Regiones críticas. El hambre que no vemos
Son 13 las regiones señaladas por la ONU y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) con un universo de 266 millones de personas afectadas por la hambruna. Su epicentro está en Sudán, Sudán del Sur, Yemen, la Franja de Gaza, Nigeria y Somalia.
Es como una paradoja de la modernidad y del progreso, de la revolución industrial y del avance tecnológico sin límites: el fantasma del hambre sigue tan omnipresente como en la Edad Media, más allá de las claras diferencias de contexto y de proporciones.
El último informe de las Naciones Unidas no sólo ratifica ese trágico estado de situación, sino que enciende una luz de alarma que identifica con precisión los puntos del planeta en que este flagelo alcanza niveles críticos.
Son 13 las regiones señaladas por la ONU y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) con un universo de 266 millones de personas afectadas. Su epicentro está en Sudán, Sudán del Sur, Yemen, la Franja de Gaza, Nigeria y Somalia, estas dos últimas agregadas a la lista recientemente, al agravarse las condiciones locales.
En el caso de Sudán y Sudán del Sur, en el siempre castigado continente africano, las sequías, la inestabilidad política, los intentos de secesión y los movimientos fundamentalistas agravaron un cuadro socioeconómico que nunca ha lucido estable.
Por su parte, también en África, pero en la costa oeste, Nigeria afronta una especie de horrenda ironía del destino: que el petróleo no logre mitigar su miseria. En línea recta, en el extremo este, Somalia sigue repartida entre varios señores de la guerra, tras la fallida intervención de la ONU en los años 1990.
Ya en Medio Oriente, en una de las regiones más ricas y también más conflictivas del mundo, Yemen se desangra en una guerra civil en la que todos los países vecinos vienen metiendo mano en provecho propio. Unos dos mil kilómetros al norte, la Franja de Gaza afronta el hambre de 1,6 millones de desplazados por el conflicto que enfrenta a Hamas con Israel.
Los conflictos armados son el activo principal de las diferentes crisis, matizadas por la política y los fundamentalismos religiosos, datos visibles en Afganistán, nación entregada a los talibanes tras la vergonzosa retirada de los Estados Unidos; en Myanmar y en el Líbano; en Mali y en Madagascar, y en la destruida Haití, hoy en poder de violentas pandillas de saqueadores.
Por si todo ello no fuera suficiente, debe cargarse al listado el peligrosísimo brote de ébola en la República del Congo y la disminución constante de los recursos imprescindibles mientras la demanda crece de manera inversamente proporcional: desde 2022, los fondos necesarios han disminuido el 59%. El llamamiento de la ONU y del PMA para recaudar 10 mil millones de dólares no ha resultado, tanto como para recordar aquella vieja frase de "siempre demasiado pocos, siempre demasiado tarde".
El punto es que el hambre se extiende como una mancha de aceite y que urge tomar nota de ello en todo el orbe. En otras palabras: se trata de despertar de un sueño que suele parecerse a la indiferencia.

