La vecina que desafió a Mestre
No habría que desestimar esfuerzos para trabajar sobre las causas que exponen a los vecinos de Córdoba a infecciones y enfermedades que en los sectores más vulnerables adquieren características dramáticas.
Hace unos días, una joven vecina (foto) de la ciudad de Córdoba desafiaba al intendente Ramón Javier Mestre a darse un baño cloacal con aguas servidas recogidas con un balde, de cualquiera de las innumerables corrientes fétidas que recorren los barrios y el centro de la ciudad de Córdoba. La invitación de la vecina cordobesa, plena de coraje, tuvo su origen en la cadena de "desafíos del agua helada", en la que el actual intendente se convertía en uno más de los tantos que banalizaban la patología degenerativa a cambio de unos inútiles segundos en televisión y redes sociales.Pero lo extraordinario de este desafío no sólo consiste en la originalidad y el valor de la propuesta de Jésica –de hecho, ella permitió que le volcaran un balde con agua putrefacta sobre su humanidad–, sino en provocar la segura deserción del intendente. Esto desnuda, una vez más, la distancia que existe entre la necesidad de los que padecen y la falta de compromiso de los que gobiernan.En cambio, ¿cómo podría desafiar el intendente a esta vecina? Preguntándole si se animaría a viajar a una fiesta en Corrientes con todos los gastos pagos, o mejor, si sería capaz de no momificarse esperando el colectivo. Lo que quiero decir es que nada es tan contagioso como el ejemplo.Y el ejemplo en este caso es la joven que desafió a Mestre echando luz sobre un problema sanitario de impredecibles consecuencias y que las actuales autoridades municipales –según lo que parece– están más dispuestas a cronicar que a encontrarle soluciones.
Riesgos
Un estudio de la prestigiosa revista
Medicina de Buenos Aires
(2006) sobre epidemiología del síndrome urémico hemolítico (SUH), a cargo de la doctora Marta Rivas, analiza el contagio de esta enfermedad en niños que asistieron a natatorios o piletas con déficit de cloro.
No es difícil imaginar, entonces, la posibilidad que en particular nuestros niños tienen de contraer esta y otras enfermedades infecciosas si deambulan, no ya en la cercanía de una pileta mal clorada, sino en las inevitables riberas de canales callejeros de materia fecal.
Este síndrome urémico hemolítico en la mayoría de los casos se contrae por la ingesta de carne bovina mal cocida, pero hay que subrayar que el agua contaminada también constituye un medio de contagio. Y si agregamos que la mayoría de los casos de esta enfermedad afecta a niños menores de 5 años y que en ocasiones la enfermedad es fatal o deja secuelas, tendremos una idea más clara de la magnitud del riesgo.
No habría que desestimar esfuerzos para trabajar sobre las causas que exponen a los vecinos de Córdoba a infecciones y enfermedades que en los sectores más vulnerables adquieren características dramáticas.
Basta con darse una vuelta por los centros de salud cercanos a la planta de Bajo Grande. Allí, este daño sanitario ambiental deja de ser un número, una especulación o un discurso y adquiere el desprotegido rostro de madres e hijos en una sala de espera.
Un llamado de alarma
El río Suquía dejó de ser amigable hace tiempo y está en emergencia. La mortalidad infantil volvió a crecer en la ciudad, de 8,6 en 2012 a 9,8 en 2013, y tanto el sistema de emergencias como la estratégica Dirección de Atención Primaria de la Salud parecen no poder desprenderse de sus cíclicas crisis.
En este contexto, siempre será bienvenido el grito que despabile y arranque de la abulia a funcionarios adocenados. Que deje a la intemperie la falta de interés para reconocer o la falta de capacidad para dar respuesta a un problema que, como el de las aguas servidas, tiene que ver no sólo con la salud sino también con la dignidad y el respeto por el vecino.
Es probable que la muchacha que desafió al intendente, tal vez sin proponérselo, con toda la bronca del mundo le quiso decir que estaba cansada de vivir rodeada de olores nauseabundos, haciendo equilibrio para no pisar materia fecal, mientras él y los suyos explicaban y justificaban.
Le quiso decir que también ella tenía derecho y que a ver si él se animaba a vivir como vivían los vecinos en la ciudad que administraba. Que no encontró otro mecanismo para hacerse oír. Que si se animaba, el desafío estaba hecho. Qué se va a animar. Eso quiso decir.
*Secretario de Salud en la gestión del intendente Luis Juez en Córdoba

