Cómo es. La CGT estudia el "modelo francés" de paros por sectores para mantener la presión sobre Milei
La central obrera evalúa reemplazar las huelgas generales de un día por una cadena de paros rotativos que se sostengan durante semanas, al estilo de la estrategia sindical que sacudió a Francia en 2023.
La Confederación General del Trabajo (CGT) retoma su ofensiva contra el Gobierno nacional y busca un método de protesta más efectivo que los paros generales tradicionales.
Desde la semana próxima, los líderes cegetistas comenzarán a analizar una modalidad importada de Francia. Se trata de paros rotativos por sectores, secuenciados semana a semana, que permitan sostener el conflicto durante meses sin que cada trabajador pierda varios días de salario.
La propuesta, que algunos ya bautizaron como "semana social de protesta", cobra fuerza en la conducción cegetista liderada por el triunvirato Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello.
El miércoles 18 de junio, a las 11, el triunvirato recibirá a los líderes de las confederaciones que agrupan a gremios de la industria, el transporte, la alimentación y la energía para iniciar el debate.
Por qué no quieren otro paro general

La reticencia a convocar un quinto paro general tiene fundamentos concretos. El último, el 19 de febrero pasado, tuvo una adhesión débil. Muchos trabajadores eligieron no sumarse por miedo a perder el empleo, el presentismo o un día de sueldo.
Y los propios dirigentes reconocen una realidad incómoda: Milei no modificó ninguna de sus políticas tras las cuatro huelgas generales anteriores.
"Algunos de los que nos reclaman un paro general no logran que sus afiliados acaten la medida de fuerza", reconoció un jefe de la CGT ante Infobae.
A eso se suma la presión opuesta del ala dura (UOM, La Fraternidad, Gastronómicos) que exige un paro de 36 horas. La CGT busca una salida que concilie ambas posiciones sin exponerse a otro fracaso de convocatoria.
Cómo funcionó el modelo en Francia

En 2023, los sindicatos franceses utilizaron esta estrategia para oponerse a la reforma jubilatoria de Emmanuel Macron, que elevaba la edad de retiro de 62 a 64 años. Las medidas de fuerza combinaron paros prorrogables en sectores clave con movilizaciones callejeras masivas en todo el país.
El esquema consistía en alternar los sectores paralizados cada semana: una semana se detenían los trenes, la energía y las refinerías; la siguiente, la recolección de basura, la educación y el transporte urbano. La CGT francesa llegó a anunciar que la mayoría de las refinerías registraban entre el 70% y el 100% del personal en huelga.
El resultado fue una presión sostenida durante meses. La popularidad de Macron cayó a niveles cercanos a los mínimos históricos tras reprimir las huelgas multisectoriales. En Argentina, Juan Carlos Schmid, titular de la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), fue el primero en proponer replicar ese modelo dentro de la CGT.
Los obstáculos legales en Argentina
Trasladar el esquema francés al contexto argentino no es sencillo. La Ley de Modernización Laboral obliga a mantener servicios mínimos del 50% al 75% en actividades esenciales: transporte, salud, recolección de residuos y energía.
Y ante paros sectoriales reiterados, el Gobierno tiene una herramienta poderosa: la conciliación obligatoria, que suspende las medidas de fuerza y abre un período de negociación de 15 días.
No acatarla tiene costos altos. La Fraternidad ya recibió una multa de 21.000 millones de pesos por desobedecer esa resolución durante el último paro general.
La Unión Tranviarios Automotor (UTA) enfrenta una sanción potencial de 70.000 millones de pesos, aunque el Gobierno todavía no la efectivizó, lo que muchos sindicalistas leen como una amenaza latente para disciplinar futuras adhesiones.
Qué viene después
Si el triunvirato avala la propuesta, el debate pasará al Consejo Directivo cegetista la semana siguiente y podría llegar al Comité Central Confederal, máximo órgano ejecutivo de la central.
En paralelo, la Secretaría de Políticas Educativas de la CGT, conducida por Sergio Romero (UDA), negocia un paro docente para después del 19 de julio, cuando finalice el Mundial de Fútbol, en reclamo de un salario mínimo que todavía se encuentra en $ 500.000.
La CGT busca una protesta que duela más, cueste menos y dure más. Si el modelo francés se adapta o no a la anatomía sindical argentina es la pregunta que empieza a responderse esta semana.



