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Opinión - Editorial

Panorama nacional. Cómo explicarle al Fondo el gabinete Rufus

Las revisiones del FMI no son un tembladeral, pero Milei tiene desordenado el Gobierno.

23 de mayo de 2026, 15:53
Cómo explicarle al Fondo el gabinete Rufus
Javier Milei y Manuel Adorni.

Dos certezas atraviesan casi todos los estudios de opinión pública en Argentina. La primera es que la imagen de Javier Milei cayó desde la conjunción en marzo del rebrote inflacionario y de la crisis política del caso Adorni. La segunda es que Milei todavía es competitivo en intención de voto y no asoma un liderazgo nítido de oposición.

Los números de la macroeconomía han comenzado a mostrar mejoras desde entonces. La crisis interna en la Casa Rosada empeoró.

Hay una novedad en la dinámica de la economía que los adversarios menos retardatarios de Milei conceden: las revisiones periódicas del Fondo Monetario Internacional ya no son el tembladeral que eran. Ni en los mercados ni en la política.

La clave de ese cambio es el giro del programa fiscal. Pese al durísimo esfuerzo social que significa, en las dos últimas elecciones generales en Argentina triunfaron políticos que proponen equilibrio fiscal, contra los que proponen un imaginario imposible: equilibrio fiscal y también déficit.

El último diagnóstico del FMI reconoce ese mérito del actual gobierno. Sin equilibrio fiscal, ningún programa de salida para los compromisos de deuda sería creíble y la certeza del incumplimiento abriría las puertas de una nueva crisis. Pero el Fondo también señaló cuatro caminos pendientes y una acechanza de primer orden.

A pesar del discurso económico dominante entre los críticos de Milei, esta vez el FMI no enfatizó sobre retrasos en el tipo de cambio ni en la mora para recomponer reservas. No encontrarán mucha letra en su dictamen aquellos economistas que también tienen su imaginario imposible: dólar más competitivo, pero también más reservas, pero también mejora del salario real.

En cambio, el Fondo apuntó a cuatro señales de fondo que implican la estabilidad del modelo económico a largo plazo: concluir la eliminación del cepo cambiario, actualizar las mediciones del Indec, regresar al mercado de capitales e institucionalizar la independencia del Banco Central.

A las dos primeras sugerencias, el Gobierno las esquiva por temor a otro rebrote de la inflación.

La última es un tema que el oficialismo elude desde aquel imaginario imposible del propio Milei cuando hacía campaña: cerrar el Banco Central. Aunque la autonomía institucional de la autoridad monetaria sería el auténtico blindaje y el mejor legado de un gobierno liberal para una economía estable.

Por el momento, la Casa Rosada prefiere exhibir las mejoras de coyuntura: la inflación volvió a ceder en abril y la economía creció 5,5% interanual; 14 de los 15 sectores económicos relevados en marzo por el estimador oficial de actividad se recuperaron.

Es real que la microeconomía todavía no siente esos efectos; no es menos cierto que por ahora no cabe hablar de recesión.

Incertidumbres

Pero la acechanza que advirtió el FMI para el rumbo económico no es menor. La principal fuente de incertidumbre para el programa económico es política: en un año y medio, habrá elecciones. Es decir: se juega la continuidad o la disrupción del programa fiscal, cambiario y monetario y la consolidación o el retroceso de las reformas encaradas para dinamizar la actividad privada.

No es suficiente que Milei se concentre en la economía; está obligado a proveer de certidumbre política.

En su último informe, el FMI da la derecha al diagnóstico que viene haciendo el Presidente sobre la ralentización del programa antiinflacionario. Según el Fondo, fue la incertidumbre política de 2025 lo que frenó el ritmo de la desinflación y del crecimiento. Pero es precisamente esa certeza la que el Gobierno tiene que proveer hoy para avanzar.

En ese contexto, no debe ser una tarea fácil para el equipo económico argentino explicarles a los técnicos del Fondo el críptico funcionamiento del "gabinete Rufus", esa entelequia en la que se ha convertido el funcionamiento del equipo de ministros de Javier Milei.

Corresponde señalar una premisa de inicio: el desorden del equipo presidencial es una decisión que ha tomado el propio Milei. Primero resolvió que la Jefatura de Gabinete no funcionara; luego decidió que existiera sólo para que todo el equipo de gobierno la defendiese en lo indefendible.

Esa crisis ha escalado. Si alguna vez existió lo que Milei llamaba "el triángulo de hierro", con el Presidente en un vértice, y Karina Milei y Santiago Caputo en los restantes, ese triángulo se ha convertido en un conventillo impresentable.

La disputa a cielo abierto entre Karina Milei y Santiago Caputo tiene acaso un costado sanitario: los protagonistas están echando luz sobre actividades y negocios que la opinión pública tiene que escrutar con muchísima atención, porque en su evolución se juegan cuantiosos recursos públicos.

¿Nadie en el Gobierno piensa aclarar lo que comienza a conocerse a modo de filtración oficiosa sobre las privatizaciones en curso? ¿Nada que decir sobre la adjudicación de la Hidrovía o de la mayorista de energía Transener?

Ya se sabe que la declaración patrimonial de Manuel Adorni es como aquel libro que perseguía el venerable Jorge de Burgos en la abadía de El nombre de la rosa. Circula de mano en mano, pero quien lo lee se muere.

Claro que los consumos de Adorni comienzan a ser fruslerías de prensa rosa en comparación con los carpetazos del "gabinete Rufus" sobre las actividades paranormales del asesor Caputo.

Milei probablemente piensa que es un problema irrelevante si se miran con atención los últimos números de la economía. La incertidumbre política, sostiene el FMI, nunca es una amenaza menor en Argentina.