La economía. Las recetas de la abuela: más actividad y orden macro, pero menos empleo

El ajuste fiscal, la reducción del gasto público y la apertura generaron crecimiento. Pero falta el derrame y la creación de puestos de trabajo. La oferta de dólares, una oportunidad histórica que no hay que desperdiciar.

31 de mayo de 2026 a las 12:02 a. m.
Gisela Veritier (*)
Las recetas de la abuela: más actividad y orden macro, pero menos empleo
Ilustración Eric Zampieri. (La Voz)

Todas las familias tienen una abuela que cocina con recetas heredadas. Recetas que alguna vez funcionaron, que se transmiten de generación en generación con la convicción de que, si se siguen al pie de la letra, el resultado será siempre el mismo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es, en cierto modo, la abuela de la economía global: tiene un recetario probado, repetido, exportado a decenas de países durante más de cuatro décadas.

Ajuste fiscal, reducción de subsidios, apertura comercial, reformas tributarias, flexibilización laboral, privatizaciones. Los ingredientes son conocidos. La pregunta, como con cualquier receta antigua, es si el plato sigue siendo nutritivo o si solo tiene buena presentación.

Un recetario con más de 1.200 comidas

La base de datos IMF Monitor Conditionality, que sistematiza más de 1.200 programas del FMI entre 1980 y 2019, permite dimensionar con rigor académico ese recetario.

El codebook clasifica las condicionalidades en 13 áreas: deuda externa, sector financiero, política fiscal, sector externo, tributación, reforma de empresas estatales, privatizaciones, política laboral, política social, entre otras. Cada condición se tipifica según su coercitividad: acciones previas vinculantes, criterios de desempeño cuantitativos y benchmarks estructurales.

La base mide la "carga de ajuste" por país y por año, evalúa cumplimiento y pondera el peso de cada reforma exigida. Es la radiografía más completa de cómo el FMI prescribe política económica a nivel global. Y revela un patrón persistente: los instrumentos varían poco entre regiones y décadas, desde África subsahariana hasta Europa del Este, desde los años 80 hasta la Argentina de hoy.

Ordenar la cocina de la economía

La Argentina en 2026 se presenta como un laboratorio en tiempo real de esas recetas. El año 2026 comenzó con una economía muy débil, similar al promedio de 2025, mostrando un comportamiento fluctuante.

El Indec mostró que el Emae creció un 5,5% interanual en marzo, con 14 de 15 sectores en positivo. Agricultura lideró con 17,9%, minas y canteras con 16,3%, pesca con 30,9%. En la medición desestacionalizada, marzo rebotó 3,5% contra febrero, y la tendencia-ciclo sostiene una variación positiva del 0,4% mensual.

El FMI celebró los avances del Gobierno, destacó el equilibrio fiscal como eje central y consideró necesarias reformas tributarias, previsionales y fiscales para sostener el ajuste.

Desde el sector empresario se reconoce una mejora contundente en los fundamentos macroeconómicos: equilibrio fiscal primario y financiero en el primer cuatrimestre en el orden del 0,5% y 0,2% del PIB, respectivamente.

A su vez, las exportaciones se acercan a los U$S 100 mil millones, con un superávit comercial proyectado en U$S 19 mil millones. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acumuló compras por U$S 8.500 millones.

Es decir, Argentina tiene muchos de los ingredientes de la receta.

Ilustración Eric Zampieri. (La Voz)
Ilustración Eric Zampieri. (La Voz) (La Voz)

Una dieta con menos restricciones

Conviene detenerse en este punto. La Argentina arrastra una historia de restricción externa crónica: cada ciclo de crecimiento terminó estrangulado por la falta de dólares, seguido de devaluaciones traumáticas que licuaron salarios y dispararon la pobreza.

Que Vaca Muerta, la minería del litio y el complejo agroindustrial estén generando un flujo de divisas genuino y sostenible es un activo estratégico que no debe subestimarse dada la posibilidad de romper ese ciclo pendular.

El superávit energético por sí solo pasó de déficits superiores a los U$S 5.000 millones a un excedente de U$S 8.500 millones. Eso cambia estructuralmente la ecuación macroeconómica y le da al país un piso de estabilidad externa que antes no tenía.

Todavía hay platos vacíos en la economía interna

Sin embargo, los datos del mercado laboral obligan a mirar otros aspectos. Mientras el Emae agregado se ubica un 3% por encima del cierre de la gestión anterior, al excluir los sectores primarios, la actividad se encuentra cerca de un 7% por debajo.

El PIB creció 5,2% entre los cuartos trimestres de 2023 y 2025, pero generó solo 113 mil puestos netos: una elasticidad empleo-producto particularmente baja. Los puestos asalariados registrados se redujeron en 265.800.

La desocupación, por su parte, subió del 5,7% al 7,5%, equivalente a 439 mil desocupados adicionales. La informalidad alcanzó el 43%. La desocupación juvenil trepó al 16,2%, con efecto desaliento en las nuevas generaciones.

Por su parte, el salario registrado real acumula una pérdida cercana al 9% respecto a noviembre de 2023. La baja elasticidad empleo-producto tiene una explicación estructural. Los sectores que más crecen son poco intensivos en mano de obra: la agricultura incorporó 7.400 trabajadores, la minería perdió 8.800, la intermediación financiera creció 26,1% y sumó apenas 2.300 puestos.

En cambio, la industria y la construcción destruyeron 228 mil puestos. El efecto contractivo se amplifica por la apreciación cambiaria, la competencia importadora y la caída de la demanda interna.

Esperando que las fuentes derramen

Hay un consenso transversal sobre que el segundo gran desafío es lograr que el crecimiento llegue al empleo y los salarios. Los ingresos tributarios llevan nueve meses de caída real y los vencimientos de deuda comprometen casi U$S 35 mil millones para 2027.

La cuestión central es cómo articular el derrame avanzando hacia una economía más sofisticada y no meramente primarizada.

Las inversiones en el Rigi original se concentraron en un 95% en minería e hidrocarburos. Por eso la semana pasada el Gobierno envió a la Cámara de Diputados el proyecto de "Súper Rigi", apuntando a actividades nuevas que hoy no existen en el país o cuyo desarrollo es experimental: inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología avanzada, infraestructura digital, centros de datos, refinado de cobre, baterías de litio.

El proyecto de ley incluye entre sus objetivos el fomento de cadenas de producción locales, la creación de empleo y el incremento de exportaciones de servicios, no solo de materias primas. No obstante, la herramienta legislativa por sí sola no garantiza resultados.

Cinco ejes para mejorar la cocina

Para que este cambio derrame efectivamente hacia una matriz de mayor complejidad económica y mayor diversificación, la política económica debería articular al menos cinco ejes complementarios:

Primero, desarrollar encadenamientos productivos aguas abajo de los sectores dinámicos. Vaca Muerta no puede ser sólo un polo exportador de crudo y gas: necesita industrialización local de derivados petroquímicos, fabricación de equipamiento, servicios técnicos especializados.

Lo mismo aplica a la minería del litio, al complejo agroindustrial y a las actividades previstas en el nuevo Rigi. Lograr contenido local progresivo y competitivo en los proyectos Rigi no contradice la apertura; la complementa con generación de valor agregado territorial.

Segundo, canalizar crédito productivo de largo plazo hacia las pymes industriales en reconversión. La baja de tasas de interés abre una ventana que debe aprovecharse con líneas específicas de financiamiento para modernización tecnológica, no solo para consumo.

Tercero, invertir en formación y recalificación laboral orientada a los sectores en expansión. La transición desde empleos requiere programas de capacitación articulados entre el sector público, las universidades y las empresas, enfocados especialmente en las franjas juveniles que están abandonando el mercado laboral por efecto desaliento.

Cuarto, recomponer gradualmente la inversión en infraestructura, extremadamente baja y con un límite físico evidente en el deterioro de rutas, redes y servicios, impactando directamente en la competitividad. Además, la construcción es un multiplicador de empleo con impacto territorial directo.

Quinto, utilizar la política tributaria como herramienta de transición. Ir más allá de la nueva Ley de Flexibilización Laboral mediante incentivos fiscales para empresas que formalicen y contraten empleo y esquemas de depreciación acelerada para inversión productiva puede mejorar la relación empleo-producto sin comprometer la meta fiscal.

Recetas con problemas de diseño

Las recetas de la abuela ordenaron la cocina. Pero un modelo que crece al 5,5% y destruye empleo formal tiene un problema de diseño, no de ejecución. La generación de divisas es un logro histórico que hay que potenciar. El desafío es convertir esas divisas en complejidad económica, en empleos de calidad, en una estructura productiva que no dependa de los ciclos de commodities.

El derrame no es automático: requiere ingeniería en la política pública. Desperdiciar esta oportunidad por confiar en que la prosperidad baja sola por gravedad, sería repetir el error de siempre: seguir la receta al pie de la letra sin tener en cuenta que los comensales cambiaron.

(*) Economista y presidenta del Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración (Cladea).