Batalla cultural. Influencers en Córdoba: la ventaja digital del mileísmo y el límite estructural del llaryorismo
Un informe de la consultora Sicchar revela una “asimetría estructural” a favor del bloque afín a Javier Milei, con fuerte concentración de la interacción en pocas cuentas. El crecimiento de los militantes digitales cercanos a Martín Llaryora amplía la base, pero aún no altera el núcleo de activación dominante.
En Córdoba, se está librando una batalla política digital. Y la consultora Sicchar, le puso números a través de un informe que sistematizó 2.873 publicaciones realizadas entre el 1 de junio de 2025 y el 6 de febrero de 2026 por 27 cuentas de 15 influencers políticos vinculados a Córdoba.
El universo analizado abarca Instagram y TikTok y acumula 6.932.091 interacciones entre likes y comentarios, y deja un dato central: el ecosistema digital cordobés presenta una asimetría clara a favor del bloque afín al Gobierno nacional de Javier Milei.
El trabajo parte de una constatación empírica, y es que entre influencers alineados con la Casa Rosada y aquellos cercanos a Martín Llaryora, el volumen y la intensidad de la interacción se inclinan hacia el eje nacional.
Instagram concentra la mayor parte de las publicaciones y del engagement total, con predominio de cuentas afines a la administración de Milei. TikTok muestra una competencia más equilibrada en cantidad de posteos y comentarios, pero los picos de mayor alcance y likes siguen estando del lado nacional.
La asimetría no es solo de volumen, sino de concentración. En el eje Milei, el top-3 de cuentas explica el 93,6% de la interacción en Instagram y el 99,3% en TikTok. Es un ecosistema altamente centralizado, dependiente de un núcleo muy reducido de actores.
En el eje del gobernador Llaryora, la concentración también existe pero es menor: el top-3 reúne el 80,8% de la interacción en Instagram y el 71,7% en TikTok. La estructura provincial es más distribuida y menos dependiente de figuras dominantes.
Según publicó La Voz, en la nota “Cada vez son más los militantes digitales llaryoristas”, hay un crecimiento del activismo online cercano al Centro Cívico, con mayor presencia territorial y expansión de cuentas afines.
El estudio de Sicchar confirma parcialmente esa hipótesis, pero introduce un matiz incómodo: mayor cantidad de actores no implica mayor capacidad de activación. El llaryorismo muestra más dispersión, pero menos concentración de impacto.
Tipologías
La tipología construida por Sicchar agrega una dimensión estratégica. Clasifica a las cuentas según su rol comunicacional: “Activadores”, “Amplificadores”, “Tracción sostenida”, “Saturación”, “Intermedia”, “Baja incidencia” y “Coordinación”.
Esta segmentación permite distinguir entre picos episódicos y capacidad estable de movilización. El riesgo discursivo, sostiene el informe, no es difuso sino focalizado. En el eje Milei se concentra en perfiles con producción elevada y alto promedio de interacción, capaces de estructurar ciclos de intensidad .
Otro dato relevante es la red de co-publicación. El 92% de los posteos conjuntos corresponde a influencers afines a Milei. Esto revela mayor densidad y coordinación interna en ese bloque. No se trata solo de volumen individual, sino de articulación táctica para amplificar mensajes. La colaboración se concentra en perfiles intermitentes o de baja incidencia que, coordinados, logran potenciar picos específicos.
Es una lógica de activación puntual más que de construcción permanente de clima, pero eficaz en momentos de coyuntura.
En contraste, el ecosistema provincial aparece menos coordinado y más atomizado. La nota sobre militantes digitales llaryoristas destacaba la ampliación de la base y la profesionalización de algunos equipos. El informe técnico sugiere que esa expansión todavía no se traduce en un núcleo con capacidad de monopolizar la conversación.
La ventaja del bloque nacional no es solo ideológica; es organizativa y algorítmica.
Las conclusiones del estudio son explícitas. Existe una “asimetría estructural” favorable al bloque nacional, una “concentración del riesgo discursivo” en pocas cuentas de alta tracción y un “riesgo sostenido más allá de los picos”, producto de producción constante con interacción acumulativa.
La recomendación implícita es estratégica: monitoreo estructural y no meramente reactivo.
El cruce entre el informe y la nota periodística obliga a una lectura menos complaciente. El llaryorismo crece en presencia digital, pero su ecosistema no alcanza la densidad ni la capacidad de coordinación del mileísmo cordobés. Más cuentas no equivalen a más poder.
En redes, la política no se mide por cantidad de voces, sino por concentración de atención y capacidad de activar conversación. En ese terreno, al menos en el período analizado, la ventaja sigue del lado nacional.

