
Llaryora entrega la tercera oferta y busca un acuerdo con la UEPC
Por
Redacción La Voz
Manuel Adorni supo ser un economista más bien gris que sobrevivía en los medios a fuerza de opiniones punzantes, casi siempre dirigidas contra el kirchnerismo. Hasta que un golpe de suerte le cambió la vida: conoció a Javier Milei en los pasillos de un canal de televisión y construyó una relación que resultó decisiva. Cuando el verborrágico diputado libertario llegó a la Presidencia, lo eligió para un rol central –nada menos– que el de vocero de su gestión.
Adorni no es un libertario de la primera hora. Tampoco un dirigente político formado en la rosca partidaria. Sin embargo, escaló hasta la Jefatura de Gabinete y mantuvo el control del micrófono oficial. Al menos hasta las últimas dos semanas, cuando quedó atrapado en un incómodo cono de silencio atravesado por una sucesión de escándalos en la gestión y personales.
Este miércoles, Adorni volverá a hablar en conferencia de prensa en la Casa Rosada. La señal es clara: conserva el respaldo total del Presidente y, sobre todo, de su influyente hermana, Karina Milei.

Adorni llegó al gobierno libertario por su vínculo personal con Milei, pero en más de dos años que lleva en la Casa Rosada construyó algo todavía más importante: se ganó la confianza de Karina Milei. En los pasillos del poder ya se escucha una definición brutal y sintética: hoy, Adorni es Karina.
Por eso, en la lógica cerrada del mileísmo, los cuestionamientos que caen sobre el jefe de Gabinete no serían tanto contra él como contra la hermana presidencial. Y como ocurre siempre cuando el poder se siente acorralado, la primera reacción es buscar culpables afuera.
Las conversaciones privadas entre los hermanos Milei y su funcionario son un misterio, pero es difícil imaginar que no haya habido reproches. Sobre todo por el viaje a Punta del Este en un vuelo privado pagado por su amigo, el periodista Marcelo Grandio, quien además mantiene contratos por programas en la TV Pública, área que depende justamente de la Jefatura de Gabinete.
Hasta un estudiante de abogacía de primer año sabe que ese tipo de situaciones rozan peligrosamente la figura del delito de dádivas.
La lista de interrogantes no termina ahí. También está la vivienda en un country que no apareció en su declaración jurada. Y la pregunta inevitable: cómo hizo para adquirirla con ingresos de entre tres y cuatro millones de pesos mensuales en los últimos años.
Adorni no cayó en desgracia por conspiraciones sofisticadas ni por operaciones construidas por la oposición. Cayó, en gran medida, por sus propios (des)méritos. Las “operaciones” que denuncia el jefe de Gabinete tienen mucho de torpeza política, de ese mareo que suele provocar el vértigo del poder cuando se llega sin manual de instrucciones.
El problema ya no es solo suyo. Es de Milei y de su hermana. No parecen tener una salida clara, aunque por ahora optaron por sostenerlo. La pregunta flota en el aire: ¿hasta cuándo?
La conferencia de este miércoles será una prueba de fuego. Adorni deberá volver a exponerse ante los periodistas después de una seguidilla de explicaciones en entrevistas "amigables" que, lejos de aclarar, sembraron más dudas. Primero, por el viaje de su esposa en la comitiva presidencial a Nueva York. Y antes, por la escapada a Punta del Este durante el feriado de carnaval. El viejo refrán aplica con precisión quirúrgica: no aclares que oscurece.
Mientras el Presidente y Karina lo sostienen, desde el propio universo libertario empiezan a escucharse críticas en voz alta.
Nicolás Márquez, el autoproclamado biógrafo de Milei y uno de sus hombres de mayor cercanía, pidió públicamente la renuncia de Adorni. El escritor no ocupa cargos formales, pero su influencia es innegable. Fue, por ejemplo, uno de los impulsores y gestores del extenso video oficial sobre el 50 aniversario del Golpe de 1976.
Miriam Fernández, una de las protagonistas de ese material, reconoció que fue Márquez quien la convocó para dar su testimonio en el Salón Blanco de la Casa Rosada.
“Adorni puede ser súper honesto, pero desde el punto de vista político está haciendo daño su permanencia en el Gobierno. Creo que debería tener un gesto de grandeza y renunciar”, lanzó Márquez en TN.
Con semejante nivel de proximidad al Presidente, la frase abre inevitablemente otra incógnita inquietante: ¿habló por cuenta propia o alguien le sugirió que apretara el acelerador para presionar al vocero?
Adorni volverá a pararse este miércoles frente a los micrófonos, pero algo ya cambió. La credibilidad se erosiona rápido en política, y sus habituales definiciones desafiantes contra la oposición difícilmente tengan ahora el mismo efecto.
Entre los libertarios no pocos imaginan el final de la escena. Karina llamándolo a su despacho, una frase seca, sin vueltas: “Manu, fin”. Fin es la palabra con la cual Adorni cierra sus definiciones en redes sociales, que luego le copió el Presidente.
Si ese momento llega, Adorni probablemente argumentará que se va para evitar que la oposición siga atacando al Gobierno. Pero la verdadera razón será otra. No habrá sido víctima de grandes operaciones, sino de sus propias torpezas. Y quizás de algo más que torpezas, que tarde o temprano deberá explicar en los tribunales.