Entrevista. Rafael Bielsa: Estamos ante una política de bola de demolición

El excanciller, diplomático y escritor analiza cómo la erosión del orden internacional y la competencia geoeconómica moldean la seguridad global en un contexto de creciente fragmentación.

27 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Iván Ambroggio
Rafael Bielsa: Estamos ante una política de bola de demolición
Rafael Bielsa.

–¿Cuáles son hoy las principales amenazas a la seguridad internacional?

–El orden internacional posterior a 1945 transita por un contexto de erosión acelerada que ha dado lugar al surgimiento de una era de competencia marcada por la fragmentación, la confrontación y la pérdida de confianza en las instituciones multilaterales. Como señala el último Munich Security Report, estamos ante una política de bola de demolición, que prioriza el desmantelamiento de las estructuras existentes antes que las reformas graduales, en un mundo de tratos transaccionales, hegemonías regionales y creciente inseguridad. La cooperación se reduce por la fragmentación económica, expresada en guerras comerciales, sanciones, desacoplamiento tecnológico o reducción deliberada de la interdependencia en tecnologías críticas, disrupción de cadenas de suministro y proteccionismo, que en conjunto configuran la amenaza central de la confrontación geoeconómica. Los conflictos armados interestatales y las rivalidades entre grandes potencias frenan el avance de los esfuerzos diplomáticos. Mientras tanto, aumentan las presiones regionales lo que estructura gran parte de la inestabilidad global. Todo ello se ve agravado por el colapso del control de armas, en particular el nuclear: se calcula que existen unas 12.187 ojivas en el mundo. Finalmente, los ataques a infraestructuras críticas, los ciberataques potenciados por IA y las guerras híbridas completan un panorama en el que la multiplicación de las amenazas a la seguridad no está compensada por el fortalecimiento de las herramientas para administrarlas.

–¿Cómo ha cambiado el concepto de seguridad internacional desde el final de la Guerra Fría?

–Desde el final de la Guerra Fría (1989-1991) hasta la actualidad, el concepto de seguridad internacional pasó de un enfoque predominantemente militar, bipolar y centrado en el Estado a una concepción multidimensional, globalizada y humana, para luego centrarse nuevamente en la competencia entre grandes potencias, ahora complicada por nuevas tecnologías y amenazas híbridas. En consecuencia, ha experimentado una transformación profunda y multifacética. Durante la Guerra Fría, la seguridad internacional se definía casi exclusivamente en términos de disuasión nuclear, equilibrio bipolar (EE.UU. versus la Unión Soviética) y estabilidad territorial. Tras el optimismo liberal del momento unipolar estadounidense y el surgimiento de enfoques centrados en la seguridad humana que desplazaron el paradigma de la seguridad del Estado hacia la seguridad en y para las personas, los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto de inflexión: se impulsó la guerra global contra el terrorismo, se produjo una explosión de amenazas transfronterizas (como la pandemia de Covid-19) y se consolidó el concepto de seguridad multidimensional, que integra lo militar con lo económico, energético, migratorio y ambiental, junto con el auge del multilateralismo selectivo y las coaliciones ad hoc. Este período afianzó la idea de que la seguridad ya no dependía sólo de fronteras y ejércitos, sino también de la resiliencia de sistemas globales interconectados. Hoy, sin volver exactamente al modelo de la Guerra Fría, se observa un reciclaje del paradigma realista: competencia entre potencias, tratos transaccionales, proteccionismo y debilitamiento de las instituciones multilaterales.

–¿Estamos ingresando en una nueva etapa de bipolaridad entre Estados Unidos y China o en un sistema multipolar más complejo?

–El debate se centra en si predomina una bipolarización o una fragmentación más amplia, en la que múltiples actores (incluidas potencias intermedias) disponen de mayor agencia, es decir, un orden más complejo, híbrido y en transición. Los realistas observan un estrechamiento de la brecha de poder entre Estados Unidos y China, al tiempo que se amplía la distancia respecto de cualquier tercer actor. Otras perspectivas destacan, en cambio, un sistema más complejo o "multiplex". Estos analistas rechazan la noción de una bipolaridad pura y enfatizan la difusión de poder, la fragmentación y la emergencia de múltiples centros de influencia. En síntesis, cabría afirmar que en tecnología y en la rivalidad estratégica principal predomina la dinámica bipolar (EE.UU. versus China), mientras que en comercio, diplomacia y asuntos regionales prevalece una mayor multipolaridad, con roles crecientes de India, la Unión Europea, Brasil y otros actores.

–¿Qué impacto tienen las guerras en Ucrania y Medio Oriente sobre América latina y cuál debería ser el posicionamiento de Argentina frente a la competencia entre las grandes potencias?

–Las guerras en Ucrania y Medio Oriente generan impactos económicos mixtos y geopolíticos significativos en América latina, que no son simétricos: algunos crean oportunidades para los exportadores de commodities, mientras que otros agravan vulnerabilidades fiscales, inflacionarias y sociales. Argentina cuenta con un margen de agencia, aunque limitado por su tamaño, su dependencia económica y sus fragilidades macrohistóricas. Debería adoptar un posicionamiento pragmático y diversificado, no dogmático. Alinear con Estados Unidos en lo político-estratégico puede ser racional en este contexto, siempre que se preserve la soberanía nacional, no se sacrifique el margen económico con China ni se descuide la integración regional. El objetivo central debe ser maximizar la autonomía estratégica posible en un orden en transición, aprovechando el perfil exportador de Argentina para ganar resiliencia ante shocks externos como los generados por estas guerras.

–¿América latina ha logrado desarrollar una estrategia común frente a las amenazas transnacionales contemporáneas? ¿Qué importancia tiene la estadística en materia de seguridad?

–Empiezo por la segunda pregunta. La estadística no es suficiente por sí sola porque la seguridad también depende de voluntad política, calidad institucional, cultura ciudadana y factores socioeconómicos, pero es indispensable. Sin ella, se gobierna a ciegas, se gastan recursos ineficientemente y se pierde legitimidad. La clave está en datos confiables, auditables, oportunos y transparentes, complementados con análisis cualitativos serios. Un país serio invierte en su sistema estadístico de seguridad como inversión en gobernabilidad. En cuanto a la primera pregunta, hay retórica regional y cooperación táctica, pero no una planificación estratégica común madura. Esto deja a la región más vulnerable ante amenazas que no respetan fronteras.

–Durante su gestión en Sedronar, impulsó una mirada diferente sobre las políticas de drogas. ¿Qué balance realiza hoy de aquella experiencia?

–El organismo tenía una vocación por los espacios más vulnerables, por la cooperación multilateral y por la cuantificación de los fenómenos mediante estadística, todas iniciativas correctas en cuanto a modos de abordar el problema. Pasó más de una década desde entonces, y el transcurso del tiempo es un elemento que debe ser tomado en cuenta. Dicho esto, valoro aquella experiencia como algo positivo.

–¿Cómo evalúa la evolución del narcotráfico en la región y en la Argentina en particular?

–En la región, el narcotráfico está en expansión y transformación, porque hay más producción, más actores, más diversificación. En Argentina, hay mejoras operativas notables en incautaciones récord y operativos contra bandas, pero el problema se ha internalizado más en consumo y violencia focalizada, y persisten debilidades estructurales. Hasta donde sé, ningún país de la región ha logrado revertir la tendencia de fondo sólo con enfoques represivos. Una evaluación seria requiere mirar más allá de las incautaciones, que pueden subir por más oferta o mejor detección, y analizar el impacto real en reducción de oferta, demanda, violencia y capacidades criminales.

–Uno de los debates más intensos en Argentina es la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico. ¿Cuál es su posición sobre este tema? ¿Deberían remarcarse los límites entre defensa nacional y seguridad interior o son suficientes los que existen?

–Como en tantas otras materias, el problema doméstico no consiste en la falta de normas, sino en el incumplimiento de las existentes. En Argentina, el principio clave es que las Fuerzas Armadas no pueden participar en tareas de seguridad interior salvo en situaciones excepcionales, como catástrofes, emergencia grave declarada por el Presidente, y siempre bajo control civil. Es el juego entre la defensa nacional, regulada principalmente por la ley 23.554 de Defensa Nacional, de 1988, con reformas posteriores, y la seguridad interior, regulada por la ley 24.059 de Seguridad Interior, de 1992, y decretos complementarios como el 727/2006. Los límites son claros. En nuestra patria, hay individuos que prefieren discutir el número de desaparecidos y se olvidan de que la bifurcación defensa y seguridad se debe a los crímenes cometidos por la dictadura gobernante desde 1976 a 1983. Es como si se nos diera más fácil discutir que materializar; hablar antes que concretar.

Curso de Seguridad en la Católica

La Escuela de Posgrado de la Universidad Católica de Córdoba lanzó un curso de Posgrado en Seguridad que aborda temas de seguridad internacional y seguridad interior y contempla una serie de entrevistas a reconocidos expertos. Aquí un extracto de la entrevista a Rafael Bielsa, quien fuera canciller, embajador, diputado y titular de la Sedronar en Argentina. La realizó Iván Ambroggio, director y docente del curso “Seguridad: Estrategias Inteligentes para Nuevas Amenazas”. Consultas e inscripciones: [email protected]