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Negocios

Salarios y empleo. Milei y Llaryora, frente a una nueva frontera de precariedad

La hipertensión laboral es más alta en Córdoba. Sin señales contundentes de recuperación en los sectores productivos que más impactan en los centros urbanos.

20 de marzo de 2026, 18:10
Milei y Llaryora, frente a una nueva frontera de precariedad
CONSTRUCCIÓN. Es uno de los sectores que más empleo resignó y con fuerte incidencia de informalidad.

La sufrida dinámica laboral acaba de tocar una nueva frontera de precariedad. El tiempo dirá si es un punto de quiebre o apenas un fenómeno que puede durar algunos trimestres.

El cierre de 2025 reveló que el mercado de trabajo se quedó sin cartas en la mano, y en un equilibrio muy delicado, porque si el ajuste por precio encontró un piso y las condiciones no cambian, lo que sigue es el ajuste por cantidad.

El cuentapropismo y la informalidad, los dos comodines que venían amortiguando la sangría del empleo formal, ya no tienen la misma capacidad de respuesta.

Eso explica una tasa de actividad similar a la de un año atrás, pero con aumento en la cantidad de desempleados y en el número de personas que, pese a estar ocupadas, necesitan trabajar más para mejorar sus ingresos.

Este último punto suma un condicionante: uno de cada tres ocupados no completó la educación secundaria y, por lo tanto, es difícil que acceda a empleos calificados.

La anemia salarial –no es novedad– es transversal desde la corrida cambiaria de 2018, cuando arrancó la erosión del poder adquisitivo por la devaluación. Vinieron luego la pandemia, una inflación galopante y una recesión inducida en la que todavía están atrapadas varias ramas industriales, comerciales y de la construcción.

El drama radica en el efecto acumulativo de ocho años. Para muchos hogares, implicó caer bajo la línea de la pobreza, incluso a pesar de tener empleo formal. El incremento en los índices de morosidad financiera es otro de los vectores por los que discurren las consecuencias.

La estadística ha parido una extraña paradoja: la Argentina es un país que resigna puestos de trabajo con crecimiento económico (4,4% en 2025). No es que eso sea necesariamente contradictorio. La historia demuestra que los avances tecnológicos, por ejemplo, suelen provocar este tipo de eventos en su primer movimiento.

Pero el nuestro es un caso distinto, asociado al cambio de régimen económico, que hizo rodar varios procesos simultáneos: un fuerte ajuste fiscal para apagar los principales motores inflacionarios, la todavía inacabada corrección de precios relativos, y un amplio remapeo productivo de carácter adaptativo. Detrás de este último, hay además una importante capacidad ociosa en muchos rubros.

Bajo presión

El caso de Córdoba es preocupante. Según un trabajo del Ieral de la Fundación Mediterránea, la presión laboral en la provincia es la más alta del país: entre desocupados y ocupados demandantes, equivale al 35,4% de su fuerza laboral.

“No se trata necesariamente de mercados con más desempleo, sino de mercados donde el empleo disponible resulta insuficiente para sostener ingresos”, explica la economista Laura Caullo, una de las autoras del estudio.

Córdoba tiene un ecosistema con fuerte predominio de actividad privada; por lo tanto, su matriz productiva es sensible a los ciclos de la economía.

“Si repasamos el Emae (Estimador Mensual de la Actividad Económica), los rubros más débiles están ligados a la estructura productiva local”, apunta Virginia Giordano, de Idesa. Se refiere a la tríada industria, construcción y comercio.

En el Gran Córdoba, la porción de ocupados que busca más empleo es la segunda más alta del país (28,3%) y está 10 puntos por arriba de la de Rosario, un conglomerado similar, donde el salario promedio es más alto.

La situación de los más jóvenes es también compleja. A nivel nacional, retrocedió la tasa de empleo y creció la desocupación para mujeres y varones de hasta 29 años.

Si bien ese grupo etario suele tener peores indicadores que el resto, se suma ahora un nuevo elemento: la inteligencia artificial, que es capaz de asumir las clásicas tareas que hacen las personas que recién ingresan al mundo laboral.

Pero lo más desalentador es que no se ven señales contundentes que modifiquen la tendencia y eso está llevando a hundir el termómetro cada vez más seguido para chequear el humor social.

En el Centro Cívico –mientras negocian la paritaria con los estatales– miran con lupa el proceso. Y en la Casa Rosada saben que la paciencia empieza a tener menos elasticidad de cara a los efectos de un “trilema” que desafía la lógica: mejorar las reservas, bajar la inflación y aumentar el nivel de actividad, todo al mismo tiempo.