Sistema en crisis. La salud no puede seguir funcionando con precios distorsionados

La distorsión de precios en el sistema de salud argentino provoca que servicios médicos complejos sean menos valorados que trabajos manuales.

25 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La salud no puede seguir funcionando con precios distorsionados
Los servicios de salud están atravesando una larga crisis en la Argentina.

El sistema de salud argentino atraviesa una crisis silenciosa pero profunda. Una crisis que afecta a clínicas, sanatorios, centros de diagnóstico, profesionales independientes y, particularmente, a especialidades de alta complejidad tecnológica como la oftalmología.

Durante años se ha instalado la idea de que los problemas del sector son coyunturales y que se resolverán cuando mejore la economía general. Sin embargo, la realidad demuestra que estamos frente a un fenómeno mucho más complejo y estructural.

La principal característica de esta crisis es la enorme asimetría existente entre la evolución de los costos y la evolución de los ingresos.

Mientras la estructura de costos del sector salud creció a una tasa geométrica, impulsada por la inflación acumulada, los insumos dolarizados, la incorporación de tecnología y los costos laborales y regulatorios, los ingresos derivados de los aranceles evolucionaron apenas a una tasa aritmética, lenta y claramente insuficiente.

La distorsión de los precios relativos

Los procesos inflacionarios prolongados generan un fenómeno económico conocido como "distorsión de precios relativos". Algunos precios logran actualizarse más rápidamente que otros y desaparecen las referencias razonables de valor.

Hoy una consulta médica especializada puede tener una remuneración similar o incluso inferior a la que cobra un electricista por reemplazar una perilla de luz en un domicilio. Del mismo modo, una cirugía de cataratas, uno de los procedimientos más costoefectivos de la medicina moderna, puede recibir una retribución comparable a la que percibe un gasista por realizar la limpieza preventiva de un calefactor antes de la llegada del invierno.

No se trata de cuestionar el valor de esos oficios. Se trata de preguntarnos cómo llegamos al punto en que procedimientos médicos de enorme complejidad y responsabilidad quedaron rezagados económicamente.

El ajuste permanente sobre el trabajo médico

Las organizaciones sanitarias deben mejorar de forma permanente su eficiencia. Sin embargo, la eficiencia no puede seguir construyéndose sobre el sacrificio permanente del honorario médico.

Durante décadas, el principal factor de ajuste del sistema ha sido el trabajo profesional. Cada vez que los números no cierran, se deteriora la remuneración de quienes generan el valor principal de la prestación sanitaria.

Esta lógica degrada la práctica médica, desalienta nuevas generaciones de profesionales y limita la capacidad de inversión.

La necesidad de una reforma responsable

La solución requiere decisiones políticas, regulatorias y técnicas.

En primer lugar, resulta imprescindible rediscutir el Programa Médico Obligatorio (PMO), actualizarlo y hacerlo obligatorio para todos los actores del sistema sin excepciones.

En segundo lugar, la Argentina necesita constituir una verdadera "agencia de evaluación de tecnologías sanitarias" con capacidad técnica para analizar eficacia, seguridad, costoefectividad y sostenibilidad de las innovaciones médicas.

Los recursos son limitados y deben orientarse hacia aquellas prestaciones que generan mayor valor sanitario para la población.

La salud como bien preferente

La salud es un bien preferente. Esto significa que la sociedad considera que su acceso no puede depender exclusivamente de la capacidad económica individual.

Una persona puede postergar la compra de un automóvil o unas vacaciones. No puede elegir de manera racional sufrir una ceguera evitable o una enfermedad sin tratamiento. Por ello las sociedades modernas asumen colectivamente la responsabilidad de financiar sistemas sanitarios que garanticen niveles mínimos de cobertura y acceso.

Pero reconocer que la salud es un bien preferente no implica desconocer sus costos. Implica asumirlos de forma responsable.

La oftalmología como inversión social

La oftalmología constituye una de las inversiones sanitarias más rentables desde el punto de vista social.

Cada adulto mayor que conserva su independencia gracias a una cirugía de cataratas requiere menos asistencia y menos recursos de cuidado. Cada niño que recibe un diagnóstico oportuno mejora sus posibilidades educativas. Cada trabajador que conserva una adecuada visión mantiene productividad y autonomía.

Sin oftalmología moderna, accesible y tecnológicamente actualizada, la calidad de vida de millones de argentinos se verá inevitablemente reducida.

Argentina supo construir durante décadas un sistema oftalmológico reconocido a nivel mundial por su nivel científico, tecnológico y profesional. Permitir que ese patrimonio se deteriore por la persistencia de distorsiones económicas evitables sería un error histórico.

Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo. Pero para hacerlo será necesario reconocer una verdad elemental: la salud tiene valor, la salud tiene costo y la salud merece ser financiada con la misma seriedad con la que la sociedad espera recibirla cuando más la necesita.

Magíster en Administración de Servicios de Salud, secretario general de Cameof