
Bornoroni-Juez, un acuerdo local que debe pasar el tamiz de los Milei
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Redacción La Voz
¿Y si Luis Juez finalmente es candidato a intendente de Córdoba? ¿Alguien puede descartar, a esta altura, que aun sin quererlo Rodrigo de Loredo termine compitiendo el año próximo por el mismo sillón capitalino que le fue esquivo dos veces? ¿Por quién se inclinarán Martín Llaryora y Daniel Passerini para sostener la principal ciudad de la provincia? ¿Es cierto, como sospecha una parte del oficialismo, que si las elecciones fueran hoy el elegido sería el ministro Juan Pablo Quinteros? ¿El partido de los hermanos Milei sólo priorizará en Córdoba la candidatura provincial de Gabriel Bornoroni?
La Provincia es el principal espacio de poder que estará en disputa el año que viene, pero la Capital es un premio apetecible para cualquiera que pretenda escalar hasta la máxima jerarquía ejecutiva provincial. No es cierto que sea una silla eléctrica. Sí es un trabajo de riesgo, como muchos otros. Pero, bien usado, es un enorme trampolín que puede impulsar hacia arriba a los buenos gestores, como también hundir a los malos administradores. Al respecto, hay en Córdoba ejemplos de ambos tipos.
Todo lo que digan los actores políticos en este tiempo de posicionamientos es relativo.
La especulación es inherente a la actividad política. Es el modo a través del cual, por ejemplo, los políticos construyen escenarios hipotéticos –a veces, sin evidencia alguna– para influir en la opinión pública, generar conversación, legitimar decisiones o simplemente actuar evitando mostrar sus verdaderas intenciones. La especulación, entonces, es una herramienta que precede a la estrategia.
El sistema político cordobés comienza a despertarse de cara a la renovación de cargos que operará el año que viene, vaya a saber en qué fechas. Lo único en lo que hay coincidencias es en que la elección capitalina será desdoblada y posterior a la provincial, como sucedió en 2023. En las últimas semanas, se aceleraron lanzamientos de dirigentes inquietos por encontrar la próxima liana que los mantenga en el aire otros cuatro años. La ansiedad de los políticos suele “machear” con la desesperación.
En paralelo, la semana estuvo atravesada por un nuevo ajuste presupuestario que activó el gobierno de Javier Milei en pos de conservar el equilibrio fiscal, piedra angular del modelo libertario. Hay más recortes en salud y en educación, entre otras áreas clave de la gestión. El impacto incluye a programas para Córdoba.
Los nuevos hachazos coincidieron con la previa de una nueva serie de protestas –la cuarta desde que gobierna Milei– contra el desfinanciamiento de la universidad pública. El reclamo es ahora por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada con amplio respaldo el año pasado pero no aplicada por Milei.
Después de varios recursos judiciales, la Corte Suprema tiene la última palabra. Cientos de miles en todo el país le pidieron el martes que despertara y decidiera rápido. Córdoba volvió a exhibir un respaldo monolítico para ese bien público que es la Universidad. Y en ese contexto Llaryora volvió a marcar diferencias con la gestión libertaria.
En San Francisco, el gobernador anunció un refuerzo de $ 2 mil millones para el funcionamiento de las escuelas técnicas en la provincia. La Nación derogó de la ley específica la obligación de financiar estas casas de estudio y todo quedó librado a la discrecionalidad. En la práctica, los fondos dejaron de llegar.

Si bien es plata que debe poner en momentos en que los ingresos caen, la indiferencia nacional en materia educativa le abre oportunidades a Llaryora. Es algo que comenzará a ser cada vez más común, intenso y subrayado por parte del Panal.
La fuerte presencia de dirigentes del peronismo en la marcha universitaria –con la senadora Alejandra Vigo a la cabeza– muestra esa línea de acción. Del otro lado quedó una oposición incómoda, especialmente la de los radicales, que fueron minoría en las calles, a contramano de su historia en este rubro.
Mientras el PJ marchaba, De Loredo subió una historia a Instagram en la que resaltó el valor del financiamiento educativo y de la meritocracia, aunque sin mención explícita al recorte universitario de Milei.

El juego de contrastes que propone el Panal exhibe la estrategia central que desplegará Llaryora para retener el poder el año próximo: contraponer modelos. Es el menú que servirá en varios pasos en los meses que vienen. Lo hará apalancado en la gestión, considerada puertas adentro como el primer valor diferenciador ante los opositores ligados a Milei. Más allá del esfuerzo, la pregunta incómoda que muchos se hacen es si eso será suficiente para volver a ganar.

“Cuando nos centramos en la gestión, nos focalizamos en los problemas de Córdoba y aportamos soluciones, nos va bien. Ahora, cada vez que asomamos la cabeza en la escena nacional, terminamos golpeados”, reconoce un integrante del gabinete llaryorista sobre los límites de la cancha en la que juega el oficialismo provincial.
Aun en momentos en que no se detiene la caída del apoyo cordobés a Milei, hacia adentro del Gobierno hay voces cautelosas que aconsejan no apartarse del manual básico del peronismo mediterráneo: centralizar todo en el pago chico y concentrarse en la retención del poder provincial y capitalino. Nadie desconoce que las aspiraciones nacionales de Llaryora exceden los límites provinciales, pero deberán esperar.
Con ese plano de acción general definido, en el Panal hay un tablero activado y un cronograma de acción. Se sintetiza en un plan que busca optimizar recursos y focalizarlos. En esa hoja, hay un esquema sencillo. El foco estará puesto en los 80 barrios más importantes de la Capital, en el cordón conurbano del corredor de Sierras Chicas y en las 20 ciudades principales de la provincia. Esa es la cancha en la que desplegará su poder de fuego Llaryora para conservar el poder.
Los últimos días mostraron esa dinámica, con fuerte presencia del gobernador en el interior, que se complementará con una aceleración de las acciones en la Capital. “Lo más fuerte en la ciudad se comenzará a ver después del Mundial”, coinciden en el Panal y cerca de Passerini.
Mientras Llaryora acrecienta las diferencias con Milei como espejo de lo que podría ser un gobierno de ese signo en Córdoba, hay un desafío bien local que amenaza con marcar simbólicamente la capacidad de la ya golpeada gestión del peronismo en la Capital: la regulación de los llamados “naranjitas” en la ciudad.
El peronismo se vio obligado a ensayar respuestas ante un planteo explotado por algunos opositores desde hace años y para el cual la gestión capitalina no tuvo respuestas hasta ahora.

Es la otra economía “naranja” a la que el peronismo no le encontró la vuelta. Lejos de los flashes, la popularidad y el impacto de los grandes eventos deportivos y culturales y su tracción positiva para la economía, Passerini (y también Llaryora) necesita encarrilar algo que el propio municipio admite que se desmadró.
La problemática reverdeció por el deterioro social general, no achacable a Llaryora ni a Passerini. Sin embargo, sí es responsabilidad total del municipio no haber operado sobre ese desborde para contenerlo y evitar que creciera.

La ordenanza que prohíbe el cobro por parte de cuidacoches fue aprobada por el Concejo Deliberante y es el complemento legal del nuevo Código de Convivencia provincial que empezará a regir el 26 de mayo. Los “naranjitas” de antes serán ahora “constatadores”. Personas que, según se interpreta de la letra fría de la nueva normativa, no deberían siquiera interactuar con los automovilistas.
¿Será así en la práctica? ¿Una cultura arraigada durante décadas, que les dio poder en las calles hasta superar el umbral de la extorsión, se extinguirá por efecto de una ordenanza? Passerini cree que es posible. “Nadie deberá pagar para que le cuiden el auto”, lanzó, seguro, consultado en La Voz en Vivo.
Es su próximo gran desafío. También el de Llaryora. Y el de Quinteros, al frente de la Policía, pieza clave en la respuesta de control por parte de la fuerza. El intendente volvió a levantar la voz en contra de Milei. Sabe, de todos modos, que los cordobeses lo juzgarán por otra cosa.
El problema de los “naranjitas” no es el más grave que enfrentan Córdoba y la Capital. Pero sí uno de los más visibles. Y en política, muchas veces, lo visible pesa tanto o más que lo estructural. Por eso, para Passerini y para Llaryora, ordenar esa otra economía “naranja” implica bastante más que resolver un conflicto callejero: supone intentar recuperar una idea básica de autoridad en una ciudad donde demasiadas cosas parecen haber quedado libradas a su propia lógica.
En tiempos de malestar económico y desconfianza política, incluso una problemática aparentemente menor puede convertirse en un termómetro de gestión. Y, también, en un símbolo de época.