Economía argentina. Por qué la mejora de la macro no llega a la micro
A pesar del control efectivo de la inflación y del equilibrio fiscal, innecesarias torpezas políticas ralentizan el proceso y retrasan el bienestar esperado.
Hace tiempo que los argentinos venimos con la preocupación de que las mejoras que se observan en la macroeconomía no se trasladan a la micro; es decir, a las familias, a los comercios y a la mayoría de las empresas.
Este es un fenómeno que no es exclusivamente nuestro: es un comportamiento de manual en cualquier país con las circunstancias por las que hoy atravesamos.
Los efectos de este singular comportamiento se ven reflejados, en primer lugar, en la inflación, ya que si bien los índices mensuales bajan, los precios no descienden. A partir del 10 de diciembre de 2023, los niveles inflacionarios descendieron desde un 211% anual, aproximadamente, al 31% actual. Y esto revela que los precios siguen aumentando, aunque de manera mucho más lenta.
Para el común de los ciudadanos, la alimentación se mantiene cara, los servicios (agua, electricidad, gas, transporte, etcétera) continúan altos y ajustándose, y los salarios recuperan su poder adquisitivo de modo más lento que la inflación. Debido a estas circunstancias, la sensación cotidiana sigue siendo de dificultad económica.
Un proceso largo y difícil
Este proceso es inevitable al principio del plan, al menos por un buen período, principalmente porque el ajuste fiscal, es decir, las menores erogaciones del Gobierno, reducen la actividad en el corto plazo: disminuye la obra pública, se frenan las contrataciones y se congelan las inversiones.
Si bien estas medidas ayudan a nivelar y ordenar las cuentas, en un comienzo generan menos ventas en el mercado de consumo y, por ende, menos empleo, menos oferta o producción, y de manera concomitante, menos circulación del dinero (mercadería escasa).
Los salarios van reaccionando con retraso, porque la estabilidad económica suele llegar antes que la recuperación del ingreso real de los trabajadores. Primero, tiene que bajar la inflación, estabilizarse el valor de la moneda y mejorar las cuentas públicas (léase, el balance del Banco Central).
Es normal que todo este proceso dure un tiempo que, para las necesidades de la gente, se torna largo y angustioso.
Disparidad entre sectores
A la par, las empresas no invierten de inmediato por más que observen algunas mejoras en los indicadores macro. Necesitan comprobar de manera fehaciente que la estabilidad se mantiene en el tiempo, que los valores de las divisas no provoquen cambios bruscos y, fundamentalmente, que existe una demanda sostenida en la compra de sus producciones. Por todo esto, la inversión llega, pero con retraso.
Otro factor importantísimo –relacionado con la inversión, el empleo y la producción– es que retorne el crédito, a través de hipotecas para financiar viviendas y bienes durables, asistencia para las empresas y también financiamiento para el consumo. Argentina viene de muchos años de enorme inflación y altísima inestabilidad financiera.
No hay progreso en el mundo sin un sistema financiero grande, fuerte y sólido, y este proceso lleva mucho tiempo construirlo.
En la aplicación de este plan, que no implica ni más ni menos que disminuir el gasto e incrementar la producción (como lo sería en cualquier familia o empresa donde los gastos superan a los ingresos), existen sectores que ganan y otros que pierden.
La mejora macro no beneficia a todos al mismo tiempo. En nuestro caso, los sectores exportadores, la energía, la minería y el agro suelen reaccionar antes, mientras que el comercio minorista, la construcción y algunos servicios suelen tardar más.
De allí las dispares situaciones entre empresas y personas. La estabilidad es condición necesaria para el crecimiento, pero no garantiza una mejora inmediata en la calidad de vida de toda la población.
Las torpezas que conspiran
Hay un sector de la ciudadanía que así lo entiende. Sostienen que realmente hay menor inflación; que desde el primer mes existe equilibrio fiscal; que se emite mucho menos; que el riesgo país desciende desde los 1.930 puntos básicos de diciembre de 2023 a los 450 de hoy, y que no existe brecha cambiaria, como antes, lo que daba lugar a situaciones de corrupción y pérdidas de riquezas nacionales.
Hay también quienes –por razones ciertas, ya que soportan menor calidad de vida o porque integran grupos con intenciones políticas partidarias– esgrimen que la micro no mejoró (lo cual es verdad) por la caída del consumo, de los salarios y de las jubilaciones, por la menor actividad de muchos sectores y por la real sensación de una leve pero prolongada pérdida del poder adquisitivo de los ingresos.
Ambas observaciones son ciertas, pero también es verdad que los desequilibrios –por no decir las barbaridades– que las distintas administraciones venían causando eran preocupantes, caóticos y peligrosos. Con sólo administrar el país con eficiencia y dignidad, nadie debería sufrir necesidad alguna.
Admitimos que puede ser común un tiempo importante para que los avances se vuelquen naturalmente hacia la gente, fuerzas del mercado mediante, pero también hay que decir que ese tiempo se está prolongando más de lo normal porque, a la par del esfuerzo en lograr la estabilidad y el subsiguiente progreso, este se ve lamentablemente afectado por una serie de innecesarias torpezas políticas que ralentizan, que frenan semejante esfuerzo.
Licenciado en Ciencias Económicas y exprofesor de la UNC

