La lealtad de los hispanos
Son hispanos, jóvenes e influyentes. Ricardo Trotti.
Son hispanos, jóvenes e influyentes. Julián Castro y Marco Rubio fueron reconocidos con puestos de honor (y conveniencia) en la convención demócrata y en la republicana, por representar a la nueva generación de una fuerza hispana de 52 millones de habitantes, que cada año gana mayor peso en la política estadounidense. Castro, alcalde demócrata de San Antonio, de ascendencia mejicana, y Rubio, senador federal republicano por la Florida, de abuelos cubanos, fueron los únicos, entre decenas de oradores, en hablar sobre inmigración. Sin embargo, lo hicieron con discursos al estilo telenovela, floreándose con anécdotas sobre abuelitas y padres que debieron saltar obstáculos y trabajar duro para que sus hijos pudieran estudiar y alcanzar el sueño americano.El sentimentalismo aguó ojos, pero desenmascaró que ninguno de los dos partidos tiene ideas y propuestas firmes sobre el tema más importante para los 11 millones de indocumentados hispanos.La comunidad latina, que pretende una reforma inmigratoria integral como la alcanzada en 1965, quedó con más dudas que respuestas luego de las convenciones, y con poca esperanza de que el tema se resuelva en los dos meses que quedan de campaña electoral.Si por inmigración se votara, la elección ya estaría resuelta. Los hispanos, con una fuerza electoral de 12 millones, tres más que en 2008, favorecen en un 70 por ciento a los demócratas. Están alentados a votar por Obama, desde que el presidente dictó el decreto de "acción diferida" que detuvo por dos años las deportaciones de los dreamers (soñadores).Pese a que Obama no cumplió con su promesa de alcanzar una reforma integral y a la demagogia de la "acción diferida"– que no puede esconder las 400 mil deportaciones por año–las opciones de triunfo de los demócratas son más claras por contraste. Es que los republicanos hicieron lo inimaginable para espantar votos. Romney propone una autodepuración de la comunidad hispana, con programas de autodeportación, terminar el muro fronterizo con México y entregar visas sólo a universitarios y trabajadores especializados.Romney piensa que aún puede revertir la voluntad de los hispanos, si logra que piensen en términos de bienestar económico y valores familiares. Sabe que es el grupo más golpeado por el desempleo, muy por arriba de la tasa promedio del 8,3 por ciento, y que la enseñanza católica en contra del aborto y de los matrimonios del mismo sexo se asemejan a los principios más conservadores de su partido. Estima que con ellos podrá contrarrestar la plataforma demócrata que promete más impuestos a los ricos y asistencia estatal en salud y educación para beneficiar a minorías en desventaja como la latina. Los hispanos son difíciles de cortejar y entender, algo que el ex Presidente Ronald Reagan retrató muy bien: "Los latinos son republicanos, pero aún no lo saben". Es que, en su mayoría, los hispanos llegan a Estados Unidos en busca de valores más conservadores, como el sueño de trabajar duro y ser recompensados, lo que en sus países se les niega; pero de a poco, ante las desventajas económicas, prefieren un Estado asistencialista.
Por ahora, Obama sabe que tiene las mayores chances de captar los votos de los hispanos, aunque no puede dormirse en los laureles. En su contra, tiene una economía endeble y una reforma inmigratoria inconclusa. Pero, especialmente, debe lidiar con una comunidad renuente a movilizarse sin incentivos, como demostró en las elecciones legislativas de 2010, cuya ausencia en las urnas provocó que los demócratas perdieran por paliza.Aunque los hispanos parecen más inclinados a votar por quienes ofrecen más soluciones en inmigración que en economía, lo que está en juego es la lealtad partidaria –valor resaltado por Castro y Rubio– de una comunidad que en 25 años compondrá el 40 por ciento de la población y se convertirá en la mayor fuerza laboral y económica del país.

