Política nacional. Vivito y coleando: el rumbo claro del Gobierno

El Presidente está solo y domina el escenario político. Está vivito y coleando, regulando a placer sus raptos de furia o crítica mordaz.

18 de julio de 2026 a las 02:17 a. m.
Diego M. Jiménez
Vivito y coleando: el rumbo claro del Gobierno
El presidente Javier Milei.

Luego de los días mundialistas, el espejo donde se mira la realidad argentina devuelve una imagen similar a los días previos al inicio del espectáculo deportivo que concitó la atención global.

Con una nitidez un poco mejor, a raíz de la salida anunciada de uno de los peores jefes de Gabinete (quizá el primero del ranking) que ejerció el cargo desde la creación de esa función con la reforma constitucional de 1994.

La inflación perfora la base del 2%; ciertos sectores prosperan; otros languidecen a la espera de un rebote que se niega a comenzar, a lo que se suman los muchos heridos de este proceso, que buscan la manera de reconvertirse o, finalmente, desaparecer.

El salario, que por un tiempo largo perdió mucho frente a la inflación, parece emparejarla y comenzar a vencerla. Esto último no es malo, pero para la economía de las familias es insuficiente.

Las asimetrías apenas ocultadas por la inepta gestión del dúo Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner (entre 2019 y 2023) fueron profundizadas por el proceso de cambio que inició la actual gestión.

La diferencia, que no es menor, es que el actual Gobierno eligió un rumbo claro sobre el cual está convencido de que, si persiste, la nación comenzará un proceso de crecimiento y desarrollo para abandonar décadas de estancamiento y mal manejo de la política económica.

La actual es una propuesta audaz que, con una oposición sin claridad, navega a su ritmo hacia un puerto no ajeno a controversias.

La oposición más clara y, al mismo tiempo, menos amenazante al statu quo político, es la izquierda. Pero sus propuestas están alejadas de las preferencias de la mayoría del público y tienen el defecto de la reiteración de eslóganes y consignas. Ella no ha abandonado su cultura de nicho minoritario y, por ello, no se ha centrado en elaborar propuestas más cercanas a las demandas de la realidad contemporánea, como sucede en el resto del mundo democrático.

El mayor opositor es el peronismo, con sus variantes provinciales más negociadoras con la actual administración, dependiendo del tema y los recursos en juego, más su modo kirchnerista, con anclaje en el conurbano, que no supera su complejo de Edipo con Cristina Fernández de Kirchner.

Unos y otros adolecen de liderazgo nacional y de un conjunto de propuestas superadoras a lo que critican como malo: Milei y sus libertarios. El peronismo está atomizado, sin libreto, salvo su expresión bonaerense, ineficaz y por momentos anacrónica.

Los radicales y el PRO que sobrevivieron a Juntos por el Cambio se quedaron sin discurso articulado, algo que, con cierto orden partidario y un esfuerzo de compresión de los cambios que sufrió la sociedad y la economía que la sustenta, podría revertirse.

Pero allí también, en lo que podríamos agrupar como republicanos, no hay visión de conjunto con algún vértice en dirigentes que puedan conducir un nuevo proceso con una identidad clara para, posteriormente, poder ser competitivos en el terreno electoral.

Por fuera de la política tradicional, suenan outsiders empresarios o pastores que niegan ser lo que son, pero el marasmo, al menos por ahora, también los incluye.

El Presidente está solo y domina el escenario político. Está vivito y coleando, regulando a placer sus raptos de furia o crítica mordaz. Sin amenazas claras ni cuestionamientos severos que puedan hacer tambalear su performance.

El tiempo terminará hablando y dirá si eso es bueno para él y para el país en su conjunto. Por el momento, parece disfrutar su soliloquio político.

Periodista