Manuel Adorni El coleccionista y sus problemas
Hoy somos testigos de funcionarios que relatan y practican su ilegalidad a cara descubierta, a pleno sol y rodeados de sus privilegios de poder. Pocas veces la democracia argentina fue testigo de semejante puesta en escena delictiva.
Los impuestos son un robo, porque las comunidades políticas no existen y lo público, por ende, forma parte de una ficción de la casta. Los individuos y sus intereses deben primar, y nada ni nadie debe interponerse para que puedan lograr sus objetivos y expandir su creatividad.
El Estado, ese Ogro Filantrópico, parafraseando el título de un ensayo del mexicano Octavio Paz, debe desaparecer, yacer en los fondos de la tierra, eliminando así sus tentáculos infames. Es imprescindible no darle nada. Tampoco explicarle cosas. ¿Para qué tentar sus fauces insaciables? Todo es válido para evitarlo: ocultar, simular, burlar su mirada inquisidora y desacreditar a sus agentes.
Los orígenes del Estado se remontan al Neolítico, cuando fue necesaria una nueva construcción social para planificar y distribuir tareas, y también para organizar lo que pertenecía al conjunto.
De allí fue evolucionando y convirtiéndose en algo más complejo. Y, claro, las discusiones en torno de él y sus funciones siempre fueron parte central de la discusión política.
Puesta en escena delictiva
Lo novedoso del mundo y la Argentina actual es que quienes lo administran censuren sus funciones y no cumplan sus exigencias. Ellos, que deberían hacer cumplir las leyes, y la Justicia, luego, que debería castigar a quienes no lo hagan.
Hoy somos testigos de funcionarios que relatan y practican su ilegalidad a cara descubierta, a pleno sol y rodeados de sus privilegios de poder. Pocas veces la democracia argentina fue testigo de semejante puesta en escena delictiva, protegida por la nueva casta digital.
En el discurso actual, se escucha una y otra vez el desprecio por la cosa pública, que no es otra cosa que el desdén por lo que la sociedad supo construir a lo largo de décadas, con dificultades, pero también con grandes aciertos.
Los promotores de esta nueva era tergiversan y manipulan los sentidos de la democracia como forma de convivencia y los pactos sociales construidos a lo largo de los siglos, para sostener a los gobiernos resultado del voto popular. Uno de esos acuerdos es la existencia de una burocracia al servicio del conjunto. Otro: un sistema impositivo justo para sostener y mejorar lo que pertenece a todos.
Manuel Adorni, el coleccionista de computadoras, según contó en una entrevista con La Nación+, ejemplifica todo lo que decimos.
Con su ego devaluado y sus burlas acalladas, aparece en el centro de la arena política como un inversor formidable que no convence a nadie, y al mismo tiempo se escuda en leyes que protegen a quienes evaden y ocultan. Un arribista vanidoso, que parece tener los días contados.*Periodista
*Periodista.

