Paro del fútbol AFA: los dirigentes se deben a sus socios
La decisión inédita de frenar el fútbol argentino en respaldo a Claudio Tapia y a Pablo Toviggino expone el verticalismo que domina en la AFA. Los clubes representan a millones de hinchas, no a una estructura de poder.
La decisión del Comité Ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) de detener la disputa de todos los torneos entre el jueves 5 y el domingo 8 de marzo no tiene antecedentes desde la creación de la entidad, en 1934.
Los paros históricos fueron protagonizados por los futbolistas, en reclamo de derechos laborales o salarios adeudados.
Esta vez no se trata de reivindicaciones gremiales ni de conflictos deportivos: la medida busca respaldar a la conducción ante una causa judicial.
El presidente de la AFA, Claudio Tapia, y el tesorero Pablo Toviggino deberán declarar en el expediente que investiga una presunta evasión impositiva y previsional superior a los 19 mil millones de pesos, unos 15 millones de dólares al cambio actual.
También se encuentran alcanzados otros directivos. Frente a ese escenario, el mensaje interno fue claro: cerrar filas.
Conducta corporativa
Según trascendió, Tapia solicitó una señal colectiva de respaldo antes de presentarse en Tribunales. La respuesta fue inmediata. El fútbol argentino quedará congelado durante cuatro días como gesto político hacia la Justicia y hacia el Gobierno nacional.
El trasfondo incluye tensiones con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (Arca), impulsora de la denuncia, y especulaciones sobre apoyos políticos.
Nadie se encuentra por encima de la ley. Ninguna conducción, por exitosa que sea en lo deportivo, puede pretender inmunidad ante la Justicia.
Si existen denuncias, corresponde que estas sean investigadas con todas las garantías del debido proceso. Y si no hay irregularidades, el expediente deberá archivarse. Lo que no resulta razonable es convertir una citación judicial en una pulseada de poder que involucre a millones de hinchas.
En ese verticalismo que domina a la AFA desde hace décadas, nadie se anima a disentir en público. Los debates se trasladan a pasillos y sobremesas, pero rara vez se traducen en votos en contra.
El rol de los clubes
En un año mundialista, con la selección próxima a competir en el torneo que organizarán Estados Unidos, Canadá y México, los incentivos para sostener la alineación resultan evidentes. Viajes, invitaciones y privilegios forman parte de una cultura que premia la lealtad y desalienta la crítica.
Pero los clubes no pertenecen a una conducción circunstancial. Son asociaciones civiles que representan a miles de socios, que no delegan un cheque en blanco. Exigen transparencia, rendición de cuentas y respeto por las instituciones.
Cuando la dirigencia decide paralizar la competencia para enviar un mensaje de fuerza, también envía otro, quizá involuntario: el poder interno se impone sobre la responsabilidad institucional.
Las denuncias e investigaciones periodísticas que señalan presuntas irregularidades en el manejo de fondos de la AFA merecen explicaciones claras.
Ayer la Inspección General de Justicia decidió designar veedores ante la persistente negativa de la conducción de Tapia a transparentar sus cuentas. Esta falta de transparencia impide conocer el origen y el destino real de millones de dólares que han ingresado y salido de la institución durante casi una década, de allí que la tarea de los veedores será conseguir esa información.
La Justicia debe investigar sin presiones. La AFA debe colaborar sin dramatizaciones.

