
Milei abre las sesiones ordinarias con el foco puesto en su agenda reformista
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Redacción La Voz
La sensación generalizada en la calle es que la economía no termina de arrancar. En 2024 no hubo plata, en 2025 la cosa parecía enderezarse y ahora, estamos ahí, con lo justo. La discusión no es abstracta: el cierre de la fábrica de neumáticos Fate reaviva el debate, en un contexto de apreciación del peso, de crédito caro, de caída del empleo formal y de salarios que no se terminan de recuperar. El sesgo contractivo de la política monetaria, que sirvió –y de mucho– para estabilizar la economía en la primera parte de la gestión de Javier Milei, tiene su contracara en la actividad económica, y eso empezó a formar parte de la conversación pública.
Veamos qué dicen los números para entender qué puede estar pasando. En el año 2025, la actividad cerró bien: 4,4%, con fuerte empujón del agro y una parte de inercia de 2023. Le fue bien a la intermediación financiera (24,% de crecimiento, aportando el 0,8 del total) dado el repunte del crédito y al agro (con 6,5% de crecimiento anual y aporte del 0,5), con una excelente producción de trigo y buenas perspectivas para 2026, especialmente en exportaciones de carne. El comercio aparece tercero en el ranking de impulsores, con el 3,8% arriba de 2024. “Pero esto no ilustra del todo su situación hoy en día, porque en la segunda mitad del año el sector fue perdiendo fuerza, y eso se nota en el interanual: la caída es del 1,3% respecto de diciembre del año anterior. Hoy el consumo, con la excepción de bienes durables, se ve estancado, y su desempeño en 2026 va a depender de la mejora de los salarios reales y de créditos al consumo”, dice Miguel Kiguel, titular de la consultora Econviews.
Hoteles y restaurantes están 1,5% abajo respecto de diciembre del 2024 y la industria terminó 3,9% atrás en el interanual. “La industria manufacturera está 17% por debajo del máximo diciembre que se dio en 2013, lo mismo construcción, que también está de 17% abajo, y comercio, que está 6% debajo del máximo, que se tocó en 2011. Ahora bien, es importante tener presente que aun los sectores de producción manufacturera y de construcción están mostrando crecimiento”, subraya Fernando Marengo, economista de BlackToro y del estudio de Ricardo Arriazu. “El PIB crece de manera heterogénea, y cuando te metés en la industria, también es heterogénea”, señala.
“Creo que la economía no arranca porque estamos en una situación recesiva. El principal problema es que Milei tiene una obsesión con el tema de la inflación y además por ahí hablan de más. Dijo que en agosto la inflación iba a arrancar con un cero y mientras tanto ha ido aumentando. Hay apriete monetario, no sobran pesos”, dice Luis Macario, titular de la Unión Industrial Córdoba.
Aparece entonces el meollo del problema: los sectores a los que les va bien –hay que sumar minería y energía– no son de alta intensidad en el uso de mano de obra. Los que están más complicados son, en contrapartida, los que más trabajadores emplean. El desempleo sigue en el 6,6% porque los salarios han ajustado por calidad antes que por cantidad, es decir, menos aumentos a cambio de mantener la fuente laboral, aunque eso también empieza a crujir.
¿Y cuáles son las complicaciones coyunturales para el comercio, para la industria y para la construcción?
Salarios. La primera dificultad está en los salarios: la gente no tiene plata para comprar. La debilidad de la demanda se explica porque el salario real y el ingreso disponible no evolucionaron de la misma manera. Si bien el salario real está hoy apenas 1,2% por debajo de noviembre de 2023, el ingreso disponible está 13,3% abajo. “El disponible” es el que les queda a las familias después de cubrir gastos fijos como alquiler, tarifas, prepagas y otros servicios, que ajustaron por encima de la inflación.

Sin crédito. Hay un segundo factor que tiene que ver con el endeudamiento de los consumidores. En 2025, también los salarios estaban bajo presión, pero la rueda de auxilio fue el crédito. Préstamos personales o tarjeta de crédito, que impulsaron la actividad financiera. Pero, claro, con inflación persistente y salarios que actualizan con lo justo, los hogares entraron en mora: 13% del total, 8,8% en bancos y 24,6% en billeteras virtuales. Con tasas en alza y hogares más endeudados, es difícil pensar que el crédito sea palanca, al menos en lo inmediato.
“Estamos viviendo una economía de dos velocidades. Por un lado, la macroeconomía parece haber encontrado un equilibrio de estabilidad que antes no teníamos, pero, por el otro, la microeconomía –la del mostrador, la del comercio de cercanía y de servicios– está sufriendo una ‘triple amenaza': una caída de ventas, en enero tuvimos una baja del 12% interanual en unidades; costos operativos en alza como alquileres, tarifas de servicios y presión impositiva de los tres niveles de gobierno, y competencia desleal entre el comercio informal y las plataformas internacionales, que no pagan impuestos locales y que nos ponen en una situación de fragilidad total”, resume Sebastián Parra, titular de la Cámara de Comercio de Córdoba.
Inflación. La tercera explicación hay que buscarla en la inflación: hace nueve meses que está en alza, pasando del 1,5% mensual en mayo pasado al 2,9% en enero. Eso le agrega complejidad al problema, porque no le permite al equipo de Economía desenchufar las anclas lanzadas para bajar la inflación, que son dólar bajo y tasas de interés positivas.
El tipo de cambio oficial recortó $ 60 en el primer bimestre de 2026 y, sin liquidación de cosecha pero con ayuda de la emisión de deuda de empresas, el Banco Central compró más de U$S 2.700 millones para reforzar sus reservas.

Tasa. En julio pasado empezaron a aumentar las tasas de interés reales. Por ejemplo, la tasa de adelantos en cuenta corriente –que usan las empresas para financiar su capital de trabajo– promedió 0,5% mensual en el primer semestre, pero pasó al 3,42% mensual (que equivale a una tasa de 50% real anual) entre julio-octubre, empujada por cambios en la política monetaria y por la incertidumbre electoral.
“El impacto en la economía no fue inmediato, sino que operó con algún rezago. Ello ayuda a explicar el freno en la actividad económica que todavía vemos en los datos de ahora”, dice Artana. “La buena noticia es que luego de las elecciones hemos vuelto a los niveles de la primera mitad del año 2025 tanto en la tasa real de adelantos como en el riesgo país”, agrega.
La desinflación fue el gran activo de Javier Milei, que pasó del 211,4% en 2023, con picos que rozaron el 290% anual en 2024. Ahora, “la última milla” se ha convertido en un gran desafío.
¿Y por qué no baja la inflación? Es más, ¿por qué hace nueve meses que sube? Acá los economistas citan una palabra clave: inercia. “La respuesta tiene que ver con la inercia inflacionaria. En las experiencias exitosas de estabilización –Chile e Israel son los casos más citados en la literatura económica–, los últimos tramos de la desinflación fueron siempre los más lentos y políticamente costosos”, dice Kiguel.
“La inflación se ‘estanca’ en ciertos niveles porque los agentes económicos empiezan a indexar salarios, contratos y precios en función de la inflación pasada, no de la futura. Además, como lo muestran las encuestas hoy en Argentina, la sociedad ya no valora tanto bajar del 2,5% al 2% mensual a un dígito anual como valoró bajar del 25% al 2,5% mensual. El esfuerzo de la última milla es enorme, y los beneficios percibidos son cada vez menores”, agrega.
“El último tramo en la lucha contra la inflación es más arduo que los anteriores. Eso se explica por la inercia que obedece a distintos factores, entre otros la falta de costumbre de vivir en estabilidad, cambios de precios relativos que se interpretan como aumentos en el nivel general de precios y contratos indexados a la inflación pasada, como alquileres, laborales”, coincide Daniel Artana, de Fiel.
Otro modelo. La quinta razón tiene que ver con las transformaciones estructurales que comenzó a experimentar la economía argentina, que desafían a estos sectores: o se adaptarán o “algunos quedaremos en el camino”, como admitió el propio titular de la Cámara de Comercio, Mario Grinman. La apertura económica, la baja de aranceles y hasta la finalización de las medidas antidumping, como la que protegía con el 28% el aluminio, plantean un esquema distinto de ganadores y perdedores. El problema es la velocidad.
“Vamos hacia una nueva matriz productiva. El potencial en energía y minería están dejando de ser una promesa para convertirse en un motor, que se suman al agro como generadores de divisas por exportación y como demandantes de servicios asociados. Además, la apertura económica también empuja el cambio. En el caso de la industria, la apertura comercial está forzando a una reconversión hacia otros rubros o sectores más eficientes. Aunque este proceso es doloroso en términos de empleo industrial en el corto plazo, es un efecto inevitable de una macro más normal”, dice Kiguel.
“El Gobierno te tiene que dar estabilidad macroeconómica, bajar la inflación para que de esa forma bajen las tasas de interés y avanzar con las reformas estructurales para reducir los famosos costos argentinos”, apunta Marengo. Nadie cree que vayan a aparecer planes concretos de sostenimiento a un sector. “Cada sector tendrá que invertir, crecer, tomar empleo… Programas sectoriales este gobierno claramente no va a hacer y creo que es lo correcto”, agrega.

El crédito sí es una herramienta posible. “No es sólo que la gente no tenga el billete en la mano; es que el costo de vida se 'comió' la capacidad de consumo de las familias. Para que la economía arranque de verdad, necesitamos que ese flujo de dinero que hoy se va a pagar impuestos y tarifas vuelva al circuito comercial a través de mejores salarios y, sobre todo, de crédito accesible”, pide Parra.
“La decisión de invertir también está afectada por decisiones del pasado. La recuperación de los dólares invertidos depende obviamente de la capacidad de cada empresa de satisfacer a los consumidores y de lograr una rentabilidad razonable, pero también depende de que los gobiernos futuros respeten las reglas de juego básicas de una economía moderna. Y la oposición dura lamentablemente no parece haber aprendido nada de su fracaso económico”, cruza Artana.