A 50 años del golpe. La Iglesia reiteró el "nunca más" a la dictadura y pidió "siempre más" democracia

En un extenso mensaje, el Episcopado llamó a cuidar el diálogo democrático e hizo una fuerte defensa del rol del Estado. También bregó por una "memoria íntegra y luminosa". En Córdoba, el Arzobispo Rossi visitó el Museo Provincial de la Memoria.

19 de marzo de 2026 a las 03:00 p. m.
La Iglesia reiteró el "nunca más" a la dictadura y pidió "siempre más" democracia
El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, visitó el Museo Provincial de la Memoria a 50 años del golpe de Estado de 1976.

La Iglesia Argentina se pronunció con un mensaje potente a 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976: “Nunca más” a la violencia de la dictadura y “siempre más” a una democracia justa, es el eje del mensaje, que no menciona al Gobierno del presidente Javier Milei, pero critica la degradación del debate público, la exclusión social y el deterioro de la convivencia democrática.

Los obispos también expresaron su preocupación por el avance del autoritarismo, la polarización política y el deterioro del debate democrático, según un comunicado difundido por la Comisión Permanente del Episcopado. El mensaje alerta sobre la tendencia a la exclusión social y la fragilidad del tejido comunitario.

“Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena. Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”. Esta definición es representativa del tono crítico del documento.

El arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, que es vicepresidente primero de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, en los últimos días también tuvo gestos elocuentes a 50 años del golpe. El miércoles la Arquidiócesis de Córdoba difundió una visita del cardenal al Museo Provincial de la Memoria, invitado por la Mesa Provincial de Derechos Humanos.

"La visita del Arzobispo fue ocasión para seguir sosteniendo, en diálogo fraterno y comprometido, la defensa y la promoción de la dignidad de toda persona y sus derechos fundamentales garantizados por el Estado de derecho, en democracia y con justicia social", indica el mensaje en redes de la Iglesia de Córdoba.

Visita del arzobispo Ángel Rossi al Archivo de la Memoria.
Visita del arzobispo Ángel Rossi al Archivo de la Memoria. (Arzobispado de Córdoba. )

El mensaje de todos los obispos

El mensaje del Episcopado comienza con una definición categórica sobre el período 1976-1983, al describirlo como “una oscura noche” atravesada por el terrorismo de Estado. Afirma: “Hoy decimos de manera rotunda: «nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa”.

Además, reconoce “la gravedad de lo acontecido en esos años violentos” y sostiene que “la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella”. Inmediatamente, introduce un segundo plano de análisis: la necesidad de reconstruir la fraternidad social como condición para proyectar un futuro común.

Uno de los ejes del mensaje es la idea de una “memoria íntegra y luminosa”. La expresión, tomada del magisterio del papa Francisco, funciona como concepto ordenador. La Iglesia advierte sobre los riesgos de “mutilar la historia” y sostiene que “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”. En esa línea, enfatiza la necesidad de “mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”.

"¿Qué es lo que no podemos olvidar? El dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un desaparecido, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él", dice el documento del Episcopado.

En el segundo apartado, bajo el título “Queremos ser Nación”, se introduce la agenda social. La democracia, afirman los obispos, debe orientarse al bien común y al desarrollo humano integral. El documento advierte que “la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera” y plantea interrogantes concretos: “mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices?”.

El tercer eje del documento profundiza esa línea: “Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena. Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”.

Los obispos también hacen un llamado a la acción: “Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles. ¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada. Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”.

El documento sostiene la necesidad de una “presencia inteligente y eficiente del Estado que vele por la dignidad de las personas” y marca claras diferencias con los posicionamientos de La Libertad Avanza. Pero en ningún momento cuestiona directamente al Gobierno.

El cierre del documento retoma la consigna inicial. “La democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico”, afirma el texto.

El mensaje de la Iglesia no confronta directamente con el Gobierno ni con su interpretación de los '70. Pero realiza una crítica estructural del presente político y social, y recalca que la lectura del pasado debe estar "subordinada a la defensa irrestricta de la dignidad humana y la construcción de una democracia que incluya a todos".