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Política

Panorama provincial. Milei, Llaryora y los signos de que el tercer año es complejo para todos

En su momento de mayor fortaleza política, la crisis se agudiza y Milei batalla contra la caída de expectativas, incluso en Córdoba. Llaryora vive el escenario inverso: el peronismo cordobés es pura incertidumbre, pero la gestión provincial se mantiene activa.

07 de marzo de 2026, 18:57
Milei, Llaryora y los signos de que el tercer año es complejo para todos
Panorama provincial, ilustración de Juan Delfini.

Las palabras que el martes pronunció desde el atril de la Fundación Mediterránea María Pía Astori, al dirigirse al ministro Luis Caputo, posiblemente perduren como símbolo del momento en que las expectativas políticas de la provincia más afín a Javier Milei se cruzaron con los resultados económicos que ese territorio cosecha al cabo de 27 meses de su gobierno.

El tercer año es el más complejo para todas las gestiones, incluso para la disruptiva administración libertaria, que en simultáneo exhibe su momento de mayor fortaleza política y los indicadores más críticos de las consecuencias de sus decisiones.

La palabra "industricidio" salió de la tribuna opositora y es usada también en las reuniones empresariales; la inflación presiona aun en un contexto de derrumbe generalizado del consumo; el endeudamiento crece a niveles insostenibles en las familias, y la fantasía de que la destrucción de puestos de trabajo formales puede ser compensada con monotributos sólo sirve para que la estadística diga que baja la desocupación.

Astori habló ante un auditorio empresarial que –en bloque y sin objeciones de ningún tipo– respaldó los dos primeros años de Milei. "Sin producción, no hay desarrollo; sin empresas, no hay empleo, y sin industrias ni empleo, no hay país que valga”, dijo, antes de ir directo al grano: “Creemos en la sana competencia, pero como lo hace Estados Unidos; con coherencia y cuidando que los productos que entran desde China lo hagan de una forma más cuidada”.

No se trata de una ruptura. Caputo fue aplaudido con convicción por los empresarios mediterráneos, y las encuestas ratifican el apoyo cordobés a La Libertad Avanza. Pero en política las expectativas cuentan, y cuentan más para la gestión libertaria, que básicamente ofreció la idea de que el sacrificio valía la pena. Esa convicción parece haber empezado a cambiar, incluso en la Córdoba violeta.

La crisis industrial es profunda y vaticina dolores permanentes en el Gran Córdoba. El comercio y la construcción no levantan cabeza. Las grandes apuestas mineras y petroleras del Gobierno quedan muy lejos del centro del país, y el campo sigue siendo el único sector en movimiento, aunque empieza a limitarse su capacidad dinamizadora: la agroindustria del sudeste cordobés también está muy golpeada. Es una constatación dolorosa para un electorado que no dudó en su apuesta por el cambio que propuso Milei: el impacto político de esta realidad está por verse.

Caputo no sólo ratificó el rumbo y pidió que "saquen los dólares del colchón". También confirmó a La Voz que están sólidas las coordenadas que unen al Gobierno nacional y a la gestión provincial de Martín Llaryora: las autorizaciones para que Córdoba siga tomando deuda y los envíos a cuenta de Anses para la Caja de Jubilaciones, que se duplicarán desde mayo pero seguirán siendo apenas una parte de lo que la Nación debería enviar por ley.

El Panal, sin reproches ni expectativas

Es todo lo que la Provincia puede esperar de la Nación. En el Panal, esto está asumido y ya no hay reproches de Llaryora. El criterio libertario es que no hay para nadie, pero menos para las provincias que tienen ingresos propios y capacidad de endeudamiento. Sí hay aportes del Tesoro nacional y envíos en diferentes conceptos para las provincias donde la inviabilidad se va haciendo muy evidente y donde ya casi no quedan vestigios de actividad del sector privado.

Las paritarias son complicadísimas en todo el mapa –Córdoba tendrá dos paros docentes esta semana– y hay jurisdicciones donde la situación social alarma: la protesta docente que el viernes tuvo lugar en Catamarca estuvo a poco de transformarse en pueblada, con rutas cortadas y adhesión multisectorial contra el gobierno de Raúl Jalil, un peronista aliado a Milei.

La caída real de la coparticipación nacional fue de 7,6% en enero y de 9,7% en febrero, y son varias las provincias que hoy viven casi únicamente de esos recursos.

No es el caso de Córdoba. Pero acá la coparticipación cayó igual y además Llaryora este año redujo los impuestos patrimoniales, al tiempo que la caída de la actividad merma los recursos que llegan por Ingresos Brutos. Los U$S 800 millones obtenidos de una colocación internacional en enero son los que controlan los nervios en el Panal.

La disponibilidad de nuevos créditos para obras también colabora: en la semana que se inicia, el BID proveerá de U$S 250 millones para el cierre de la circunvalación de Río Cuarto y el sostenimiento de la bandera de la obra pública, central para marcar diferencias con la Nación.

La Provincia también tiene garantizado el fondeo para completar los tramos que faltan de la autopista de la ruta 19 –la Nación abandonó el mantenimiento de los tramos existentes–, para completar la red de sedes de la Universidad Provincial y para concluir las obras viales previstas para la Capital, incluidos el bacheo, el alumbrado y la pavimentación de calles de tierra que el municipio capitalino dejó de hacer por falta de fondos.

La realidad del peronismo cordobés es exactamente la opuesta a la de La Libertad Avanza. Llaryora tiene bajo control casi todos los ejes de gestión que dependen de la Provincia. Mantiene todos los programas que dejaron en marcha sus antecesores; paga mejores sueldos y jubilaciones que la mayor parte de las provincias; logró reprogramar los vencimientos de capital hasta el fin de su gestión, y también se aseguró financiamiento para la obra púbica.

En cambio, el proyecto político que encabeza Llaryora atraviesa un momento de profunda incertidumbre. "Los peronistas creen que somos libertarios y los libertarios creen que somos peronistas", resumen quienes tratan de sacar al cordobesismo del berenjenal discursivo en el que se encuentra.

La conclusión del Panal no es original: las únicas diferencias que toleran los cordobeses respecto de Milei son las que se plantean en defensa de la producción y del trabajo. La única opción es la gestión.

Ya no hay apuesta al inestable apoyo de intendentes radicales: es el propio Llaryora el que pasa dos días por semana recorriendo los pueblos y ciudades de cada rincón de la provincia.

Tampoco hay más juego nacional. Provincias Unidas parece haber sido un intento que quedó en el pasado y hoy el Panal asume que toda la diferencia política que podrá marcar será que la Provincia permanezca a flote y que la gestión continúe en pie. El razonamiento lleva implícita la certeza de que eso no ocurrirá en buena parte del país.