
El salario que piden los argentinos perdió contra la inflación
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Redacción La Voz
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el índice de salarios del Indec creció 3% por encima de la inflación. El dato marca una mejora: después de una fuerte caída inicial, el salario logró recuperar el poder adquisitivo perdido durante el período y ubicarse levemente por encima del nivel que tenía antes del cambio de gobierno.
Sin embargo, la sensación de muchas familias es muy distinta: la plata sigue sin alcanzar. La explicación es que comparar salarios e inflación no permite entender por completo lo que ocurre dentro de cada hogar. ¿Qué factores falta analizar?
El primer problema es la base de comparación. En noviembre de 2023, los salarios ya acumulaban varios años de pérdida de poder adquisitivo y la capacidad de consumo de muchas familias estaba deteriorada.
Por eso, recuperar aquel nivel no implica haber revertido las pérdidas anteriores. El dato es positivo porque muestra que el salario dejó de caer. Pero todavía se trata de una pequeña mejora sobre un punto de partida que ya era bajo. En mayo de 2026, el índice total de salarios todavía se encontraba, en términos reales, más de 25% por debajo del nivel de 2017.
Por otro lado, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, varios gastos fijos aumentaron muy por encima de la inflación. La electricidad y el gas subieron en términos reales 116%; los alquileres, 99%; el transporte público, 83%; los combustibles, 36%; las prepagas, 29%; la educación privada, 32%, y la telefonía e internet, 30%.

A esto se suma el creciente peso del endeudamiento. En abril de 2026, los pagos mensuales de capital e intereses de las familias equivalían al 24,1% de la masa salarial registrada, frente al 10,9% de marzo de 2023. En apenas tres años, la carga financiera más que se duplicó. Y como muestra de estrés financiero, la mora alcanzó el 12,1% de los saldos adeudados, y con casi seis millones de personas atrasadas en sus pagos.
Esto ayuda a entender por qué muchas familias sienten que el dinero alcanza menos, incluso cuando el salario logra acompañar a la inflación. El dato relevante no es solo cuánto se cobra, sino cuánto queda después de pagar los gastos que no se pueden evitar. A ese monto se lo llama "ingreso disponible": es el dinero que queda en el bolsillo para comprar alimentos, ropa, salir, ahorrar o afrontar un gasto imprevisto. Según estimaciones de Equilibra, entre 2023 y mayo de 2026 el ingreso disponible de los hogares cayó 16,5%.
Finalmente, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el salario privado registrado acumuló una caída real de 3,6% y el salario público perdió 17,8%. En cambio, el índice de los trabajadores privados no registrados mostró un aumento real de 80,3%.
Este resultado debe interpretarse con cautela. Los ingresos informales son más difíciles de medir, pueden verse afectados por cambios en las horas trabajadas y en la composición del grupo relevado y, además, se publican con cinco meses de rezago. Aun con estas limitaciones, su fuerte aumento explica que el índice total haya quedado por encima de la inflación.
Que haya caído el ingreso disponible por un reajuste de precios no implica que la solución sea volver a congelar tarifas o precios regulados. Por el contrario, estas políticas terminan generando distorsiones, menor inversión y, tarde o temprano, ajustes posteriores.
Para que los salarios reales crezcan de manera sostenida debe aumentar la productividad de los trabajadores argentinos. Eso requiere más inversión, empresas competitivas y reglas que faciliten la creación de empleo formal de calidad.
En materia laboral, el Gobierno ya avanzó con una reforma orientada a reducir los costos y los riesgos de contratación. El desafío es que esos cambios permitan reactivar el empleo asalariado privado registrado, que lleva aproximadamente una década estancado, mientras gran parte de los nuevos puestos se concentra en la informalidad y el cuentapropismo.
También se necesita una reforma tributaria. Ingresos Brutos, las tasas municipales sobre las ventas y los regímenes de retención y percepción encarecen la producción y desalientan la inversión. Una alternativa es avanzar hacia un “Súper-IVA” que elimine superposiciones y preserve los recursos de provincias y municipios.
Bajar la inflación evita que los salarios se destruyan; aumentar la productividad es lo que permite que crezcan.