
Oxígeno financiero para Llaryora, con el aval de Milei y de Caputo
Por
Redacción La Voz
Manuel Adorni tropezó dos veces, y no precisamente con la misma piedra. Cuando incorporó a su esposa a la comitiva presidencial en el viaje a los Estados Unidos, y también por haber utilizado un vuelo privado para trasladarse a Punta del Este y disfrutar del fin de semana largo de Carnaval. Era previsible que ambas situaciones –una vinculada a su función pública; otra, a su ámbito personal– terminaran trascendiendo y generaran ruido.
El segundo error, acaso más grave, fue su defensa inicial. En una entrevista con el periodista Eduardo Feinmann, aseguró que iba a “deslomarse” trabajando en Nueva York y que por eso necesitaba la compañía de su esposa.
No hace falta ser un especialista en comunicación o retórica para comprender que una sola palabra desafortunada puede opacar cualquier argumento, por sólido que este sea.
Adorni –y su entorno– admitió el desliz. Un día después de sus dichos, el funcionario salió a pedir disculpas por haber utilizado ese término. Pero ya era tarde. El escándalo había ganado volumen y se instalaba con fuerza en la agenda pública y política.
Nadie puede anticipar con certeza cómo terminará esta polémica. En la Casa Rosada aspiran a que el tema se diluya cuanto antes, aunque no será sencillo. La oposición buscará estirar la controversia tanto en el plano político como en el judicial, donde el episodio promete nuevos capítulos.
El impacto no es menor: la controversia golpea bajo la línea de flotación del discurso libertario, que desde hace años apunta sus cañones contra la “casta política”. En ese contexto, Adorni cometió un error que encaja, precisamente, en comportamientos de no pocos políticos a los que el presidente Javier Milei cuestiona con dureza.

Más allá del delicado debate sobre la transparencia en la gestión, la caída en desgracia del jefe de Gabinete tiene implicancias políticas profundas.
Antes de emprender su viaje a Nueva York, Milei firmó un decreto mediante el cual le otorgó a Adorni la responsabilidad de visar “todos los gastos” del Estado nacional. Se trata de una atribución de enorme peso, que incluye tanto las transferencias a las provincias como la distribución de los aportes del Tesoro nacional (ATN), dos herramientas clave en la relación de la Nación con los gobernadores.
Hasta ahora, esas decisiones orbitaban en torno del ministro de Economía, Luis Caputo, y del ministro del Interior, Diego Santilli.
La decisión presidencial, sin embargo, revela un trasfondo político difícil de disimular. El verdadero poder no parece residir en el jefe de Gabinete, sino en Karina Milei, quien continúa ampliando su influencia en cada rincón de la gestión libertaria. Adorni responde a ciegas a la hermana del Presidente.
Adorni había llegado a la Casa Rosada como vocero presidencial impulsado por la buena relación que había construido con Milei en los pasillos de los canales de televisión, cuando el actual mandatario era un invitado tan polémico como atractivo para los programas políticos.
Ya como vocero, el economista Adorni tuvo habilidad para ganarse la confianza de Karina, a quien hoy reporta sin matices.
Quienes la conocen aseguran que la desconfianza es el primer sentimiento que guía a la secretaria General de la Presidencia. Y, a juzgar por los hechos, su poder no deja de crecer. En su disputa silenciosa con Santiago Caputo, logró quedarse con el Ministerio de Justicia, un área que respondía al también influyente –ahora en baja– asesor presidencial.
El último decreto firmado por Milei profundizó esa tendencia. Karina pasó a manejar la principal herramienta de negociación del poder central con las provincias: el flujo de fondos nacionales.

No es un dato menor. La hermana del Presidente es, además, la arquitecta del armado territorial de La Libertad Avanza. Con el horizonte electoral de 2027 cada vez más cercano, tendrá en sus manos la lapicera para definir candidaturas en todo el país.
En ese escenario, marcado por la disputa del poder real, la relación –o el enfrentamiento– entre la Casa Rosada y los gobernadores será determinante.
Para Martín Llaryora, el encumbramiento de Adorni no fue una buena noticia. Sí lo fue, en cambio, su paso en falso. El mandatario cordobés se sentía cómodo negociando con Santilli y, sobre todo, con el ministro Caputo.
Aunque no logró acceder a ATN ni a transferencias directas, sí obtuvo autorización para endeudarse en dólares, un oxígeno financiero indispensable para atravesar un año que considera clave para consolidar su gestión y allanar el camino para su aspiración reeleccionista.
Los más de U$S 1.500 millones de endeudamiento externo –U$S 725 millones tomados en julio del año pasado y otros U$S 800 millones en enero– se complementan ahora con un crédito adicional de U$S 250 millones firmado este viernes en Washington para concluir la avenida de circunvalación de Río Cuarto. Se trata de recursos vitales para la administración provincial.
En el entorno del gobernador, sostienen que Córdoba ya no depende del poder central. Sin embargo, un Adorni fortalecido y alineado con la poderosa secretaria General de la Presidencia alteraba ese delicado equilibrio.
Llaryora está cada vez más convencido de que su principal rival rumbo a la reelección será un libertario “puro”, bendecido por los hermanos Milei y, en especial, por Karina.
El gobernador regresará de los Estados Unidos entusiasmado por el financiamiento conseguido, pero sabe que deberá atender con urgencia problemas políticos y de gestión que amenazan su objetivo de seguir en el poder.
La capital provincial requiere mucho más que obras y un plan de bacheo, para recuperar el respaldo que el oficialismo logró conservar en la última elección municipal. Y, en el interior, los propios oficialistas consideran que no alcanza con sumar intendentes peronistas a la estructura de gobierno.
Tampoco ayuda la situación con los intendentes radicales, que, seducidos tiempo atrás por promesas de fondos y por un discurso pragmático, se habían acercado al cordobesismo. Hoy, muchos de esos dirigentes –al igual que referentes del PRO que supieron fotografiarse con el gobernador–, observan con mayor interés el crecimiento libertario que las señales que llegan desde el Centro Cívico o, incluso, desde sus propios partidos.