
¿Es sostenible la calma en el dólar?
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Redacción La Voz
El Indec informó que la pobreza alcanzó al 28,2% de las personas en el segundo semestre de 2025, una baja respecto al 31,6% del primer semestre y al 38,1% del segundo semestre de 2024. Es una mejora real, pero la caída ya no es tan acelerada. Entre el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025 la pobreza bajó 6,5 puntos. Entre el primero y el segundo semestre de 2025 la disminución fue de 3,4 puntos. La pobreza sigue cayendo, sí, pero el ritmo es menor.
Cuando salen estos números, surgen dudas y cuestionamientos, sobre todo si se contrastan con el clima social. A pesar de la caída, el ánimo sigue bajo. Muchos se quejan de que los precios son altos, de que los salarios no alcanzan. Pero, ¿qué mide realmente el dato?

En primer lugar, el Indec mide pobreza por ingresos. Es decir, lo que hace es comparar el ingreso total familiar relevado por la EPH con el valor de la canasta básica total. Esa canasta surge de una canasta alimentaria y se amplía con bienes y servicios no alimentarios, como vestimenta, transporte, educación y salud. Además, el cálculo cambia según la composición del hogar en “adultos equivalentes”. Si el ingreso queda por debajo de esa línea, el hogar es pobre. Si la supera, deja de serlo. Es decir, no mide si una familia cambió de casa, si pudo comprarse un auto, si manda a los chicos a una escuela privada o si se fue de vacaciones.
Por eso el indicador puede chocar con la percepción cotidiana. Que una familia deje de ser pobre en esta medición no implica un salto visible de bienestar. A veces el cambio es bastante más modesto: poder sumar algunos alimentos al changuito, llegar un poco menos justo a fin de mes, dejar de quedar apenas por debajo de una línea estadística. No es poco. Pero tampoco equivale a “vivir bien”.
Eso no invalida el indicador. Al contrario. Es un instrumento importante para seguir la situación social. Lo que no conviene es exagerar su alcance, ni cuando sube ni cuando baja. Sirve mucho, siempre que se lo lea bien: es una medida de pobreza por ingresos, no una radiografía completa de la calidad de vida. La propia metodología del Indec parte de comparar ingresos con una canasta de consumo, no de medir de manera directa otras dimensiones del bienestar.

La respuesta más simple es esta: porque los ingresos de los sectores más frágiles (típicamente derivados del empleo informal) siguieron ganándole a la canasta básica, pero por menos margen. Entre el 2º semestre 2024 y el 1º semestre 2025 el salario informal crecía a razón de 4%–5% por mes por encima de lo que crecía la línea de pobreza. En cambio, en el 2º semestre 2025 el salario informal creció apenas 1% por mes por encima de la línea de la pobreza.
El dato de ayer no merece ni festejo simplista ni descalificación automática. Dice algo importante: con menos inflación y con ingresos que todavía superan la suba de la canasta, la pobreza baja. Pero también dice algo menos épico de lo que a veces sugiere la discusión pública: salir de la pobreza estadística no es salir de la fragilidad. Ese matiz no le quita valor al indicador.
