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La hibridez de la política

La crisis financiera internacional, cuyos efectos se sienten con fuerza, ha replanteado el viejo tema de la relación entre el Estado y el mercado. Julio César Moreno.

29 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno (Periodista)
La hibridez de la política

En América latina hay continuidad y cambio, aunque siempre dentro del marco de la democracia representativa –que está fuera de cuestión–, con las imperfecciones propias de los países que no han alcanzado una plena madurez política e institucional. Existe, además, un desafío muy grande: corregir o aminorar los grandes contrastes y desigualdades sociales que, aparte de representar en sí mismos una profunda y ancestral injusticia, alimentan otros males que se van convirtiendo en endémicos, como el narcotráfico y una violencia que adquieren proporciones cada vez mayores y alarmantes.México es, en ese sentido, un caso paradigmático, ya que es un país con un sistema político consolidado y estable pero que tiene los índices más altos de secuestros y asesinatos vinculados con el tráfico de drogas.Según las encuestas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) –heredero de la Revolución Mejicana– podría retornar al poder en las elecciones generales del año que viene, aunque todos coinciden en que ese retorno no erradicaría de manera automática los males antes descriptos, ya que éstos están enraizados en la violenta realidad de aquel gran país y en casi toda América latina, incluida la Argentina, que dejó de ser sólo un lugar de paso para convertirse también en un país de consumo de drogas.Volviendo a la política, se debe admitir que en Latinoamérica hay más continuidad que cambio. Cambió Chile, con la victoria de la centroderecha hace casi dos años, y también Perú, con el triunfo de Ollanta Humala. Sin embargo, en los grandes países, como Brasil y la Argentina, los partidos o coaliciones en el poder mantuvieron su mayoría electoral: Dilma Rousseff, quien recogió la poderosa herencia de Lula da Silva, es la presidenta brasileña, y Cristina Fernández de Kirchner acaba de ser reelegida en nuestro país.En toda América latina se aplica, en sustancia, la misma política económica, con ligeras variantes obviamente, dirigida a impulsar un moderado crecimiento con una más justa distribución de la riqueza y una baja de los índices de desempleo, pobreza y desigualdad. No hay un ultraliberalismo noventista ni tampoco un estatismo decimonónico. Son políticas económicas y sociales híbridas, acordes con esa hibridez de la política que caracteriza a las democracias modernas, en las que se han diluido las distinciones entre izquierda y derecha, conservadurismo y socialismo o liberalismo y estatismo.La crisis financiera internacional, cuyos efectos se sienten con fuerza, ha replanteado el viejo tema de la relación entre el Estado y el mercado. Ya nadie reivindica la "sovietización" de la economía, entre otras cosas por el colosal fracaso y el posterior derrumbe de la Unión Soviética. Hasta China, gobernada por el Partido Comunista, ha abierto sus puertas a una poderosa economía de mercado, en la que grandes empresas privadas y una nueva burguesía juegan un papel fundamental. Y China, como se sabe, es el principal comprador de la soja argentina.El dato es importante porque nuestro país ha vuelto a ser eminentemente agroexportador, aunque las vacas y el trigo hayan sido reemplazadas por la soja como primer producto de exportación. Esto permite una gran entrada de divisas y da impulso a un moderado crecimiento industrial y la puesta en marcha de subsidios y planes de ayuda social. Éste es el "modelo" en vigencia, y no otro, exitoso en algunos aspectos, deficitario en otros y de alto riesgo a futuro, sobre todo teniendo en cuenta flagelos como la inflación, cuyos efectos devastadores son de triste memoria para los argentinos.