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Por qué discuten el Mercosur y la Unión Europea

La UE empezó a prestar más atención al resto del mundo, sobre todo a América latina, donde no sólo tiene inversiones sino también a uno de los pocos lugares que le compra más mercadería año tras año. Gustavo Scarpetta.

10 de febrero de 2013 a las 12:03 a. m.
Gustavo Scarpetta (Docente de la UNC y la UCC)
Por qué discuten el Mercosur y la Unión Europea

Las exportaciones europeas a países del Mercosur eran de 28 mil millones de euros en 2007 y pasaron a 45 mil millones en 2011. Se espera un récord para el presente año. Europa no ve crecer sus exportaciones a nivel general. La Unión Europea (UE) tiene una característica que no se repite en ningún otro bloque: el comercio entre los socios abarca tres de cada cuatro euros vendidos, y sólo el euro restante es destinado afuera de la Unión.Con gran parte de los socios en crisis, la UE empezó a prestar más atención al resto del mundo, sobre todo a América latina, donde no sólo tiene inversiones sino también a uno de los pocos lugares que le compra más mercadería año tras año.En medio de una situación recesiva o de nulo crecimiento, Europa necesita compradores; de allí la importancia que le da a la negociación con el Mercosur, además de haber viajado todos los presidentes a la reunión en Chile, entre la Celac y la Unión Europea. Subsidios. La Unión Europea tiene una política agrícola común por la cual reparte subsidios a los productores agrícolas por una cifra cercana a los 70 mil millones de dólares, y se pronostica que serán 65 mil millones anuales en los próximos cinco años. Esto genera una baja en los precios internacionales de ciertos productos. Aunque la Organización Mundial de Comercio acordó su descenso, poco de eso ha ocurrido. El Mercosur reclama por tal disminución y también su eliminación. Estos subsidios son parte fundamental del funcionamiento de varios de estos países, como por ejemplo Francia, que tiene un importante sector agrícola, que vive en el interior. Si los subsidios se terminaran, existiría un éxodo desde el campo hacia las ciudades que complicaría el desarrollo.El equilibrio entre el sector rural y de ciudades es importante, y para muchos es un símbolo de desarrollo. Contrario a lo que puede pensarse, el exceso de población urbana no es positivo en un país, ya que implica hacinamiento, mayor necesidad de infraestructura vial, problemas de transito, contaminación, etcétera.¿Cómo pueden ambos bloques negociar, entonces? El Mercosur quiere la eliminación de subsidios. La UE, que se bajen los aranceles a sus productos y se brinde seguridad a sus inversiones. En esa situación quedó el intento de acuerdo desde su comienzo, y poco y nada se avanzó desde entonces. Cambios significativos. Cuando se largaron estas negociaciones, el contexto económico mundial era bien diferente. América latina estaba en pleno proceso de la década de 1990, marcada por una fuerte apertura económica, muchos países registraban interesantes porcentajes de crecimiento y su comercio nacional e internacional estaba desarrollándose. Por el otro lado, la Unión Europea acababa de firmar el Tratado de Maastricht, de donde deviene la unión monetaria, y finalmente vio surgir al euro al terminar la década.En términos económicos, a mediados de 1990 todo se mostraba positivo para un acuerdo entre el Mercosur y la Unión.El tema ideológico no generaba mayores debates, ya que se vivían tiempos donde la discusión sobre la importancia del comercio era vital, y estaba acompañada por el proceso globalizador, que era discutido de manera minoritaria.Al final de esa década, esto ya había cambiado totalmente. Los movimientos antiglobalización habían provocado un gran impacto en el encuentro de Seattle de la Organización Mundial de Comercio (OMC). De alguna manera, esas manifestaciones marcaron un hito y revelaron la aparición de corrientes de pensamiento que mostraban otra forma de analizar lo que estaba pasando con la economía en el mundo.En paralelo, Europa y América latina comenzaban a vivir unos procesos económicos bien diferentes. América latina empezaba a disfrutar de los altos precios de los productos que exportaba, y del fuerte crecimiento de China, mientras que Europa comenzaba a ver como el euro –ese proyecto estratégico– complicaba sus exportaciones y su turismo, e impactaba de forma negativa en las cifras de empleo, que llevaron al bloque a la crisis actual. Difíciles diferencias. Las nuevas negociaciones entre América latina y la UE se desarrollan hoy en un marco bien diferente. Europa está en crisis, sin luz al final del túnel. El desempleo golpea en esencia a España y Grecia, aunque son más los países que tienen tasas muy distintas a los promedios que supieron exhibir en otros tiempos. Si el potencial acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur no prosperó en la década de 1990, con un marco ideológico común e ideas similares en los gobiernos, y tampoco lo hizo mientras ambas regiones estaban económicamente bien y en crecimiento, aunque distanciadas en la ideología, sería muy extraño pensar y pronosticar que sucediera ahora. Es poco factible que sucediera en medio de la severa crisis que atraviesa la Unión Europea y las diferencias ideológicas mostradas en la cumbre entre los países del Mercosur, principalmente de Venezuela y Argentina con el resto, mediante posturas poco proclives a una liberación amplia del comercio.En este contexto, reitero, un acuerdo Mercosur-UE resulta poco probable en el mediano plazo.