Estados Unidos. 250 años de libertad: oda a Nashville
Para el recién llegado de tierras lejanas (como es mi caso), la ciudad del sur de Estados Unidos sorprende a primera vista por la evidente presencia equilibrada de diferentes aristas de interés sociológico.
Los “entreveros bonitos” de la vida me han llevado a habitar el suelo estadounidense durante los festejos de sus 250 años de vida independiente. A lo largo de todo un verano, en el marco de un programa auspiciado entre los gobiernos de España (mi país adoptivo) y Estados Unidos, soy testigo privilegiado de la sociedad, la cultura y la política de este extraordinario país en este tiempo único.
En la medida de mis posibilidades, aprovecharé este espacio en los próximos meses para contar las impresiones sobre lo que aquí acontece, se desea y se respira. Esta primera entrega se concentra en la bella ciudad que me acoge: Nashville, capital del estado de Tennessee y puerta del sur de los Estados Unidos.

Para el recién llegado de tierras lejanas (como es mi caso), esta ciudad sorprende a primera vista por la evidente presencia equilibrada de diferentes aristas de interés sociológico.
Desde el punto de vista de la distribución del poder político, está gobernada por un alcalde de sensibilidad demócrata en el contexto de un estado con raigambre republicana. Aunque la polarización se encuentra a la orden del día –como en cualquier punto geográfico en el hemisferio occidental–, se detecta una propensión a evaluar positivamente el que exista esa dualidad ideológica, por los beneficios que ello implica en materia de diversidad en el diseño y ejecución de políticas públicas. En palabras más sencillas, “hay para el gusto de todos”.
El Vaticano protestante
Desde el punto de vista religioso, Nashville ha sido bautizada como el “Vaticano protestante”. Cuenta con una representación religiosa diversa y un número relevante de escuelas y universidades de inspiración religiosa. Es la sede central de diferentes denominaciones cristianas y hogar de relevantes sellos discográficos y editoriales vinculados a estas iglesias.
Así como cada fin de semana se observa cómo parte importante de la población asiste a su culto –signo de la vitalidad de la libertad religiosa estadounidense–, no es inusual subir al transporte público local (o a un avión que te lleve fuera de la ciudad) y descubrir que los compañeros de viaje leen material religioso.
Según datos publicados por el Pew Research Center para el ciclo 2023-2024, el 61% de los adultos radicados en esta urbe considera importante la religión en su vida. En este rasgo, puede que resida parte importante de lo que explica lo comentado en el punto anterior.
En el plano educativo, esta ciudad es anfitriona de prestigiosas universidades públicas y privadas y de destacadas casas de altas estudios que, históricamente, trabajaron con poblaciones afroamericanas.
También acoge, en línea con lo destacado en el párrafo previo, reputados centros formativos en materia teológica y de promoción de la justicia social.
Entre quienes asistieron a estas instituciones, destacan por sus contribuciones el político Al Gore (exvicepresidente de Estados Unidos y premio Nobel de la Paz), el escritor Robert Penn (ganador del premio Pulitzer), el famoso sociólogo W. E. B. Du Bois (cofundador de la NAACP), la conductora Oprah Winfrey (quien ostentó durante mucho tiempo el rasgo de ser la persona mejor remunerada en lo que, coloquialmente, se llama en lengua inglesa “show business”) y la periodista Ida B. Wells (también cofundadora de la NAACP).
Una virtud muy estadounidense, de la que se carece en otros sitios por ser poseedores de otras, es que existe orgullo social por las casas de altos estudios propias del “pago chico”: tanto el sector corporativo como los gobiernos las impulsan e invierten en ellas.
En Nashville, en la conversación cotidiana, se cuela siempre la valoración positiva que se le otorga a su entorno universitario. Los mayores recordarán el famoso filme de 1989 La sociedad de los poetas muertos, protagonizado por el irremplazable Robin Williams.
Su historia, escrita por Tom Schulman, estaba inspirada en su propia experiencia en la Montgomery Bell Academy de esta ciudad y en la importancia de la educación como experiencia de transformación personal y social. Este hecho, dado el contexto mencionado, no parece fortuito.
La capital de la música
Culturalmente, esta ciudad es hoy (y lo es desde hace tiempo) una de las capitales mundiales de la música. Conocida por albergar las catedrales del género country (Ryman Auditorium, Grand Ole Opry House y el Country Music Hall of Fame and Museum) y por haber lanzado al estrellato a sus mayores exponentes, esta ciudad alberga cada día (y me atrevería a decir cada hora) conciertos de los más variados géneros musicales: jazz, rock, pop, bluegrass, música clásica, etc.
Recordado es el hecho que Elvis Presley grabó en el RCA Studio B, en el distrito musical de Nashville, más de 200 canciones en la década de 1960. Más recientemente, Taylor Swift construyó su éxito musical global desde esta ciudad.
Esta industria cultural atrae talento y turismo no sólo de los cuatro puntos cardinales al interior de este país sino, incrementalmente, de todo el orbe.
Esta ciudad está, en estos días, positivamente alterada por distintos motivos: la temporada estival, la celebración del campeonato mundial de fútbol masculino y la proximidad del sestercentenario de la independencia son suficiente razón para ello.
Ya sea por esto o por alguno de los factores antes descritos, aunque no hay nada que sea perfecto, hay algo que sorprende y maravilla (en dosis iguales) al visitante de este espacio: las sonrisas y saludos gratuitos que reparten sus locales a desconocidos. ¡Qué grata costumbre en esta en nuestra era de tanto insulto, intolerancia y desdén por la otredad y lo desconocido!
Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Salamanca (España) y Fulbright Visiting Scholar en el Center for Global Democracy de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos).

