Compartir
Opinión

Panorama nacional. Reforma política o pacto de reelecciones

Santilli conduce una negociación con los gobernadores: ¿primacía del territorio sobre la norma?

04 de julio de 2026, 16:11
Reforma política o pacto de reelecciones
Javier Milei junto a Diego Santilli y Karina Milei.

La imagen de Diego Santilli junto a la mayoría de los gobernadores, el día que asumió la Jefatura de Gabinete de la Nación, resume el nuevo momento político: Javier Milei dejó atrás el pantano en el que patinaba intentando salvar a Manuel Adorni y retomó la iniciativa, para impulsar su proyecto de reelección.

Santilli negociará con los gobernadores el nuevo régimen electoral. El Gobierno había presentado en el Congreso un proyecto ambicioso para reformar la organización y el financiamiento de los partidos políticos, eliminar las primarias de voto obligatorio e introducir las normas de ficha limpia y la boleta única de sufragio.

Para conseguir los 129 diputados y los 37 senadores necesarios para aprobar esos cambios, Milei estaba ahogado en el Congreso: si conseguía el cuórum, se le venía encima una moción de censura contra Adorni.

El tiempo perdido en la defensa de Adorni permitió a los jefes territoriales evaluar sus intereses estratégicos para negociar con la Casa Rosada.

En la superficie, el debate se redujo a la eliminación, suspensión o modificación de las Paso. No son pocos los opositores que defienden las primarias con voto obligatorio como criterio ordenador imprescindible para una oferta electoral unificada y, en consecuencia, competitiva.

El proyecto original de Milei propuso devolver autonomía a los partidos. Aunque estaba estancado por el caso Adorni, el debate todavía era sobre criterios normativos.

El ingreso de Santilli, vigilado por Karina Milei, implica un giro: el régimen electoral para la reelección se definirá en una negociación donde el bosquejo del poder territorial tendrá primacía sobre el diseño de la norma. En otros términos: en su hipótesis de máxima, la norma puede surgir de un pacto de reelecciones. Esa definición es, por sí misma, un disparador de agitaciones políticas.

Así planteado, el festival de roscas que el "momento Santilli" está detonando es tan variado y multiforme que puede inducir a confusión. Para despejar algunas incertidumbres, es necesario acotar algunas variables.

En principio, para el mileísmo la noción de territorio no se reduce a las dos Buenos Aires (provincia y ciudad), pero casi. Y para la mayoría de los jefes territoriales del interior del país, la prescindencia respecto de ese eje condicionante anclado en el Amba es también su principal arma de negociación. Hay coincidencia estratégica.

Las versiones sobre el canje de la suspensión de las Paso a cambio de un régimen de colectoras que impida la fragmentación de la oferta política son crecientes.

Hay múltiples interesados en que prospere la idea. Que desde el PRO y el kirchnerismo surja al mismo tiempo la predicción de una elección presidencial de cuatro cuartos (dos en el bloque mileísta, dos en el peronismo) es una señal nítida. Viene con el sello de la disputa por el gobierno de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires.

En la ciudad, macristas y mileístas se fragmentaron en la lejana hora gloriosa de Manuel Adorni. En la provincia, la fisura entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof repite las escenas del matrimonio desavenido con Alberto Fernández.

Espacio y tiempo

La conveniencia de un régimen de colectoras tiene un sentido de oportunidad diferente en las causas, aunque convergente al mismo efecto en las provincias ajenas a las disputas del Amba, donde los gobernadores prefieren eludir la disputa con Milei, al carecer de un emergente opositor consolidado a nivel nacional.

En este punto, conviene aclarar que la primacía de la cuestión territorial en la negociación del nuevo régimen político debe ser considerada con una variable dependiente imposible de eludir: el tiempo. O mejor: la combinación de espacio y tiempo que se cristaliza en el calendario electoral.

Cualquiera fuese el alcance de un eventual pacto de reelecciones, su concreción tiende a reñir con una cadena de desdoblamientos electorales. En política, se cobra de contado y se paga a crédito.

Hay en ese punto una novedad, desde el año pasado, que fue performativa para toda esta negociación política: el desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires. Tan relevante fue esa novedad que forzó a un giro copernicano en la estrategia de Milei, preservó de una derrota a Axel Kicillof y detonó la crisis por el liderazgo territorial de Cristina Kirchner.

Santilli demandará como herramienta de negociación la administración del impacto del cambio de modelo económico en cada uno de los territorios políticos. No las variables fundamentales de la macro, pero sí las estrategias acotadas de remediación. Esto articula con aquello que Milei intenta resguardar como principal atributo competitivo para su reelección: la situación económica.

Al comenzar el segundo semestre, el Gobierno tiene para exhibir un índice de inflación otra vez en baja, la tasa de riesgo país acercándose a parámetros internacionales más normales, la aceleración del proceso de recomposición de reservas, y superávits gemelos, fiscal y comercial.

Pero la transición al nuevo modelo económico está dejando un tendal de perdedores en los territorios electorales donde se define el proyecto de reelección.

Ese efecto político será decisivo en el momento de votar entre la continuidad y el cambio, de modo que a la Casa Rosada le quedan dos caminos: atenuar los efectos económicos adversos para la continuidad o promover la dispersión de las opciones electorales de cambio.

Como en todo proceso de reelección, el significante “cambio” será el objeto en disputa. Milei dirá que el cambio es estructural y lo está construyendo; sus adversarios dirán que el cambio es reemplazar a Milei.