
Cómo explicarle al Fondo el gabinete Rufus
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Redacción La Voz
La semana que pasó, el Gobierno nacional anunció un recorte de dos puntos porcentuales en las retenciones al trigo y la cebada a partir de junio, con lo cual las llevó a 5,5%. Cuando asumió, eran del 12%. También adelantó que los derechos de exportación para las industrias petroquímica y automotriz irán progresivamente a 0%. En 2027, también habrá reducción de retenciones a sorgo, maíz, girasol y soja.
Para el segundo semestre del año, la baja de impuestos implica una pérdida de ingresos por $ 600 mil millones, el 0,07% del producto interno bruto (PIB). No es tan relevante el costo fiscal inmediato: el fisco acumula (sin contar privatizaciones) un superávit fiscal primario en el primer cuatrimestre del 0,4% del PIB.
Lo relevante del anuncio es que, después de mucho tiempo en que el Gobierno sacrificó buena parte de su capital moral y político con el caso Adorni, Javier Milei logró que la economía vuelva a colarse en la agenda pública.
Siempre una baja de retenciones al agro entusiasma al sector y quita algo de letra a los gobernadores de la región Centro que piden, con razón, la quita de impuestos.
En 2023 había 21 rubros agropecuarios gravados con retenciones: la soja, con el 33%; maíz, sorgo, trigo y tabaco, con el 12%; miel, huevos y cuero, con el 15%; leche en polvo, con el 9%; maní, con el 7%, y las carnes, con el 6,5%. También pagaban lácteos y quesos, azúcar, algodón, arroz, lana, yerba, té, legumbres y vino. Hoy quedan con retenciones seis sectores: soja (24%), maíz (8,5%), trigo (5,5%), sorgo (9,3%), girasol (5,5%) y carnes (5%).

Los cambios en la ley de "zonas frías" también permitieron destrabar el debate paralizado en el Congreso, y se celebraron muy buenos datos de actividad en marzo, después de un febrero fatídico.
La actividad rebotó 3,5%; las exportaciones rompieron récords, con el agro y la energía "volando"; repuntó levemente la confianza del consumidor; el FMI aprobó la segunda revisión, y el empleo privado dio señales de vida después de ocho meses de caídas.
Además, la inflación de abril bajó luego de subir durante 10 meses, y parece que seguirá en baja.
En el Banco Central sí festejan: sigue comprando dólares sin pausa –van U$S 9.000 millones en el año– mientras el tipo de cambio no se aleja de los $ 1.400. Nadie lo hubiera siquiera imaginado meses atrás, cuando el mismísimo Tesoro de Estados Unidos tuvo que intervenir para evitar una devaluación. Es más, la discusión –una vez más– se centra en el atraso del tipo de cambio. Para algunos analistas, el peligro está ahí: se puede estar incubando algo que después será muy costoso de contener en medio de un proceso electoral.
No es para cantar victoria ni nada parecido. Aún estamos con la duda de si atravesamos un “serrucho” en materia de actividad, pero parece que lo peor ya pasó. Prudencia, antes que nada; los melones parece que se van acomodando. Falta más actividad en la calle, pero también es cierto que nada se parecerá a 2023.
La otra lectura obligada en este contexto es la política. Dos meses de escándalos puros con las insatisfactorias explicaciones del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y nadie del otro lado logró capitalizar esa ruina autoinfligida. El peronismo no logra levantar cabeza y, por el momento, sólo llega a ofrecer a Axel Kicillof, que aunque esté distanciado temporalmente de Cristina Fernández, es todo lo que representa el kirchnerismo, especialmente en la gestión de la economía.

Sí reapareció Mauricio Macri, elogiando el rumbo económico de Milei pero cuestionando los traspiés del jefe de Gabinete, en lo que parece ser el inicio de un planteo como candidato.
Patricia Bullrich, hasta hace poco alfil fidedigno del mileísmo, parece querer desmarcarse lentamente. ¿Quién será hoy el dueño del 26% que le terminó dando la victoria a Milei en segunda vuelta? ¿Será Milei el presidente de la transición, para luego ir a uno más republicano y con mejores modales? ¿Está desterrado en el electorado el vaivén pendular hacia un peronismo kirchnerizado, o esa es siempre una tierra a la que se puede volver?
Faltan 17 meses para las elecciones y eso, para Argentina, es un montón. Todo puede pasar, incluso, varias veces.
Es totalmente clave para la economía el perfilado de ese tablero político, porque todo puede impactar en la confianza del mercado, en las expectativas electorales y en la economía.

La gran incógnita es si el competidor se configura como una alternativa afín a Milei, pero más moderada, o dos figuras antagónicas en la forma de concebir la política y, especialmente, la economía. No es lo mismo una contienda entre Milei, Macri y Bullrich, con otros actores menores, a una en la que Kicillof aparezca con chances.
Ahora empieza el Mundial y, si se repite la historia, serán 45 días de gran pausa para las jugadas políticas, al menos las públicas. Los gobernadores también necesitan plantear su propio partido. Pasado el gran campeonato, tendremos claro si se consolida la incipiente recuperación que se advierte en materia económica. Será el turno de la política. Que está no la arruine.