Economía. En qué se usó el recorte del gasto público: el 90% fue a cerrar el déficit

El Gobierno busca avanzar con una mayor disminución de impuestos, pero hasta el momento parece que no hay margen para una reducción en la presión tributaria sobre la economía.

29 de marzo de 2026 a las 12:01 a. m.
Nadin Argañaraz (*)
En qué se usó el recorte del gasto público: el 90% fue a cerrar el déficit
Ilustración Eric Zampieri.

El eje central de la política económica del Gobierno nacional es la sostenibilidad del equilibrio de las cuentas públicas, lo que significa que no debe haber diferencias acumuladas negativas entre los ingresos genuinos y los gastos del sector público nacional no financiero (Tesoro nacional, Anses, empresas públicas y el resto de organismos).

A partir del equilibrio, el Gobierno busca avanzar con la disminución de impuestos, destinando parte de los recursos tributarios extras que brinde el crecimiento económico a financiar la pérdida de recaudación derivada de la baja de la carga tributaria.

Esta estrategia de baja de impuestos tiene como pilar central la baja del peso relativo del gasto público. Si no hay baja del peso relativo del gasto público, al menos en el corto plazo no hay margen para bajar los impuestos.

Cuánto bajó el peso relativo del gasto público

Si se analiza el peso relativo del gasto público primario nacional, una primera comparación entre el acumulado de 12 meses hasta febrero de 2026 y el acumulado de 12 meses hasta diciembre de 2023 deriva en una caída neta equivalente a 5,2 puntos porcentuales del PIB. En efecto, entre ambos períodos, el peso relativo del gasto pasó de 19,50% del PIB a 14,32% del PIB.

En términos porcentuales, la reducción fue del 26,5%, algo más de la cuarta parte. El hecho de que esta enorme caída se haya dado en tan sólo dos años implica un gran ajuste económico de corto plazo sobre el flujo económico.

A esto debe sumarse una baja del peso relativo del gasto anual en intereses de deuda. Aquí hay una controversia con relación a su contabilización. El Gobierno no computa sobre la línea los intereses de títulos que se pagan al final de su vida, sosteniendo que no altera la situación financiera integral, dado que debajo de la línea se computan su amortización y los intereses al momento del pago.

Más allá de la controversia, lo real es que el gasto anual en intereses (sobre la línea) pasó de representar 1,7% del PIB en el acumulado a diciembre de 2023 a hacerlo con un 1,2% del PIB en el acumulado de 12 meses a fines de febrero de 2026. Esto implica una caída de 0,5 puntos porcentuales del PIB entre ambos periodos.

Entonces, si a la baja de 5,2 puntos porcentuales del PIB del gasto público primario se suma la baja de 0,5 puntos porcentuales del PIB del gasto en intereses, se tiene que la baja del gasto total fue de 5,7% del PIB. La caída porcentual en este caso es del 26,6%, igual a la que tuvo el gasto primario.

¿Bajó la presión tributaria?

La baja efectiva anual del gasto público primario realizada hasta ahora es equivalente a la suma de las recaudaciones del impuesto a los débitos y créditos bancarios, de los derechos de exportación, del impuesto Pais (existía en diciembre de 2023) y del 50% de la recaudación de Ingresos Brutos de las provincias.

Expresado de otra forma, la reducción de gasto realizada equivale a la eliminación de los impuestos al cheque, de los derechos de exportación, del impuesto Pais (ya no existe) y del 50% del impuesto a los Ingresos Brutos de las provincias.

Ilustración Eric Zampieri.
Ilustración Eric Zampieri. (La Voz)

Otra manera de relativizarlo sería decir que la baja realizada del gasto es equivalente al 70% de la recaudación efectiva de los impuestos más distorsivos que existen en Argentina (cheque, derechos de exportación, Pais, Ingresos Brutos y tasas municipales de Inspección, Seguridad e Higiene).

Estas relaciones ponen en evidencia que la baja del peso del gasto público primario nacional ejecutada hasta ahora, sin entrar en el análisis de su grado de sostenibilidad, es muy significativa desde el lado de la posibilidad de eliminar los peores impuestos que existen en Argentina.

En qué derivó el menor gasto público

Como ya se describió, la baja del peso relativo del gasto total anual fue de 5,7 puntos porcentuales del PIB.

Tal vez una manera sencilla de describir el uso de la baja del peso relativo del gasto es la siguiente: a fines de 2023 había un déficit fiscal de 4,4% del PIB y en el acumulado de 12 meses a febrero de 2026 hubo un superávit fiscal de 0,2% del PIB. Esto implica un cambio fiscal de 4,6 puntos porcentuales del PIB.

Es decir que 4,6 puntos porcentuales del PIB, de los 5,7 puntos porcentuales que bajó el gasto total, se destinaron a la eliminación del déficit fiscal y a la generación complementaria de un superávit fiscal de 0,2 puntos porcentuales del PIB.

Dado lo anterior, la pregunta que surge es qué pasó con los 1,06 puntos porcentuales restantes. Lo primero que interesa explicar es lo sucedido con los ingresos no tributarios del sector público nacional no financiero (ingresos corrientes no tributarios e ingresos de capital) en los últimos dos años.

En efecto, se observa que cayeron 0,52 puntos porcentuales del PIB, pasando de 1,92% del PIB en diciembre de 2023 a 1,4% del PIB en febrero de 2026.

Si se hace la resta entre los 1,06 puntos porcentuales del PIB mencionados en el párrafo anterior y los 0,52 puntos porcentuales de merma de ingresos no tributarios, queda un faltante de 0,54 puntos porcentuales a los que se destinó la baja del peso relativo del gasto total.

Primero el déficit, luego el superávit

De esta forma, se llega al punto clave de la baja de recaudación tributaria efectiva que tuvo el Gobierno nacional. Se tiene que esta última pasó desde 14,88% del PIB a fines de 2023 a 14,34% del PIB a fines de febrero de 2026. La diferencia es equivalente a los 0,54 puntos porcentuales que faltaba explicar.

En síntesis, de la baja del peso relativo del gasto público nacional total anual ejecutada en los últimos dos años, el 78% se destinó a financiar la eliminación del déficit fiscal, el 4% a financiar la generación de superávit fiscal, el 9% a financiar la pérdida de ingresos no tributarios y el 9% restante a financiar la baja de la presión tributaria.

Este análisis del comportamiento fiscal de los últimos dos años determina que prácticamente el 91% de la baja del gasto se destinó a fines que estaban antes que la baja de impuestos en orden de prioridad. Primero se decidió eliminar el déficit fiscal, que, dada la baja de ingresos no tributarios, era mayor que el inicial de 4,4% del PIB (concretamente 4,92% del PIB).

Paralelamente, apareció un superávit fiscal que requirió el uso del 4% de la baja del peso del gasto (necesitando recursos equivalentes a 5,12% del PIB). Y el resto permitió bajar impuestos, concretamente el 9% de la baja del gasto total anual (0,54 puntos porcentuales del PIB). Con relación a la recaudación que en términos del PIB recibe el Gobierno nacional, la baja efectiva fue del 3,6%.

(*) Consultor y presidente del Iaraf.