Economía. Petróleo caro, riesgo corto y alivio largo: Argentina y el shock de Medio Oriente
El aumento del precio del petróleo se da en un contexto internacional sensible. La inflación en los países desarrollados todavía no está controlada, las tasas de interés están elevadas y los mercados financieros reaccionan rápido a la inestabilidad geopolítica.
El nuevo conflicto en Oriente Medio volvió a colocar al precio del petróleo en el centro de la escena internacional. Cada vez que el crudo sube de manera abrupta, el mundo entra en una fase de incertidumbre macroeconómica: aumenta la inflación, se endurece la política monetaria y crece la volatilidad financiera.
La historia económica de las últimas cinco décadas muestra que los shocks petroleros rara vez se limitan al mercado energético. Comienzan en el precio del barril, pero terminan afectando el crecimiento, el crédito y el tipo de cambio de los países emergentes.
Para la Argentina, sin embargo, este episodio presenta una particularidad. A diferencia de otros momentos históricos, el país llega a este shock con menor déficit energético y con Vaca Muerta como activo estratégico en desarrollo.
Esto genera una situación de riesgo en el corto plazo por el impacto global del petróleo caro, pero alivio potencial en el largo plazo si el país logra transformar ese contexto en exportaciones energéticas sostenidas.
Un estudio de 2023 del Fondo Monetario Internacional (FMI) denominado One Hundred Inflation Shocks: Seven Stylized Facts, analiza más de 100 episodios inflacionarios desde los años '70 y encuentra que la inflación causada por shocks externos (como petróleo) suele ser persistente, tarda varios años en bajar, confirma que los sacudones energéticos actuales afectan más por el canal financiero que por el comercial, y que el resultado final depende de la solidez fiscal, del régimen cambiario y de la dependencia energética de cada país.
El patrón histórico
Desde el primer gran shock petrolero de 1973, el mecanismo se repite con regularidad. Cuando el precio del crudo sube fuerte, el costo de producción aumenta en todo el mundo, la inflación se acelera y los bancos centrales reaccionan con políticas monetarias más restrictivas. El resultado suele ser una combinación de menor crecimiento y mayor inflación, es decir, un escenario de estanflación.
El embargo de la Opep en los '70 cuadruplicó el precio del petróleo y provocó la primera gran crisis inflacionaria global de la posguerra. En ese contexto, los países desarrollados subieron las tasas de interés y la recesión se extendió a la mayor parte del mundo.
Argentina, que era importador neto de energía y tenía un fuerte desequilibrio fiscal, sufrió el impacto. El encarecimiento del petróleo deterioró la balanza comercial, aceleró la inflación y contribuyó al desorden macroeconómico que desembocó luego en el Rodrigazo.
El segundo shock, en 1979, tras la revolución iraní, volvió a duplicar el precio del crudo y desencadenó una nueva ola inflacionaria mundial. La Reserva Federal elevó las tasas para frenar la inflación, lo que terminó provocando la crisis de deuda en América latina. Argentina volvió a quedar expuesta porque combinaba dependencia energética, endeudamiento externo y desequilibrios fiscales.
El FMI señala que este patrón se repite en la mayoría de los episodios: el shock petrolero genera inflación global, la inflación obliga a subir tasas y la suba de tasas termina afectando más a las economías emergentes que a las desarrolladas. En otras palabras, el problema no suele ser el petróleo en sí, sino el endurecimiento financiero que viene después.

Algo similar ocurrió en el ciclo alcista de 2007-2008 y en el shock energético posterior a la invasión rusa a Ucrania en 2022. En ambos casos, el aumento del precio de la energía elevó la inflación mundial y obligó a mantener tasas altas durante más tiempo. Los países con cuentas externas débiles enfrentaron tensiones cambiarias, mientras que los exportadores de energía fueron favorecidos.
Riesgo de corto plazo
El actual aumento del precio del petróleo ocurre en un contexto internacional sensible. La inflación en las economías desarrolladas todavía no está completamente controlada, las tasas de interés se mantienen elevadas y los mercados financieros reaccionan con rapidez ante cualquier señal de inestabilidad geopolítica.
En este escenario, un shock energético puede prolongar la política monetaria restrictiva en Estados Unidos y Europa. Si eso ocurre, el dólar tiende a fortalecerse, la liquidez global se reduce y los países emergentes enfrentan mayores dificultades para financiarse.
Este canal financiero es el que hoy preocupa más que el propio del petróleo para una Argentina donde el riesgo país no logra bajar (superó los 600 puntos por primera vez en el año) y donde el ministro de Economía, Luis Caputo descartó volver a los mercados internacionales, ante los vencimientos de deuda de julio de 2026, enero de 2027 y julio de 2027, que ascienden a los U$S 9.000 millones.
El estudio del organismo internacional destaca justamente que, en el contexto actual, los shocks energéticos generan menos recesión directa que en los años '70, pero producen más volatilidad en los mercados de capitales, especialmente en economías con credibilidad limitada o con alta necesidad de financiamiento externo.
Para la Argentina, el riesgo de corto plazo proviene de ese frente. Un petróleo más caro puede implicar tasas internacionales más altas, menor acceso al crédito y mayor presión sobre el tipo de cambio. Incluso con superávit fiscal, la economía sigue siendo vulnerable a cambios en el contexto financiero global porque aún tiene reservas limitadas y acceso restringido a los mercados.
Además, el encarecimiento del petróleo suele trasladarse a los costos internos, afectando precios de transporte, energía y producción. Esto puede generar tensiones inflacionarias en el corto plazo, justo en un momento en que la inflación interna se presenta inflexible a la baja ante la necesidad del gobierno de consolidar la desaceleración de los precios para sostener la estabilidad.
Alivio de largo plazo
La diferencia con los shocks del pasado es que Argentina por fin logra el desarrollo de un activo que antes no tenía: convertirse en exportador neto de energía. El desarrollo de Vaca Muerta, la expansión de la infraestructura de transporte y la creciente inversión privada en el sector hidrocarburífero, abren un escenario distinto al de los años setenta, ochenta o incluso al de la década pasada.
Si el precio internacional del petróleo se mantiene alto, el incentivo para acelerar la producción aumenta. Eso se traduce en mayores exportaciones, más ingreso de divisas y una mejora en la balanza comercial.
En una economía históricamente condicionada por la restricción externa, ese cambio no es menor: un aumento sostenido de exportaciones energéticas también permitiría reducir la dependencia de financiamiento externo, fortalecer las reservas y disminuir la vulnerabilidad cambiaria. También podría mejorar la solvencia fiscal, al reducir subsidios y aumentar la recaudación asociada al sector.
El beneficio no es inmediato, porque requiere tiempo, infraestructura y financiamiento, pero puede modificar la estructura de la economía en el largo plazo.
Realizando el test
El aumento del precio del petróleo provocado por el conflicto en Medio Oriente coloca a la Argentina frente a un escenario complejo pero en una situación intermedia. Tiene mejores fundamentos que en otros episodios, pero todavía enfrenta desafíos en materia de reservas, acceso al crédito y consolidación de la estabilidad macroeconómica.
La posible suba de tasas globales, la volatilidad financiera y la dependencia de capital externo pueden generar tensiones, pero la mejora en los términos de intercambio puede fortalecer la economía ante un sector hidrocarburífero con superávit incipiente (fue de 1,5% del PBI en 2025).
El petróleo caro será un test en una economía que presenta sectores económicos con altas tasas de crecimiento interanual (aquellos vinculados al complejo exportador) pero donde los sectores económicos vinculados a la economía interna presentan retracciones con el consecuente impacto en la subsistencia de empresas y generación de empleo.
Si la Argentina logra sostener el camino de independencia energética, el shock puede transformarse en una oportunidad. Por eso, el nuevo conflicto en Medio Oriente, puede generar riesgo en el corto plazo, porque primero afecta al mundo financiero, pero también puede traer alivio en el largo plazo, porque mejora el valor estratégico de los recursos energéticos del país.
(*) Economista y presidente de Cladea



