Pensar la infancia. No mirar los partidos en soledad
La exposición a publicidades nocivas durante los partidos de fútbol puede afectar a niños y adolescentes. Una oportunidad para educar sobre consumo responsable y adicciones.
¿Cuál es la edad mínima para permitir que los hijos crucen solos una avenida de alto tránsito?
Quizá cuando demuestren suficiente precaución que evite accidentes.
¿En qué momento de la adolescencia podrían salir de noche, baile y tragos incluidos? Lo ideal sería cuando demuestren algo de autocontrol.
¿Cuándo, en la vida de un niño o niña, es posible confiarles la administración de dinero destinado a compras en la cantina del colegio? Tal vez después de haber hablado con ellos, explicado el valor de los billetes y, en especial, el esfuerzo que representa conseguirlos.
Estas y otras situaciones cotidianas reavivan la importancia del acompañamiento de adultos responsables que marquen las ventajas y los riesgos de “comenzar a hacerlo solo”.
Hasta los más pequeños reconocen la diferencia entre quedarse solo y estar acompañado. Han visto a otros cruzar avenidas corriendo, a amigos borrachos un domingo a la madrugada, y a no pocos malgastar su dinero. Pero les falta experiencia. Necesitan que los acompañen; recibir esos consejos que los enojan, pero que cuidan su salud física y mental.
Acompañar es sembrar criterios y valores que, con el crecimiento, les permitirán tomar decisiones propias, asumir los resultados y, con suerte, madurar.
Lo opuesto, la falta de acompañamiento tanto a niños como a adolescentes, suele conducir a problemas. Avanzar en una calle de alta circulación sin reconocer las señales de los semáforos implica un altísimo riesgo de ser atropellado. Beber en “previas” sin control ni freno, frecuentes consumos episódicos excesivos de alcohol. Y gastar dinero de manera impulsiva crea no sólo problemas económicos, sino familiares.
La prevención no es difícil: basta que un adulto sensato acompañe.
¿Mirar los partidos solo?
El Mundial de fútbol es una fiesta absoluta.
Nadie sospecharía que ver transmisiones de partidos podría representar riesgos para la salud.
Sin embargo, los “chicos” –en masculino, porque la enorme mayoría son varones– son atropellados por publicidades que, sin filtros ni pudor, invaden las pantallas antes, durante y después de cada contienda.
El 80% de esos avisos promociona sitios de apuestas online, bebidas alcohólicas, gaseosas azucaradas y comida chatarra.
Sus propios ídolos –jugadores líderes en la selección argentina y ejemplos– les incitan a brindar con cerveza, a engullir hamburguesas coloridas y chorreantes y, en especial, a apostar.
(De poco sirve la mustia advertencia final: “Si sos menor, no apuestes”).
Un simple cálculo demuestra que, si un niño o adolescente ve la mitad de los partidos programados (sin alargues), quedaría expuesto a alrededor de 160 momentos que lo exponen a productos que los enferman o conducen a adicciones.
Es más: las pausas de refresco (cooling breaks) son momentos especialmente propicios para captar la atención, ya que en los largos entretiempos muchos migran a la heladera o al baño.
Todo lo anterior no debería causar rechazo, sino alegría por disponer de una magnífica oportunidad para prevenir daños. La posibilidad de explicar a los chicos los potenciales daños, marcando fronteras entre el consumo y la adicción.
La publicidad dañina ya fue identificada a nivel mundial. La propia Fifa prohibió los anuncios de sitios de apuestas en los estadios, mientras que la mayoría de los países reglamentaron lo mismo para esta y todas las transmisiones deportivas.
Argentina es uno de los cuatro países en el mundo que aún no regulan dichas promociones.
No conviene silenciarlas; tampoco ocultarlas, sino hablar de ellas, con criterios y valores, para que no queden solos.
Médico

