Mundial 2026. Irán y el límite de la neutralidad de la Fifa: Esta Copa del Mundo es un desastre
En el Mundial está prohibida cualquier manifestación política, tanto en la cancha como fuera. Lo dice el reglamento. Pero el caso de Irán muestra hasta qué punto los conflictos humanos pueden atravesar el espectáculo más grande del planeta. Lo dijeron los propios iraníes.
La Fifa quiere que el Mundial sea un espacio neutral. Lo establece en sus reglamentos, lo repite en sus campañas institucionales y lo defiende como una condición necesaria para proteger un torneo que moviliza miles de millones de dólares, reúne a 48 selecciones y concentra la atención global durante más de un mes.
Sin embargo, la Copa del Mundo vuelve a enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una guerra, una crisis política o una fractura social llegan al estadio junto con una selección? La discusión acaba de reaparecer después del empate, el lunes por la noche, 2 a 2 entre Irán y Nueva Zelanda por el Grupo G del Mundial 2026.
Lo que debía ser simplemente el debut de los iraníes terminó transformándose en una nueva demostración de que, por más estrictas que sean las normas, existen conflictos que ningún reglamento puede dejar afuera.
Para empezar, vale destacar que la posición oficial de la Fifa es inequívoca. El reglamento de la Copa del Mundo establece que “queda prohibida la exhibición de mensajes o consignas políticas, religiosas o personales de cualquier naturaleza, idioma o forma por parte de jugadores y oficiales”.
La prohibición alcanza a los momentos previos al partido, los himnos nacionales, el desarrollo del encuentro y las actividades posteriores.
La norma (artículo 34.3 del Reglamento del Mundial) también se extiende a los eventos oficiales organizados por la Fifa, incluidas las conferencias de prensa y las zonas mixtas. El objetivo es evitar que el torneo se convierta en una plataforma para disputas políticas o ideológicas. La lógica es que el Mundial debe ser una competencia deportiva.
Pero el problema aparece cuando los protagonistas llegan, como los jugadores iraníes, cargando realidades imposibles de separar de la camiseta que representan.
La selección asiática arribó al torneo en medio de una situación regional marcada por la guerra en Medio Oriente y después de modificar su planificación original. El equipo tenía previsto instalar su campamento base en Tucson, Arizona, en Estados Unidos; pero finalmente se trasladó a Tijuana, México, luego de que la Federación Iraní solicitara la autorización correspondiente a la Fifa.
La aprobación llegó tras una serie de reuniones entre dirigentes iraníes y autoridades de Fifa. Según explicó Mehdi Taj, presidente de la federación, la decisión estuvo vinculada a cuestiones de seguridad, logística y desplazamientos internacionales. Y no es compartida por los asiáticos.
La modificación ya reflejaba una realidad incómoda para la organización. Incluso antes del primer partido, la situación geopolítica estaba condicionando aspectos operativos del Mundial. Como sea, la Fifa los terminó obligando a volar el mismo día desde México hasta EE.UU. y regresar luego del partido a México, sin poder pernoctar en terreno dominado por Donald Trump.
Cambios
El lunes por la noche, llegó el partido contra Nueva Zelanda. Durante el choque, aparecieron en las tribunas banderas con el León y el Sol, un símbolo utilizado por sectores opositores al régimen iraní.
Y más, porque, luego de uno de los goles de los iraníes (que siempre estuvieron abajo en el marcador), el delantero Mohammad Mohebi quedó envuelto en una polémica por su festejo, ya que usuarios en redes sociales lo interpretaron como un gesto dirigido hacia esos hinchas opositores.
🇮🇷Ya hay revuelo en las redes sociales por el festejo del jugador de Iran, Mohammad Mohebi, disparando a las tribunas. pic.twitter.com/Pl2ubjK7Qf
— Fútbol y Política (@FutboliPolitica) June 16, 2026
Las imágenes (Mohebip arece dispararles) se viralizaron rápidamente y fueron acompañadas por lecturas políticas contrapuestas: para algunos se trató de una señal intimidatoria, y para otros, simplemente fue un festejo futbolístico reinterpretado fuera de contexto.
Más allá de cuál haya sido la intención real del jugador, el episodio volvió a demostrar la dificultad de mantener la neutralidad de la Fifa. En cuestión de minutos, la conversación pública dejó de girar alrededor del resultado y pasó a concentrarse en la política iraní. Basta ver las redes sociales para comprobarlo.
Concientes de la situación, y del impacto que tiene en la propia selección, Mehdi Taremi, uno de los referentes del plantel, habló luego del empate y no anduvo con vueltas. “Para nosotros, la Copa del Mundo es un desastre”, sostuvo.
El delantero ya había dicho que su equipo intenta representar a todos los iraníes, tanto dentro como fuera del país, y remarcó que el objetivo es transmitir unidad. “Estamos cansados de ser arrastrados constantemente hacia debates políticos", agregó.
Y Amir Ghalenoi, el DT de Irán, fue más allá. "Somos el equipo más maltratado de todo el Mundial", declaró.
🇮🇷Ya hay revuelo en las redes sociales por el festejo del jugador de Iran, Mohammad Mohebi, disparando a las tribunas. pic.twitter.com/Pl2ubjK7Qf
— Fútbol y Política (@FutboliPolitica) June 16, 2026
"Hemos pasado mucho tiempo viajando en avión. Ni siquiera nos dieron tiempo para recuperarnos después del partido de hoy. Dijeron que teníamos que irnos inmediatamente. Para nosotros es muy importante tener tiempo para recuperarnos y, sin embargo, nos han pedido que regresemos a Tijuana, lo que nos preocupa mucho", agregó en conferencia de prensa.
"Es muy extraño. Parece que otros están planificando por nosotros, que las decisiones se toman en otro lugar. Se suponía que debíamos llegar dos noches antes del partido y no nos lo permitieron, se suponía que debíamos quedarnos esta noche y volver mañana a la hora del almuerzo, pero no tengo ni idea de por qué, y no nos lo han dicho.La federación está ausente. Nuestros medios de comunicación no están. Nuestro equipo directivo, muchos de ellos no están aquí”, afirmó.
Contradicciones
Las declaraciones reflejan una contradicción que atraviesa a muchas selecciones nacionales. Los futbolistas pueden querer hablar únicamente de fútbol, pero el mundo que los observa muchas veces quiere hablar de otra cosa. O ver otra cosa...
La presión se vuelve todavía mayor cuando la camiseta representa a un país que ocupa diariamente las noticias internacionales. Después del empate, incluso el presidente de la Fifa pareció reconocer que el contexto excedía lo deportivo.
Gianni Infantino fue hasta al vestuario iraní y felicitó a los jugadores. “Esta noche demostraron a todo el mundo que están en la Copa del Mundo. Unieron todo el estadio detrás del equipo. Están enviando un mensaje muy poderoso al mundo”, afirmó.
La frase fue interpretada como un reconocimiento al rendimiento del seleccionado y también puso en evidencia una realidad difícil de ocultar: algunas participaciones en el Mundial adquieren (guste o no a la Fifa) una dimensión que trasciende el fútbol.
🇮🇷 Ayer, antes del partido, Infantino bajó al vestuario de Iran para felicitar a los jugadores.
— Fútbol y Política (@FutboliPolitica) June 16, 2026
Acto seguido, el entrenador de Irán, Amir Ghalenoei, señaló todas las injusticias que padecen y calificó que Iran es "el equipo más oprimido del Mundial" pic.twitter.com/edQ6vPT8VJ
Y es que Infantino habló de un “mensaje muy poderoso al mundo”, una expresión que resulta significativa porque la Fifa dedica buena parte de sus reglamentos a evitar justamente que el torneo se convierta en un escenario de política.
Sin embargo, existen momentos en las que la mera presencia de una selección ya comunica algo, y ahí los problemas para la organización son enormes.
Por un lado, necesita preservar la neutralidad institucional. El Mundial es uno de los productos deportivos más caros de la Tierra y, claro, depende de acuerdos comerciales, sponsors, audiencias globales y relaciones diplomáticas complejas. Especialmente si uno de los organizadores es el propio Trump.
Y por otro, el torneo está construido sobre representaciones nacionales. Los equipos no compiten como marcas comerciales, sino como países y entran a la cancha acompañados por su bandera, el himno y toda la carga emotiva y de indentidad.
Esa característica convierte a la Copa del Mundo en una vidriera global imposible de aislar completamente de los acontecimientos internacionales. El tema es que la contradicción aparece porque la Fifa puede controlar la altura del césped, los horarios de entrenamiento, los protocolos de acceso y las ceremonias oficiales. Y puede amenazar con sancionar a los que hagan mensajes políticos y exigir el cumplimiento de normas disciplinarias.
Pero no puede controlar el significado que de algunos partidos cuando detrás hay una guerra en curso y una historia de décadas. El caso de Irán volvió a demostrarlo.

