Internet. Blockchain y privacidad: cómo devolver el control a los usuarios

América Latina en general, y Argentina en particular, tiene condiciones especiales para liderar esta transición hacia la adopción los nuevos modelos tecnológicos que protegen la privacidad.

25 de abril de 2026 a las 12:02 a. m.
Lucas Macchiavelli
Blockchain y privacidad: cómo devolver el control a los usuarios
Privacidad de datos, un tema que debe discutirse en una sociedad digitalizada.

Cada vez que se aceptan los términos y condiciones o las cookies en un sitio web se toma una decisión sobre información privada que rara vez se comprende en su totalidad. Es una cesión de información sobre la identidad, la navegación en internet, las interacciones y hasta las compras online. Es una entrega voluntaria, pero no del todo consciente, de una porción de la soberanía digital.

No se trata necesariamente de mala fe de ninguna de las partes que utilizan esa información: es la consecuencia lógica de un modelo tecnológico que, durante décadas, priorizó la escala y la velocidad por encima de la privacidad en el manejo de datos.

El resultado es que las grandes plataformas digitales construyeron ecosistemas muy útiles y, al mismo tiempo, algo opacos en lo que respecta al uso de la información que sus usuarios generan.

Esas grietas fueron aprovechadas por muchos gobiernos que, en búsqueda de proteger su seguridad nacional, también avanzaron sobre la privacidad del usuario. Con el tiempo, los datos personales se convirtieron en el insumo central de la política y economía digital, y el ciudadano común rara vez tiene visibilidad real sobre cómo circula su información.

Alternativas concretas

Lo novedoso es que existen alternativas tecnológicas concretas para abordar este problema. Alternativas que vuelven a poner a la transparencia como un valor central en el mundo real y que ofrecen una sofisticada privacidad selectiva. Se trata de sistemas en donde el usuario decide qué mostrar y qué resguardar.

Esa tecnología que está brindando soluciones de privacidad es la blockchain, que por su carácter descentralizado e inmutable está empoderando al ciudadano común. La diferencia conceptual en una red con privacidad nativa es que el usuario no delega el control de su información a un intermediario, sino que retiene la capacidad de decidir qué comparte, con quién y bajo qué condiciones.

Las herramientas que hacen posible esto –las pruebas de conocimiento cero, la criptografía avanzada, los contratos inteligentes con confidencialidad selectiva– dejaron el terreno académico y están siendo implementadas en redes reales.

Las aplicaciones prácticas son concretas. Un sistema de salud que permite verificar la cobertura de un paciente sin exponer su historial clínico. Un proceso de onboarding financiero que acredita identidad sin transferir documentación sensible a terceros. Un mecanismo de votación digital que garantiza la validez del sufragio sin comprometer el secreto del voto. En todos estos casos, la privacidad no entra en contradicción con la verificabilidad: ambas coexisten gracias al diseño del protocolo.

Ignorar este debate deja la privacidad y la soberanía digital expuestas a vulnerabilidades evitables. Es necesario abordar la posibilidad de participar plenamente en la economía digital sin resignar el control sobre la propia información. Y no es una promesa futura. Es una dirección técnica en curso, con implementaciones reales y casos de uso verificables.

Tal es el caso del propio Estado nacional que usa blockchain para certificar la existencia de documentos (sellado de tiempo), o la Ciudad de Buenos Aires, que implementa "Carpeta Ciudadana" en miBA, una identidad digital descentralizada (DID) para gestionar documentos personales sin intermediarios.

Debate necesario

América Latina en general, y Argentina en particular, tiene condiciones especiales para liderar esta transición hacia la adopción los nuevos modelos tecnológicos que protegen la privacidad.

La región combina una altísima penetración de dispositivos móviles, una creciente adopción de activos digitales y una experiencia histórica que hace de la soberanía de los datos algo valioso frente a gobiernos autoritarios.

La infraestructura ya existe y el conocimiento técnico es cada vez más amplio. Lo que falta, en gran medida, es que la conversación pública incorpore esta dimensión con la misma seriedad con que debate regulación financiera o política monetaria.

Hace tiempo que la soberanía digital dejó de ser un cliché para convertirse en una discusión crucial para un país altamente digitalizado como Argentina. Es, al fin y al cabo, un debate sobre quién toma decisiones sobre la identidad de las personas en el entorno digital. Y en esa discusión, la blockchain tiene algo concreto para aportar.

*Representante de Input Output Global (IOG) en Argentina y embajador de Cardano