
Crece el PIB, pero sube el desempleo: ¿qué explica este fenómeno?
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Redacción La Voz
Los datos del cierre de 2025 mostraron un empeoramiento del mercado laboral. La tasa de desocupación subió de 6,6% a 7,5% en el cuarto trimestre, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), lo que implica unos 150 mil desocupados más. Así, el total se acerca a 1,1 millones, el nivel más alto desde la salida de la pandemia de coronavirus.
Lo más alarmante no es solo la suba, sino su explicación. Esta vez, el desempleo no aumentó porque más personas hayan salido a buscar trabajo. La tasa de actividad quedó prácticamente estable en 48,6% y la población activa apenas mostró una variación, y pasó de 14,53 a 14,6 millones de personas.
La diferencia estuvo en el empleo. La tasa de empleo bajó de 45,4% a 45% y la cantidad de ocupados se redujo en alrededor de 100 mil personas. En otras palabras, no solo no se generó empleo nuevo, sino que se destruyeron puestos de trabajo.
Detrás del número de desocupación hay una definición puntual que ayuda a entender mejor lo que pasó. La tasa de desocupación mide cuántas personas no tienen trabajo pero lo están buscando activamente, respecto al total de la población económicamente activa. Es decir, no se calcula sobre toda la población, sino sobre quienes trabajan o quieren trabajar.
Por eso, no toda suba del desempleo dice lo mismo sobre la salud del mercado laboral. En Argentina, muchas veces los aumentos de la desocupación estuvieron asociados a una mayor cantidad de personas saliendo a buscar trabajo. En esos episodios, la presión venía más por el lado de la oferta laboral que por una caída del empleo.
Eso suele ocurrir cuando la población económicamente activa crece más rápido que la capacidad del mercado para absorberla. El empleo puede incluso seguir expandiéndose, pero no lo suficiente como para incorporar a todos los que ingresan. El resultado es una suba de la desocupación, aunque en un contexto donde todavía hay creación de puestos, muchas veces informales o de baja calidad.
Sin embargo, la foto actual es diferente. Esta vez no hubo un aumento significativo de la participación laboral, y aun así el desempleo subió. Esto sugiere una menor capacidad del mercado para sostener el nivel de ocupación. De hecho, en la composición del empleo, apenas se observa un aumento marginal del cuentapropismo, y la informalidad se mantiene en torno al 43%, sin cambios significativos. Esto revela que, incluso en los segmentos más precarios del mercado laboral, ya existen límites para absorber a quienes pierden su empleo.
La explicación detrás de esto es que, aunque la economía muestre indicios de recuperación, no se está traduciendo en creación de puestos formales. El crecimiento se concentra en sectores con baja capacidad de generar trabajo, como la minería y las finanzas, mientras que los sectores más intensivos en mano de obra siguen rezagados, como la construcción y la industria. Este desacople entre el repunte de la actividad y la creación de empleo es la verdadera causa de la persistencia de la desocupación.
En definitiva, cuando el desempleo sube por más búsqueda, el mercado laboral puede seguir expandiéndose, aunque a un ritmo más lento. Pero cuando el desempleo sube porque el empleo cae, la señal es mucho más preocupante. No solo se deteriora el resultado final, sino que lo que está en juego es la capacidad misma del mercado para generar trabajo de calidad.
Más allá del dato puntual, el desafío sigue siendo el mismo: cómo lograr que la recuperación económica se traduzca en más empleo formal.
En ese terreno, el orden macroeconómico es una condición necesaria, pero no suficiente. La estabilidad macroeconómica ya está consolidada, pero lo que falta ahora es avanzar en las reformas estructurales que permitan dinamizar el mercado laboral. Esto incluye revisar el esquema tributario que pesa sobre la producción y el trabajo, profundizar la modernización de las normas laborales y mejorar las condiciones de competitividad para las empresas.
A su vez, la creación de empleo también depende de un contexto más previsible para invertir y producir. El acceso al crédito, reglas estables y una infraestructura adecuada son elementos importantes para que los sectores con mayor capacidad de absorción de mano de obra puedan recuperar dinamismo.
Sin una agenda orientada de manera explícita a la generación de empleo, la economía puede mostrar mejoras en algunos indicadores, sin que eso se refleje en una mejora concreta del mercado laboral.
*Economista de Idesa