Debate. La ideología, desde los escombros

Frente a la desgracia, se espera que los líderes muestren su verdadera naturaleza; entre promesas de ayuda y juegos políticos, la sinceridad es clave.

27 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
La ideología, desde los escombros
Trabajadores caminan frente un edificio derrumbado luego de que se registraran dos terremotos, en Caracas, Venezuela.

En el escenario de la tragedia, se verán verdades irrefutables. Entre los escombros, saldrán revelaciones sobre la naturaleza de los líderes que gravitan sobre Venezuela.

Si muestra inteligencia y capacidad de mando para socorrer con eficacia a decenas de miles de familias que quedaron a la intemperie, Delcy Rodríguez podría construir el liderazgo que no tuvo ni tiene. Y Donald Trump mostrará si existe en él, aunque sea mínimamente, el interés por ayudar al pueblo venezolano del que tantas veces habló y que hasta ahora no ha probado en absoluto; o si se aboca, como lo intenta en la Franja de Gaza, al oceánico negocio inmobiliario de la reconstrucción.

También los gobernantes de la región tienen que mostrar sensibilidad y capacidad para socorrer a una sociedad hundida en la catástrofe.

Javier Milei acompañó el anuncio de ayuda humanitaria que hicieron todos los mandatarios de las Américas con un mensaje en el que sobraban algunas palabras.

El comunicado oficial que anunció el envío de ayuda desde Argentina aclaraba que el Gobierno actúa “más allá de las diferencias existentes” con el régimen venezolano.

Toque político poco indicado

Frente a las catástrofes naturales que causan cifras gigantescas de muertes y hunden a poblaciones en la tragedia y la desolación, los mensajes normalmente no contienen ese tipo de señalamiento político. Si el gobernante no se da cuenta solo, el servicio exterior se lo hace ver a tiempo.

Aquí eso no ocurrió y Milei envió un mensaje con toque político al escenario menos indicado. La pregunta es a quién está dirigida esa aclaración absurda. ¿Al actual régimen venezolano o al anterior a la captura de Nicolás Maduro?

Por cierto, el anterior y el actual son el mismo. La única diferencia es de dimensión oceánica. La diferencia entre el anterior y este está en quién es el dueño final de las decisiones. En el anterior, era Maduro; en este, es el presidente de Estados Unidos.

En rigor, todos los mensajes políticos de Milei al exterior tienen por destinatario al líder que venera. Todos buscan halagar a Trump o mostrarle afinidad política. El problema en este caso es que el régimen del cual se diferenció en el mensaje oficial existe por decisión de Trump.

Fue el magnate neoyorquino que lidera el ultraconservadurismo global quien decidió que Delcy Rodríguez fuera la presidenta de Venezuela y que el régimen residual chavista fuera su socio en el negocio petrolero.

En la Casa Blanca se decidió que conservara su puesto la facinerosa nomenclatura cuya represión causó cientos de muertes y colmó las cárceles de presos políticos, además de generar una diáspora de dimensiones bíblicas.

Diferenciarse con lo que visiblemente es un régimen títere del líder norteamericano fue negligente, además de estar de más en el escenario de una catástrofe natural y su consecuencia: una descomunal tragedia humanitaria.

Acto de negligencia

En un escenario colmado de escombros, muerte y desolación, los mensajes oficiales que llegan desde el exterior nunca tienen entrelíneas políticas. Sería una inmoralidad. Y en el caso del que firma Milei, también es negligente, por ser un mensaje sin destinatario.

Las palabras que el Presidente y su hermana agregaron para, como siempre, mostrar afinidad con Trump esta vez podrían molestar al hombre que corrió a María Corina Machado de Venezuela y convirtió al régimen en su virreinato. Un miserable virreinato en el que mantienen sus cargos y sus sueldos personajes de la calaña de Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, además de la mujer cuya única ventaja sobre la líder opositora para ser la elegida de Trump es que no hirió su ego delirante ganando el premio Nobel de la Paz que él tanto y tan absurdamente quería y creía merecer.

María Corina Machado perdió el favor de Trump cuando ganó el Nobel, y de nada le sirvió a esta el servilismo indigno de regalarle el diploma y la medalla que simbolizan a la distinción nórdica. Un caballero o cualquier líder medianamente inteligente habría rechazado ese regalo diciéndole “le agradezco su gesto, pero a esta distinción la ha ganado usted muy merecidamente”.

Pero el líder conservador se la quedó y la exhibió fotografiándose con el diploma y la medalla como si fuese Messi levantando la Copa en el Mundial de Qatar; o sea, como si la mereciera.

En fin, un párrafo más en el capítulo más bochornoso de la democracia norteamericana, tan misógino y ruin como el que lo muestra diciendo sobre la premier italiana Giorgia Meloni: “Me suplicó una foto conmigo y, como me dio lastima, se la di”.

Hay que ser muy negligente y ruin para no darse cuenta de que semejante bajeza daña más a su autor que a la víctima de su vileza.

Periodista y politólogo