Tiroteo escolar. Qué puede haber detrás en la historia de un ataque múltiple

La masacre de San Cristóbal puede ser analizada desde la psicología forense como un proceso que hoy se potencia con el acceso irrestricto a contenidos violentos en redes y en foros.

02 de abril de 2026 a las 12:04 a. m.
María Florencia de Gaetano
Qué puede haber detrás en la historia de un ataque múltiple
San Cristóbal tras el tiroteo en la escuela: duelo, conmoción y reclamos de respuestas

El reciente y trágico ataque en una institución escolar en Santa Fe, que terminó con la vida de un joven de 13 años y dejó múltiples heridos, no es sólo un hecho policial. Es un síntoma de una dinámica psíquica y social que las ciencias de la conducta deben comprender para abordar “su lógica”, sin que esto implique una justificación del acto.

Un evento así resulta inconcebible, y por eso difícilmente nos pasa por la imaginación que un conocido o compañero planee una acción de esta gravedad. Por eso, cuando las víctimas perciben el peligro, normalmente ya es demasiado tarde. Se abren así muchos interrogantes frente a lo incomprensible. Aunque la ejecución parezca un estallido de furia, la psicología criminal sugiere que rara vez se trata de un acto puramente impulsivo.

El uso de un arma de fuego y la ejecución de al menos cuatro disparos revelan una intencionalidad múltiple, más allá del resultado final. Lo que define este comportamiento es la disposición a dañar a varias personas en un mismo episodio de violencia.

En este escenario, quien realiza el acto no selecciona víctimas individuales por quienes son, sino por lo que simbolizan. Al disparar de manera indiscriminada en una institución escolar, el sujeto está atacando a la institución misma y a la identidad que esta le devolvió.

Posiblemente estamos frente a un individuo que ha decidido que su “caos personal” sólo puede resolverse mediante un caos social externo. Su intención suele ser generar una masacre que actúe como un punto de inflexión biográfico, que transforme su percepción de "víctima" en la de un "victimario poderoso”.

Si bien no hay un único perfil y cada sujeto debe ser analizado en su individualidad y su contexto familiar y social, y las metas que persiguen con sus actos pueden variar o incluso ser complejas, para el autor Vicente Garrido (2012), estos actos suelen nacer de una situación de profunda desestabilización: un agravio o humillación intensa.

La vida del individuo entra en una espiral descontrolada; siente que vive una tragedia personal. La violencia extrema aparece como forma de enfrentar situaciones críticas, y dispara una tensión acumulada por años de resultados insatisfactorios para el individuo en sus relaciones personales y sociales.

La tensión finaliza cuando se llega a “una última solución” que termina con todo lo que angustia al sujeto.

Santa Fe. Ian Cabrera, de 13 años, falleció este lunes en el tiroteo en San Cristóbal. (TN)
Santa Fe. Ian Cabrera, de 13 años, falleció este lunes en el tiroteo en San Cristóbal. (TN) (TN)

Contrario a la creencia común, desde la psicopatología forense los desórdenes graves de tipo psicótico representan sólo a una minoría en casos como estos. En la mayoría de estas conductas, hallamos una rigidez cognitiva y emocional: formas de funcionamiento poco flexibles ante los conflictos interpersonales, que sumadas a estados de ánimo deprimidos, anulan cualquier capacidad de resolución saludable.

La investigación en psicología criminal, a través de casos emblemáticos de tiroteos en escuelas, permite identificar una secuencia de diversas etapas críticas posibles en la biografía de quien comete el acto.

En la primera, el joven experimenta o percibe severas frustraciones en su infancia o adolescencia, provenientes tanto de su familia como de su ámbito escolar o social. Puede comenzar a aislarse o al menos sentirse “distinto”, tratado de forma injusta, y sufre su autoestima.

A medida que crece, la presión social por tener una imagen exitosa choca con su realidad, aumentando el estrés y la sensación de pérdida de control, algo que deviene cada vez más frustrante.

Ocurre un suceso o la acumulación de los mismos, que el sujeto define como devastador para su integridad emocional; una herida narcisista final que actúa como detonante. Para restaurar su dignidad, el sujeto comienza a fantasear con la violencia. Esta idea deja de ser un pensamiento vago para convertirse en un plan premeditado que busca transformar la fantasía en realidad.

San Cristóbal: emotiva despedida a Ian Cabrera en su club tras el tiroteo en la escuela
San Cristóbal: emotiva despedida a Ian Cabrera en su club tras el tiroteo en la escuela ((Foto: gentileza Aire Digital))

El proceso concluye cuando el joven, armado convenientemente, concreta el ataque múltiple en el entorno educativo, en procura de un cierre definitivo a su malestar.

Un concepto interesante para analizar estos sucesos también es el de “masacres íntimas”. Se habla de “íntimas” porque el lugar elegido tiene un sentido vinculado a la biografía del sujeto; espacios que contienen una versión de su identidad asociada al fracaso y la impotencia.

Al atacar, buscan una transformación irreversible: negar su pasado de forma definitiva. No hay una orientación hacia el futuro; se trata de una “solución final”. Quien comete el acto sabe que terminará muerto o privado de su libertad, pero el ataque, para él, garantiza que su futuro no será igual a su pasado.

Ante una identidad que sufre, el sujeto necesita un nuevo relato. Su identidad se rehace y permite imponer su fantasía sobre una realidad que le disgusta profundamente, con lo cual acaba con su caos existencial mediante el crimen.

Este proceso de percepción y sufrimiento individual no ocurre en el vacío. En la actualidad, se ve reforzado por el ecosistema digital: el acceso ilimitado a contenidos violentos y la existencia de foros que validan el resentimiento social. Las redes sociales pueden funcionar como una caja de resonancia donde el sujeto encuentra un “espejo” de su propia furia o malestar.

El caso de San Cristóbal, en Santa Fe, conmueve al país.
El caso de San Cristóbal, en Santa Fe, conmueve al país. (Gentileza El Litoral. )

El entorno digital y el consumo constante de violencia actúan como catalizadores. Las redes sociales no sólo ofrecen modelos de actuación, sino que brindan una plataforma de visibilidad que seduce a ciertas personalidades vulnerables; el paso de la invisibilidad al protagonismo se ve facilitado por una cultura que espectaculariza el horror.

Un aspecto crítico que no debemos soslayar desde la salud mental es el riesgo de imitación o contagio. La literatura científica indica que el tratamiento y la forma de difusión de estos hechos en los medios y las redes sociales pueden servir de inspiración para otros sujetos que se encuentran en situaciones similares.

Es aquí donde la prevención y el abordaje multidisciplinario deben abandonar el enfoque reactivo para volverse proactivo, sumado a una responsabilidad comunicacional y de educación.

La autora es especialista en Psicología Jurídica; magíster en Psicología Criminal; docente Universidad Siglo 21