rengo. En ese contexto, Trump autorizó un memorando de entendimiento con Irán que se parece más a una tregua de bloqueos en el Estrecho de Ormuz que a un tratado de paz.

Otros aliados internacionales de Milei quedaron heridos en el camino: Giorgia Meloni se distanció de Trump, y Víktor Orban perdió en elecciones. Europa no mira a Milei, sino a la guerra en Ucrania, que ya es más larga que la Primera Guerra Mundial.

Un segundo factor es el contexto económico global, más favorable a las aspiraciones de Milei. Kristalina Georgieva celebró el fin de la guerra. Dijo que, pese al conflicto, no hubo una desaceleración global, los mercados financieros no huyeron hacia activos refugio y, aunque creció la inflación, las expectativas no han sido desmesuradas.

Argentina se favoreció primero con la crisis energética, y todos los mercados emergentes, con el nuevo clima de distensión. Es lo que refleja la caída del riesgo país.

Tóxico

Un tercer factor que condiciona a Milei es la discusión interna de las reglas de juego del próximo año electoral. En especial, dos datos clave: la suspensión o eliminación de las Paso y la cadena de desdoblamientos electorales por distrito.

Aquí el factor Adorni es en extremo pernicioso. Para introducir cambios en el régimen electoral, el tiempo se acaba para Milei. Necesita de los votos de sus aliados en el Congreso y de gobernadores que acuerden las nuevas reglas de juego.

Pero cada llamado que hacen los operadores políticos del Presidente se topa con las consultas sobre la continuidad de Adorni. Para frenar una interpelación (más aún, una eventual moción de censura), el Gobierno necesita negociar abstenciones. Adorni es un activo tóxico que amenaza la ingeniería imprescindible para la reelección de Milei.

El Presidente cree estar viviendo una andanada opositora como la de 2025, cuando el Congreso le votaba leyes para torpedear el equilibrio fiscal.

Pero ambas escenas no son comparables. En 2025, el Gobierno tenía argumentos de gestión económica para defender su intransigencia hasta el veto. En 2026, delegó la argumentación en Adorni y el jefe de Gabinete se comió un trimestre de narrativa oficial entre mentiras y fabulaciones insostenibles.

Un cuarto factor es más favorable a Milei: el desorden opositor. Máximo Kirchner salió a decir que su madre debe ser candidata nuevamente, pese a la condena en firme que tiene por corrupción. Sabe que esa postulación es inviable. Lo que le interesa decir es lo que dijo al peronismo: "No hay que resignarse otra vez a un candidato por default".

En buen romance: Axel Kicillof sería una resignación parecida a Alberto Fernández.

En la segunda provincia más importante que gobierna el peronismo, Juan Schiaretti reclamó la renuncia de Adorni. Desplazó por unos días el foco de atención nacional centrado en Córdoba. Porque el caso Agostina sigue produciendo inquietudes políticas. Es lógico que así sea: hay una parte nada menor de la trama que sigue contaminada por evidencias nítidas de connivencia entre política y delito.

En otros distritos menos relevantes, algunos gobernadores prefieren apurar los tiempos: Osvaldo Jaldo buscará su reelección en Tucumán entre mayo y junio de 2027. Sabiduría de Vizcacha: cada lechón en su teta.