Debate. Las vanguardias iluminadas: un callejón sin salida

Toda vanguardia iluminada encierra una aspiración hegemónica. No busca construir un proyecto compartido de país, sino imponer el propio, convencida de ser la única portadora de la verdad.

26 de junio de 2026 a las 02:43 p. m.
Las vanguardias iluminadas: un callejón sin salida
El presidente Javier Milei.

Argentina ya transita el tiempo de descuento rumbo a las elecciones presidenciales de 2027. No es fácil saber si será la economía o la política la que terminará definiendo el curso de los acontecimientos y el resultado electoral.

Los avances registrados en algunos frentes de la macroeconomía y el mayor grado de estabilidad alcanzado, aunque todavía frágil, sumados a la ausencia de una alternativa opositora capaz de generar confianza, han contribuido a mantener el nivel de apoyo al Gobierno.

La economía exhibe algunos logros importantes: equilibrio en las cuentas públicas, superávit externo, desaceleración de la inflación a pesar de algunos sobresaltos, estabilidad cambiaria y una recuperación de las reservas internacionales que fortaleció la capacidad de intervención del Banco Central.

Incertidumbres que persisten

Sin embargo, esos avances no terminan de trasladarse a la economía cotidiana de las personas. Muchos sectores aún no logran recuperarse y persiste la incertidumbre en amplias franjas de la sociedad sobre la posibilidad de alcanzar un progreso sostenido y un mayor bienestar.

Es cierto que la economía muestra una tendencia de crecimiento. Sin embargo, crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Este último supone que el crecimiento sea capaz de generar oportunidades, movilidad social y mejoras relativamente extendidas en la calidad de vida.

La principal incógnita sigue siendo si este proceso terminará consolidando una economía de dos velocidades: una integrada por sectores altamente competitivos –como minería, energía, agro y algunos servicios– y otra conformada por actividades que enfrentan crecientes dificultades para sostener el empleo y la inversión.

En ese escenario, la industria manufacturera y la construcción continúan sin encontrar un horizonte claro de recuperación, y el riesgo es el progresivo debilitamiento de la clase media, históricamente vinculada al empleo industrial y al trabajo formal.

Resulta difícil pensar que un modelo de crecimiento apoyado casi exclusivamente en las actividades primarias de la economía pueda, por sí solo, garantizar bajos niveles de desigualdad, una amplia movilidad social y una clase media robusta.

La política frente al desafío del desarrollo

En el plano político, comienza a perfilarse un sistema dominado por dos fuerzas antagónicas, con visiones de país difícilmente compatibles. Esa polarización alimenta la incertidumbre respecto de la continuidad de las reglas de juego.

Si el discurso que expresó Máximo Kirchner en Parque Lezama refleja la orientación que asumirá una parte importante de la oposición, resultará difícil alinear expectativas respecto de cuestiones estratégicas que deberían constituir auténticas políticas de Estado.

Sin previsibilidad institucional y sin acuerdos mínimos sobre el rumbo del país, es difícil consolidar la seguridad jurídica que requiere cualquier proceso sostenido de inversión, desarrollo y generación de empleo.

En el oficialismo, es evidente un proceso de desintegración de su estructura, atravesada por internas menores que responden más a disputas de egos y espacios de poder que a un debate de ideas o a la construcción de una estrategia capaz de convocar y ampliar su base de sustentación y conducir a la sociedad hacia un horizonte de progreso y bienestar.

La oposición, por su parte, ofrece un panorama similar, con internas feroces y descalificantes que tienen más que ver con quién conduce el espacio y quién arma las listas que con la búsqueda de consensos en torno de un programa claro que unifique una idea de país.

La unidad que se pregona tiene más que ver con un amontonamiento de dirigentes y con el reparto de prebendas, que no sólo no entusiasma a nadie, sino que tampoco promueve el debate de ideas, más allá de consignas y de una prédica vacía de contenido.

Aspiración hegemónica

Esto resulta tan evidente que termina condensándose en la principal idea que queda instalada en el imaginario colectivo. El mensaje del oficialismo parece ser: "Vótennos porque, si no, vuelven los kukas". El de la oposición: "Vótennos porque, si no, sigue Milei".

Son argumentos tan pobres que invitan a preguntarse si, en el fondo, ambos espacios no parten de un profundo desprecio por el pueblo argentino, al suponer que no merece un debate serio e inteligente de ideas. Un desprecio que nace, quizá, de concebirse a sí mismos como vanguardias iluminadas.

Tal vez por eso, cuando los resultados electorales no los favorecen, la reacción suele ser culpar a la sociedad antes que preguntarse qué parte de su mensaje, de su liderazgo o de su propuesta dejó de representar los intereses de la mayoría. La autocrítica cede lugar a la descalificación del votante. Como si el problema no fuera la dirigencia, sino un pueblo que se equivoca.

Toda vanguardia iluminada encierra, además, una aspiración hegemónica. No busca construir un proyecto compartido de país, sino imponer el propio, convencida de ser la única portadora de la verdad.

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