El orgullo de la persiana alta. Por qué Córdoba debe confiar en quienes invierten

Los desafíos burocráticos frenan a los emprendedores cordobeses, dejando a muchos al borde del colapso financiero antes de abrir sus puertas.

27 de julio de 2026 a las 02:22 p. m.
Carlos Vicente*
Por qué Córdoba debe confiar en quienes invierten
La ciudad de Córdoba desde la Torre de Capitalinas. Foto: Pedro Castillo / La Voz

Cerrá los ojos un segundo e imaginate esta escena. Después de años de esfuerzo, de privarte de vacaciones y de juntar peso por peso, por fin tenés las llaves de tu propio local. Entrás, sentís el olor a pintura fresca, ves las máquinas instaladas, quizá para esa fábrica de pastas con la que soñaste toda la vida, o para ese comercio que va a cambiar el futuro de tu familia. En ese momento, sentís el orgullo inmenso de saber que sos un empresario, alguien que arriesga su capital para generar valor y dar trabajo en su ciudad.

Pero esa ilusión, que debería ser el motor de Córdoba, choca a las pocas horas contra un muro de hielo: la burocracia.

Hiciste todo bien. Alquilaste, acondicionaste, contrataste los servicios. Estás listo para producir. Pero el Estado te dice: "No podés abrir". Tu sueño queda atrapado en un laberinto de expedientes inconexos. Te enfrentás a la eterna espera del certificado de Bomberos, un trámite que te deja como rehén en un cruce de jurisdicciones entre la Provincia y la Municipalidad de Córdoba, donde los papeles van y vienen mientras tu local acumula polvo.

A medida que el expediente duerme en un escritorio, tu reloj financiero no se detiene. Pasa el primer mes y llegan la factura de Epec y la de Aguas Cordobesas, los impuestos y el implacable cobro del alquiler. No pudiste vender un solo producto, no ingresó un solo peso a la caja, pero ya estás endeudado. El sistema te asfixia, te consume los ahorros que eran para comprar mercadería y te funde antes de que puedas demostrar lo que valés.

Esta angustia que vivís no es un caso aislado: es un daño estructural que desangra nuestra economía y apaga el potencial de la ciudad. Los números de esta tragedia silenciosa son contundentes: de acuerdo a los relevamientos históricos de la Cámara de Comercio de Córdoba (CCC), la traba de las habilitaciones empuja a que cerca del 40% de los locales operen en la sombra o con algún grado de irregularidad administrativa. Y no es por falta de honestidad. Es porque se enfrentan a demoras que, en muchos rubros, superan los seis u ocho meses. ¿Qué emprendedor puede sostener un alquiler y a su familia durante más de medio año sin facturar un solo peso? Nadie elige la informalidad por capricho; se cae en ella por pura desesperación, como único salvavidas ante un Estado que funciona como un ancla.

Es urgente y vital cambiar este paradigma. Necesitamos un Estado que te mire a los ojos, te respete como generador de riqueza y te diga: "Confiamos en vos. Primero abrí, después te controlamos".

Nuestra propuesta es que el trámite para quien quiere trabajar se reduzca a una simple comunicación. Sabiendo de antemano el checklist de exigencias de seguridad, el comerciante presenta su declaración jurada, la respalda con un seguro integral de comercio e industria como garantía de su responsabilidad, y simplemente les avisa a la Municipalidad de Córdoba y a Bomberos: "Mañana abro mis puertas".

Al día siguiente, levantás la persiana. Y acá ocurre la verdadera magia de la economía: tu comercio empieza a generar ingresos genuinos desde el día uno. Esa primera semana de ventas es la que te permite pagar el alquiler con el fruto de tu propio esfuerzo y no quemando tus ahorros. El capital fluye, contratás empleados, les comprás a los proveedores y la rueda de Córdoba gira con fuerza.

Esto también transforma para bien al Estado. Al permitir la apertura inmediata, el municipio ensancha su base tributaria y recauda la Tasa de Comercio e Industria al instante. Además, jerarquiza a sus propios trabajadores: el empleado municipal deja de estar saturado detrás de un mostrador sellando expedientes de negocios cerrados, para salir a la calle como un auditor profesional, valorizado y cuidando la economía real que ya está en funcionamiento.

En un plazo prudencial, el inspector llega a tu local que funciona. Si cumpliste tu palabra, la habilitación queda firme. Si alguien hace trampa y pone en riesgo a los vecinos, el Estado ejecuta la caución y clausura.

Es hora de devolverle la dignidad y la épica a quien invierte. Córdoba tiene la sangre emprendedora para ser el faro económico del país. Sólo necesitamos la valentía de romper los candados de la burocracia y empezar a confiar en quienes empujan la ciudad hacia adelante.

*Precandidato a intendente de la ciudad de Córdoba por Locos (Logremos una Córdoba Simple)