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Política

Doble tilde. El clima social volátil, otro desafío para Milei

Pasó el Mundial y las expectativas cambiaron: de la gloria a la derrota.

21 de julio de 2026, 19:03
El clima social volátil, otro desafío para Milei
El cuestionado presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia encabezó el arribo de parte del plantel de la selección nacional que llegó desde los Estados Unidos. (Prensa selección nacional)

En un país que no termina de procesar una prolongada crisis de representación, las variaciones del clima social se presentan como enigmas imposibles de predecir.

Tras el agónico triunfo de Argentina ante Inglaterra, la política esperaba una extensión del clima de euforia: si la selección nacional le ganaba a España, por la obtención de la cuarta copa del mundo; si perdía, por el logro indiscutible de haber llegado a la final con un trayecto épico admirable.

Pero el resultado adverso sorprendió con algo diferente. Asomó un clima acentuado de derrota e incertidumbre que atravesó cuatro nodos clave de la selección.

Lionel Messi, figura indiscutida y de aceptación unánime en el país, evitó cualquier festejo; el resto del plantel de jugadores quedó inmerso en una nube de rumores tóxicos.

Lionel Scaloni dejó entrever el cierre de su actual etapa en la conducción técnica, y el presidente de la AFA, Claudio Tapia, aterrizó en las dificultades judiciales que le acechan, ahora sin el fuero simbólico que esperaba conquistar con la cuarta estrella.

El Gobierno recibió al menos tres impactos negativos en el tránsito de la gloria contra Inglaterra a la derrota contra España.

Primero fue el desborde imprevisto de nacionalismo por la exhibición del reclamo por Malvinas en medio de un evento de alcance global. Algo que lo dejó en un lugar confuso y expuesto a críticas internas y externas.

Luego fue una declaración de Messi, que hizo suya una expresión con la cual los críticos de Milei desmerecen su programa económico: en la Argentina hay gente que no llega a fin de mes.

El presidente Javier Milei ofreció un feriado para festejar el subcampeonato mundial, pero el plantel encabezado por Lionel Messi rechazó la propuesta. (La Voz / Archivo)
El presidente Javier Milei ofreció un feriado para festejar el subcampeonato mundial, pero el plantel encabezado por Lionel Messi rechazó la propuesta. (La Voz / Archivo) (Gentileza)

Por último, la derrota ante España dejó a la Casa Rosada expuesta en el ofrecimiento de un feriado para facilitar unos festejos que la selección eligió no hacer.

Relevancia

¿Cuál es la relevancia que tiene para el Gobierno esa volatilidad del humor social, que pasó de la euforia al declive en cuestión de horas?

La importancia de ese horizonte de expectativas es clave para un gobierno que aspira a la reelección. Los oficialismos ganan cuando preservan una cotidianidad positiva.

Para mayor riesgo oficial, la participación argentina en el Mundial se politizó con un tópico incómodo: una fiebre nacionalista alentada por derecha e izquierda, que presionó para que hubiera un pronunciamiento de la selección sobre el reclamo histórico de soberanía sobre las Islas Malvinas.

Hubo pocas voces que alertaron sobre el riesgo de una desmesura en esa presión sobre el plantel de futbolistas argentinos. El periodista Ricardo Roa advirtió sobre la "catarata de disparates" que presentaron la victoria sobre Inglaterra como la reivindicación de los "pibes de Malvinas".

La derrota frente a España frenó esa narrativa con un baño de realidad. Argentina regresó sin la cuarta estrella (que quizá era el objetivo sinceramente más deseado por la sociedad que reclamaba el planteo soberanista).

Y la algarada testimonial protagonizada por algunos jugadores de la selección apenas consiguió una nota reflexiva en el diario The Guardian.

En Gran Bretaña, asumió en estas horas el séptimo primer ministro desde el Brexit (también los ingleses han tenido desbordes de emoción política que los enroscaron en laberintos de los que todavía no pueden salir).

Andy Burnham es un laborista al que no se le conoce una doctrina propia sobre el conflicto por Malvinas; es muy posible que reemplace ese vacío con la línea de continuidad histórica del Estado británico en la materia.

Nada estratégico

Pero la eclosión nacionalista de la sociedad argentina durante el Mundial tampoco dio la impresión de ser parte de una acción pensada para avanzar de manera más estratégica que terapéutica. Fue sólo un brote fugaz, agitado sobre la escena de una competencia deportiva de impacto global.

El nacionalismo como definición estratégica supo ser un tópico de debate profundo en el siglo pasado. Casi una identidad doctrinaria que se disputaba con distintos argumentos, salvo excepciones, todo el arco político. Desde el pensamiento conservador hasta los ideólogos de la liberación de cuño marxista.

La biblioteca sobre el tema –de Leopoldo Lugones a Juan José Hernández Arregui, por ejemplo– es una de las más vastas del debate argentino. Amplia y por cierto bastante más fundamentada que el somero grafiti sobre tela expuesto días atrás en Estados Unidos.

La catarsis como prioridad política fue promovida desde espacios en teoría antagónicos: la vicepresidenta Victoria Villarruel la propuso desde su posición institucional en el Senado. Su predecesora en el cargo, Cristina Kirchner, lo hizo desde su lugar de detención, con una proyección escénica sobre la fachada de San José 1111.

En medio del desconcierto por la fiesta que no fue, Javier Milei debe haber encontrado alivio en esa coincidencia.

Sus problemas, de todos modos, son macizos: tiene resuelto pedirle a la ingeniería política toda la construcción de legitimidad para su reelección. Sin arrimarle otro auxilio desde la economía que no sea el rigor persistente de la disciplina fiscal.