El proyecto de reelección que intenta construir Javier Milei depende de un factor casi excluyente: que en el lapso de un año el Gobierno encuentre el modo de equilibrar la doble velocidad del modelo económico, que el crecimiento de los sectores más dinámicos de la economía comience a traccionar a los menos favorecidos por el modelo.
La importancia que tiene el crecimiento de los sectores más dinámicos tiende a ser subestimada por los adversarios de Milei. Sin el flujo extraordinario de divisas que están generando el sector energético y la agroindustria, el Gobierno no podría avanzar en el cumplimiento de las metas de acumulación de reservas.
Cada examen ante el FMI sería una réplica de lo ocurrido en períodos anteriores. Incumplimientos seriales, excusas repetidas sobre la restricción externa y un tembladeral de desconfianza externa e interna. Es la combinación de disciplina fiscal y expansión exportadora la que todavía mantiene a distancia esas expectativas que impactan en la inflación.
Pero hay una contracara de ese modelo. Están los caídos del ajuste. Aquellos que dependían del gasto deficitario y el subsidio al consumo interno. Allí el clima es recesivo y está localizado especialmente en la demografía de los grandes centros urbanos.
Si el producto no crece por encima de los tres puntos y medio pronosticados para este año es porque hay una caída que está promediando para abajo la expansión de los sectores más dinámicos.
Los perdedores del modelo también votan. El Gobierno tiende a infravalorar la importancia de ese factor político. Extraño para un equipo como el de Milei que nació como alternativa frente a un proceso similar. Milei ganó porque la inflación es ajuste. Puede perder si cree que la recesión es sólo “destrucción creativa”.
Tal vez por eso, comienzan a escucharse voces sobre cómo abordar la mitigación de los efectos no deseados del modelo económico.
Están los que sostienen que con una corrección del tipo de cambio los efectos contractivos del modelo cederían un poco. “Si el Central acercara el dólar al techo de la banda, Milei casi se aseguraría la reelección”, declaró el economista Pablo Gerchunoff.
Milei desconfía de ese camino, pese a que hasta junio ya compró dólares suficientes para cumplir la meta anual de acumulación de reservas (que en términos netos siguen siendo negativas). Sus funcionarios en el área de ingresos públicos están comenzando a instalar una vía de mitigación distinta: reducción de impuestos, en el marco de una reforma tributaria integral.
El dilema del Gobierno es la tensión entre rumbo y ritmo del modelo económico. A medida que consigue mayor consenso sobre la orientación del modelo, cosecha más advertencias sobre la doble velocidad. Y tiene un tiempo escaso para equilibrar ambas cosas antes de que se dispare la expectativa electoral.
Bloque en revisión
Este desafío le impone a la Casa Rosada una administración prolija de sus energías políticas. Milei ha dado señales de que el cuidado institucional no se encuentra entre sus prioridades, o acaso descree de la autenticidad del reclamo social en ese sentido.
De otra manera no se explica su obcecación más reciente, que vino a renovar la que demostró con el caso Adorni: el veto al pliego de la abogada María Verónica Michelli para el Juzgado Federal N° 3 de La Plata, cuñada del periodista Hugo Alconada Mon.
Alconada Mon ha venido investigando con lujo de detalles el caso de estafa con la criptomoneda $Libra. La represalia con el pliego de Michelli es casi un relevo de pruebas.
El Gobierno prefirió elogiar la aprobación de la primera tanda de jueces federales después de cinco años de parálisis. Es decir: el cambio de rumbo decidido al quitarle a Santiago Caputo el manejo de la relación con el Poder Judicial para entregárselo a Karina Milei.
Caputo se lanzó a conquistar por asalto la Corte Suprema. No lo consiguió. Karina Milei eligió el camino de los tribunales inferiores y Comodoro Py.
Son dos modelos distintos de abordaje, pero con una similitud conceptual: la corrupción no es un problema que los gobiernos puedan modificar con buenas conductas, sino solo eludir con una correcta elección de quienes vayan a juzgarlos.
Esta coincidencia ideológica en el círculo más íntimo de Milei es la que está abriendo otra gama de disidencias internas, mientras la tensión entre rumbo y ritmo del modelo económico sigue abierta.
Patricia Bullrich exageró al plantear en el caso Michelli una objeción de conciencia. Si ante un capricho inadmisible del Presidente, Bullrich extrema de ese modo los términos, qué cabe esperar el día que opine sobre eutanasia.
Pero a Bullrich la maniobra le resultó útil para marcar por segunda vez –la primera fue el reclamo de la declaración patrimonial de Adorni– una señal hacia la escena política: el bloque del balotaje de 2023 no está alineado para 2027. El vacío de alternativas a Milei desde el peronismo y sus satélites está desplazando el eje de la competencia política.
Sobre el departamento de Cristina Kirchner proyectaron días atrás imágenes de la Casa Rosada para que la expresidenta se asome al balcón. Axel Kicillof pelea contra la sombra de esa nostalgia cada vez más lejana.
En contraste, Milei suele sorprender a veces a sus allegados cuando dice que en lo personal le seduce más su proyección como disertante global que la ansiedad de un segundo mandato. Argentina es un país donde lo incierto nunca tiene descanso

