Pensar la infancia. Oportunidades imperdibles
La emoción vivida tras la final mostró que las derrotas pueden ser una oportunidad para aprender y crecer, tanto en el deporte como en la vida.
Durante la infancia, territorio fértil por definición, cada oportunidad para crecer y madurar constituye un tesoro por cuidar.
Esto no significa que otras etapas de la vida carecen de oportunidades, sino que las experiencias de la niñez y adolescencia, por tempranas, suelen impactar más y mejor.
Hace apenas una semana, la selección argentina de fútbol fue derrotada en el partido final del campeonato. Muchos niños y adolescentes quedaron desolados.
Para algunos significó la primera gran frustración (¡qué bueno sería que todas sus derrotas fueran deportivas!).
Y sí, la final causó gran tristeza en todos, pero a la vez significó la oportunidad para comprender que no siempre se obtiene el resultado esperado. En el fútbol y en la vida.
Igual de tristes, los adultos acompañaron a los chicos como pudieron. Muchos usaron frases como "no es para tanto…" o "es sólo un partido…", en el intento de que “no sufran”.
Sin embargo, toda emoción humana pierde su beneficio cuando se la intenta corregir o negar. Invalidar una emoción (esperable, natural) sólo consigue empobrecer la experiencia y prolongar el lamento.
En ese sentido, la tristeza futbolera debería tener un cauce abierto; hacer legítimo lo que se siente. Ya habrá tiempo para pensar qué se aprendió y cómo encarar el futuro.
Esta oportunidad fue excepcional porque, de manera simultánea, la población en su conjunto descubrió (o confirmó) que las derrotas permiten crecer. Y que el acompañamiento a los niños incluye no engañarlos prometiendo un camino sin tropiezos ni obstáculos.
Todos queremos que sean felices, pero transmitir que la vida es sólo disfrute sería mentirles. Sólo de las frustraciones se sale más entero/a.
Y a propósito de infortunios y reveses, vale diferenciar el significado de frustración y de fracaso. La primera es indispensable; el fracaso, tal vez, sea no haberlo siquiera intentado.
Entonces, bienvenidos las frustraciones, los desengaños y las decepciones, porque, acompañados con la verdad, podrán transformarse en experiencias valiosas.
Y los chicos, en personas menos frágiles.
Si destinan su tiempo a lo importante –jugar y aprender– con libertad y poca presión externa, aprenderán enseguida que, al competir, siempre aprenderán algo. Ganen o pierdan el partido.
Una escondida, pero no final oportunidad surgió ante la escandalosa marea de expresiones lanzada en redes, mezcla de envidias, burlas, posturas políticas extremas, racismo y nacionalidad.
Cada adulto tiene hoy la chance de aclarar conceptos y valores con sus chicos. Sin ocultamientos ni apagando pantallas, pero sí con opinión.
Otros álbumes que acercan
El finalizado Mundial de fútbol dejó, entre muchas experiencias, la maravillosa pasión por los álbumes de figuritas.
Chicos y no tan chicos dedicaron tiempo y esfuerzo para reunir montones y canjear las repetidas. Los recreos escolares volvieron a ser encuentros, como algunos puntos elegidos en cada barrio.
Más allá de su intención comercial, las figuritas devolvieron a muchos chicos el juego, y con ello memoria, motricidad fina y la capacidad de gestionar trueques justos.
Sería una pena esperar cuatro años hasta que aparezcan de nuevo.
¿Es posible pensar en otros álbumes que sostengan lo logrado?
Por ejemplo, un álbum con imágenes de los compañeros de grado, o de curso. Otro álbum de familia –en formato genealógico– que, además de estimular la búsqueda, el canje y el juego, aporte identidad.
En algunos colegios y hogares, la idea ya está en marcha.
(Oportunidades como esta no aparecen todos los días).
Médico pediatra

