Paradoja del desencanto. Los jóvenes cordobeses no dejaron la política: la política los dejó a ellos

La desconexión de los jóvenes cordobeses con la política no es apatía, sino más bien una respuesta a un sistema que no responde a sus necesidades laborales y de vivienda.

23 de junio de 2026 a las 02:31 a. m.
Héctor Mignola
Los jóvenes cordobeses no dejaron la política: la política los dejó a ellos
Jóvenes de Córdoba

Cuando los analistas locales abordan la relación entre la juventud y la política, suelen caer en el diagnóstico fácil de la "apatía". Se habla de una generación desconectada, refugiada en las pantallas y ajena al destino colectivo.

Sin embargo, relevamientos recientes muestran una realidad mucho más incómoda para las estructuras tradicionales. En Córdoba, una provincia con una histórica identidad universitaria, los jóvenes siguen valorando la democracia, pero experimentan una profunda crisis de representación. No es que no les interese su futuro: es que el sistema actual no les habla a ellos.

Dos caras de la moneda

Un informe del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires, con fuerte representatividad en los grandes centros urbanos del interior, revela la paradoja central: el 69% de los jóvenes manifiestan estar poco o nada interesados en la política tradicional, pero el 73% afirma que planea ir a votar.

Esto derriba el mito del ausentismo por indiferencia. En Córdoba, el ritual cívico y el respeto por las urnas se mantienen firmes, pero conviven con la frustración.

El verdadero nudo del problema es la eficacia. El 72% sostiene que el voto es importante, pero siente que es insuficiente para decidir lo que realmente pasa. Existe una sensación generalizada de que, gane quien gane, las promesas de campaña no se materializan en su metro cuadrado.

Este escepticismo no nace del vacío: tiene bases materiales concretas. La juventud cordobesa es la principal víctima de un mercado laboral que ofrece un presente inestable y un futuro impredecible.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) son alarmantes: en el Gran Córdoba, mientras la informalidad general roza el 50%, en los menores de 29 años el empleo informal y la precariedad superan el 60%.

El desempleo juvenil suele triplicar la media general. Las becas de inserción, el monotributismo precarizado, las plataformas de delivery y de transporte o el comercio informal ya no son una transición para el estudiante, sino una regla permanente.

La dirigencia discurre sobre grandes planes de infraestructura, mientras la diaria de los jóvenes transcurre en la incertidumbre de no saber si el mes que viene tendrán ingresos.

A esto se suma el acceso a la vivienda en un mercado inmobiliario cada vez más prohibitivo. Para las nuevas generaciones, la histórica promesa de movilidad social asociada a la "casa propia" se transformó en una utopía. Con salarios devaluados y ausencia de crédito hipotecario, el destino es el alquiler permanente.

En la ciudad de Córdoba, los contratos desregulados devoran más de la mitad de los ingresos de cualquier joven trabajador y les exigen garantías imposibles de cumplir desde la informalidad. Cuando la política no garantiza techo ni trabajo digno, el distanciamiento deja de ser apatía y pasa a ser una respuesta racional de supervivencia.

Pragmáticos y conectados en redes

Ante este escenario de desamparo, las dinámicas de identificación cambiaron y abandonaron la grieta. Los jóvenes muestran un perfil más pragmático y tolerante que los adultos: el 64% afirma tener amigos con ideas políticas opuestas y más del 60% no tendría problemas en estar en pareja con alguien que piense distinto.

La política ya no es un filtro que divide aguas de forma irreconciliable. Asimismo, los canales de información mutaron drásticamente: más del 80% se informa exclusivamente a través de las redes sociales.

Consultoras como Zuban Córdoba advierten este fenómeno en sus mediciones: al preguntarles qué espacio político piensa más en ellos, la respuesta mayoritaria es un rotundo "ninguno" (cerca de un tercio). Hay una fractura estructural.

El alejamiento de la juventud cordobesa no es un capricho apolítico. Es la consecuencia de un entorno que ofrece discursos abstractos a problemas urgentes, como llegar a fin de mes o mudarse. Los jóvenes no se alejaron de la política; exigen, desde los márgenes, una política que vuelva a ser una herramienta real de transformación y deje de ser un círculo cerrado que sólo se habla a sí mismo.

Presidente de la Juventud Radical de la provincia de Córdoba