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Negocios

Saber sufrir. Milei, la Scaloneta y la economía del naranjo en flor

El arranque del segundo semestre muestra algunas señales positivas para la actividad, pero todavía muy tenues, con disparidades y lejos de un contagio masivo.

10 de julio de 2026, 19:41
Milei, la Scaloneta y la economía del naranjo en flor
BALCÓN. El presidente Javier Milei junto al jefe de Gabinete, Diego Santilli, y su hermana Karina, en el balcón de la Casa Rosada, luego del Tedeum por el 9 de Julio.

Suena Naranjo en flor y el fraseo visceral de Roberto Goyeneche se monta sobre el eco del bandoneón. “Primero hay que saber sufrir…”. Esa parte del tango que Homero Expósito escribió hace más de 80 años fue usada de manera colectiva para describir la emocionante remontada de la Scaloneta en el partido ante Egipto.

También parece caer como anillo para los dedos más débiles de la economía, esos a los que les llega poco o nada del flujo sanguíneo de un nivel de actividad en picos históricos, pero empujado por sectores primarios exportadores con bajo impacto en el empleo.

Quienes han tenido la posibilidad de dialogar cara a cara con el presidente Javier Milei aseguran que la sensibilidad del líder libertario por quienes sufren los daños colaterales del cambio de modelo es nula.

Pero la luz se descompone en muchos colores en el recorrido que va desde este pensamiento duro hasta las penurias que atraviesan millones de hogares.

No en vano, el nuevo jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli, reconoció que “falta que el crecimiento llegue a los ciudadanos de a pie”. Es algo más que una diferenciación con su antecesor en el cargo, el afortunado inversor cripto Manuel Adorni.

Con diferencia de pocos días, el viceministro de Economía, José Luis Daza, admitió que “mucha gente todavía no siente, no percibe, no recibe los beneficios” de la reactivación, aunque confió que eso finalmente pasará.

CONSUMO. En junio, las ventas minoristas cayeron 6,6% interanual en toda la provincia. En la ciudad de Córdoba el descenso es más pronunciado
CONSUMO. En junio, las ventas minoristas cayeron 6,6% interanual en toda la provincia. En la ciudad de Córdoba el descenso es más pronunciado (La Voz)

¿Tiempo al tiempo?

¿Es sólo cuestión de tiempo, entonces? Para el Gobierno, parece que sí. Que indefectiblemente, en algún momento, todo será “pum” para arriba.

El arranque del segundo semestre muestra algunas señales positivas para la actividad, pero todavía muy tenues, con disparidades y lejos de un contagio masivo. Es entonces cuando a la dimensión temporal se suman otras dos: la tolerancia y el alcance.

¿Cuánto tiempo más llevará el sufrimiento? Y cuando acabe, ¿el alivio llegará a todos? ¿Con qué intensidad? Imposible saberlo, más allá de las teorizaciones.

El devenir de 2026 apenas alcanza para suponer que, si la inflación se consolida a la baja, será el vector que ayudará en varios frentes: mejorar el poder de compra y los márgenes de ingresos que quedan después de afrontar los gastos fijos; incentivar la baja de tasas de interés para que haya más y mejores créditos, y retroalimentar los circuitos productivo y de consumo.

Pero no deja de ser demasiado trabajo para una sola variable. Y por eso la hipótesis de un movimiento ascendente, pero cansino y con oscilaciones.

NO REACCIONA. La mayoría de las ramas industriales siguen operando muy por debajo de sus capacidades de uso instalada.
NO REACCIONA. La mayoría de las ramas industriales siguen operando muy por debajo de sus capacidades de uso instalada. (La Voz)

Escala mínima viable

Lo que se destruye en un segundo puede tardar años en volver a crecer. Peor aún si la mala praxis viene de décadas. Cómo recrear las condiciones de viabilidad de una economía como la nuestra.

A eso apunta el paper que el propio Milei escribió junto al físico y economista Damián Reidel, expresidente del directorio de Nucleoeléctrica Argentina.

La hipótesis que exponen gira alrededor de la idea de que hay una escala mínima viable en una economía para evitar que esta desaparezca. Y plantea una serie de umbrales (extinción, piso de retorno y despegue) en esa dinámica.

El trabajo apunta a dos fuerzas que pueden alejar o acercar a un país respecto de esos límites: por un lado, la cultura y capacidad de trabajo; por el otro, el grado de afectación que provocan las regulaciones sobre la productividad.

Ambos fenómenos hunden sus dedos en la experiencia argentina del último medio siglo y han acompañado un silencioso proceso de descapitalización que ahora está pasando todas las facturas juntas.

La cuestión –entre otras– es qué hace y deja de hacer el Estado, más aun en un proceso de transición como el que estamos atravesando y en el que no pocos temen quedar, como canta Goyeneche, “acobardados, como un pájaro sin luz”.