Fraternidad religiosa. Una vida comprada a gran precio

"Han sido comprados a gran precio. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos".

28 de julio de 2026 a las 01:09 a. m.
Hovsep Hakobyan*
Una vida comprada a gran precio
La familia, unidad primordial de toda sociedad.

El ser humano es responsable no solo de sí mismo, sino también de su familia, de su comunidad y de quienes lo rodean. La vida, el cuerpo, las capacidades, los bienes y las relaciones que hemos recibido no son una propiedad absoluta. Son dones confiados por Dios, y todo don lleva consigo una responsabilidad.

Trabajamos día y noche para que nuestro hogar esté seguro, nuestra familia sana y nosotros felices. Sin embargo, el profeta Isaías advierte contra quienes "juntan casa con casa y agregan campo a campo", como si solo ellos tuvieran derecho a habitar la tierra.

Nuestro bienestar no puede ser justo si se construye sobre la pobreza o el olvido de los demás. Dios no nos preguntará solamente qué tuvimos, sino también a quién sirvió lo que tuvimos.

La misma responsabilidad existe en la familia. Cristo presenta el matrimonio no como un contrato temporal, sino como una alianza en la que dos llegan a ser una sola carne. El esposo y la esposa no son propiedad, servidores ni comodidades pasajeras. Son personas confiadas mutuamente por Dios, llamadas a ser apoyo, protección y presencia de amor.

El don más cercano que hemos recibido es nuestro cuerpo y nuestra vida. El apóstol Pablo recuerda que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y que no nos pertenecemos a nosotros mismos.

El cristianismo no desprecia el cuerpo. Al contrario, le reconoce una dignidad tan grande que lo llama morada de Dios. Por eso no debemos desgastarlo con odio, adicciones, inmoralidad, autodestrucción ni sentimientos de inutilidad.

Nuestra vida tiene un valor incalculable, porque Cristo entregó la suya por nuestra salvación. Murió una vez para siempre por nuestros pecados y resucitó para que tengamos vida.

La pregunta principal no es cuánto poseemos, sino cómo usamos lo que se nos ha confiado.

¿Nuestros bienes sirven a los demás?

¿Amamos con fidelidad en nuestra familia?

¿Glorificamos a Dios con nuestro cuerpo y nuestra vida?

¿Cómo vivimos la vida por la cual Cristo entregó la suya?

"Han sido comprados a gran precio. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos".

*Pastor espiritual de la Iglesia Apostólica Armenia Surp Kevork de Córdoba, integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).