Apuestas. Proteger a la niñez de la ludopatía

Sin control institucional, las apuestas virtuales de niños y en adolescentes son cada vez más frecuentes, ahora potenciadas por el Mundial de Fútbol. Es necesaria la contención de los padres.

21 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Proteger a la niñez de la ludopatía
Juego online.

Las apuestas online –que gerencian con multimillonarios dividendos las empresas dedicadas a ese rubro– pegaron un salto exponencial con el desarrollo del Campeonato Mundial de Fútbol, que se está jugando desde el 12 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, y que se prolongará hasta el 19 de julio.

Más allá de la magnitud y de la popularidad del torneo en curso, el problema de las apuestas, según la opinión de los especialistas en salud mental, radica en que no se trata de un simple juego vinculado a un espectáculo deportivo, sino de conductas crónicas que pueden terminar en la temida ludopatía, una patología que no sólo impacta en la persona afectada, sino también en todo su contexto familiar o social.

Los peligros se potencian cuando los apostadores son niños y adolescentes que consiguen evadir el indispensable control de sus padres, ahora facilitado por dispositivos electrónicos como los teléfonos inteligentes o las computadoras.

Vale aclarar que el Mundial de Fútbol opera como estimulante, pero el juego online en manos de menores no se limita sólo al ámbito deportivo, ya que la adicción prolifera desde hace tiempo, incluso en el entorno educativo, precisamente por esa alta disponibilidad de acceso a las conexiones de internet y a las plataformas de apuestas.

Se trata de un problema mayúsculo que ya había sido advertido en ocasión de la aprobación legislativa de las apuestas virtuales en la provincia de Córdoba, cuando se alzaron múltiples voces para advertir sobre el eventual perjuicio para grandes y chicos. Pero la presión social y política no bastó para que se diera marcha atrás en la habilitación del juego online.

Como afirmó a La Voz en Vivo el sacerdote Munir Bracco, vocero del Arzobispado de Córdoba, “la sociedad ha naturalizado una conducta como si se tratara simplemente de un juego, cuando en realidad se trata de una problemática de salud mental".

Hay que subrayarlo: la adicción al juego puede hundir a una persona en la ludopatía, un trastorno mental con riesgo de desembocar en reacciones imprevisibles.

El sacerdote Bracco fue tajante: “Apostar no es un juego”. En ese sentido, la Iglesia católica envió notas al Senado de la Nación con la intención de que debatiera y aprobara una ley, que ya tiene media sanción en Diputados, tendiente a frenar el avance de la ludopatía.

Para pintar un panorama más sombrío, el sacerdote vinculó sin rodeos a las apuestas con “problemas graves de salud mental en la juventud”, entre los que enumeró cuadros de depresión profundos, ansiedad y deudas.

A esta altura, huelga insistir en la necesaria educación y contención de los padres, de modo de evitar riesgos emocionales y económicos.

El sueño de enriquecerse con los juegos de azar siempre ha sido infructuoso, y tampoco son significativos los beneficios que obtiene el Estado como para correr tantos riesgos.