Política nacional. La reelección: un camino largo y sinuoso
La destitución de Manuel Adorni marca el inicio de la campaña de Milei, con la corrupción y la gestión económica como ejes centrales en su camino electoral.
Con el largamente postergado desplazamiento de Manuel Adorni, el presidente Javier Milei inicia su campaña electoral por la reelección. Finalmente, percibió que la permanencia de su jefe de Gabinete no favorecía las adhesiones a su gobierno y a su persona.
No se trata de un exceso de perspicacia por parte del Presidente, ciertamente. En un delito tan difícil de probar como es la apropiación de fondos públicos, aparecían diariamente abrumadores indicios de un nivel de vida que no se correspondía con el magro sueldo que el funcionario declaraba.
Para colmo, la conducta provenía de un funcionario que durante largos meses se dedicó a pontificar, alzar el dedo índice y tratar con frialdad lindante con el desprecio a periodistas y oposición. De tal modo, no resultó una sorpresa que la prensa se encarnizara con él y sus consumos desbocados.
Poderoso caballero
Uno de los puntos centrales de la oferta electoral de Milei en 2023 fue su combate a “la casta”, esa masa indiferenciada de funcionarios públicos que obtienen ventaja económica por integrar un gobierno.
Es decir, se benefician económicamente por su vecindad al centro de decisiones y a las cajas de dinero que, con precarios controles, abundan en la estructura del Estado. Muchos votos a La Libertad Avanza provinieron de esa promesa de honestidad.
Pero, al parecer, pese a las profundas convicciones del Gobierno acerca de que los fondos públicos son sagrados y no deben ser apropiados por los funcionarios, el influjo del metal ha resultado irresistible y ya existen fuertes huellas de comportamientos non sanctos en diversas áreas del Gobierno, incluidos el Presidente y su hermana.
Cuando alguien osa señalar esas inconductas, ocurre como con la inflación: se refuta con el argumento que alude a los extremos alcanzados por el gobierno anterior. Entonces, quedamos obligados a aceptar las incorrecciones, pues la opción que la realidad nos ofrece resulta ser mucho peor, lo cual es rigurosamente cierto.
Está ampliamente aceptado que quien pasa por la función pública ha de salir beneficiado. Pensamos que es natural y, además, inevitable. Aquel funcionario que tiene recursos públicos al alcance de la mano y sin control alguno, es considerado un tonto si no los embolsa.
En muchos casos, el argumento utilizado es que esos recursos se destinan a “hacer política”, es decir, a afrontar los gastos propios de la actividad (publicidad, viajes, militancia rentada). Pero siempre alguna cifra se desliza hacia los bolsillos de los funcionarios que suelen padecer de abstinencia de gasto y, al encontrarse en la nueva situación, se vuelcan a un consumo desaforado aun a riesgo de ser rápidamente detectados y señalados.
La solidaridad de Milei para con su amigo Adorni es un mérito más bien módico. Se trata de un tipo de lealtad personal lindante con la complicidad. El Presidente debe poner en un primer plano su responsabilidad como mandatario y postergar su amistad personal. De eso se trata su función.
El desplazamiento de Adorni fue hecho contra la voluntad de Milei. Lo aceptó a regañadientes, de mala gana. Presionado por la oposición y por la prensa. ¡Cómo no va a odiar a los periodistas si ellos lo obligan a tomar decisiones contra su voluntad! Milei recién expulsa a su funcionario cuando se convence de que es un “piantavotos”, que puede poner en peligro su reelección.
Otros obstáculos
Removida la valla más cercana para la reelección, quedan otras.
Milei concretó algo que Mauricio Macri no supo hacer: resolvió el problema de los planes sociales. Macri negoció con la Iglesia en busca de tranquilidad y se equivocó. Puso mucha plata para calmar las protestas y terminó financiando las movilizaciones y cortes de calle cotidianos.
Milei voló de un plumazo a los intermediarios kirchneristas y de ese modo aumentó los recursos públicos que llegan a los beneficiarios de los planes sociales. Uno de sus grandes aciertos, que le suma muchos votos en una franja electoral generalmente ligada al kirchnerismo.
De un modo forzado y artificial, ha logrado detener el precio del dólar (aunque en las últimas dos semanas su valor ha aumentado), disminuir la inflación (que permanece alta) y convocar aunque con altas ventajas a la inversión extranjera. También ha bajado el riesgo país. Todo ello juega a su favor. Pero hay claras evidencias de que la economía interna, la que da trabajo a millones de argentinos y moldea su humor político, no pasa su mejor momento.
¿Percibe el Gobierno esta dificultad? Sus convicciones ideológicas no lo ayudan demasiado. Ellos entienden que las reformas que impulsan suponen una suerte de “destrucción creativa”, según la famosa definición de Joseph Schumpeter. De tal modo que casi puede decirse que festejan los padecimientos de comerciantes e industriales que no encuentran una vía adecuada para mantener con vida sus empresas.
El Gobierno piensa que esta situación es, si no aplaudida, al menos aceptada como inevitable por el grueso de la población. Es decir, parece creer que seguramente conservará el voto de quienes no la están pasando bien. No podemos estar seguros de que será así.
Si Milei intentara acudir al habitual aflojamiento de las variables económicas, tan propio de los años electorales, correrá el riesgo de sacudones en el dólar y la tasa de inflación, con perjuicios probablemente mayores en el campo electoral.
Como fuere, la campaña electoral ha comenzado.
Analista político

