Debate. Asimetrías y transformaciones en la Argentina: los motores que empujan la nueva etapa económica

Los factores que reflejan el inicio de un cambio estructural largamente postergado, y que finalmente permitirán construir una base sólida y sostenible para su desarrollo.

23 de mayo de 2026 a las 12:04 a. m.
Manuel Tagle (*)
Asimetrías y transformaciones en la Argentina: los motores que empujan la nueva etapa económica
La cosecha viene registrando marcas históricas, lo que hace prever exportaciones en volumen récord para este año. La Voz/Archivo

La Argentina presenta actualmente asimetrías evidentes entre sus distintos sectores productivos. Por un lado, hay actividades dinámicas y competitivas, como el sector agropecuario, la energía, la minería y la industria del conocimiento. Por el otro, sectores como la industria manufacturera, la construcción y parte del comercio atraviesan procesos de reconversión y adaptación.

Lejos de constituir un problema en sí mismo, este escenario refleja el inicio de una transformación estructural largamente postergada. Los sectores más competitivos no sólo lideran la recuperación económica, sino que además aportan un elemento decisivo para la estabilidad macroeconómica: una sólida generación de divisas.

Un país históricamente cerrado

Esto ha sido posible, en gran medida, gracias al cambio de orientación económica impulsado por el actual Gobierno, basado en principios de mayor apertura y liberalización. Se trata de una novedad significativa para un país históricamente cerrado y condicionado por la escasez de dólares.

Durante décadas, la Argentina intentó sostener artificialmente actividades que habían perdido competitividad mediante una fuerte intervención estatal. Los resultados fueron los previstos, desequilibrios fiscales crónicos, inflación persistente, estancamiento económico y niveles de pobreza incompatibles con el potencial del país.

Este esquema, sostenido durante más de 80 años, contribuyó a retrasar el desarrollo de la economía argentina de manera difícil de justificar frente a sus enormes recursos y capacidades.

Falta de inversión y modernización

Es cierto que algunos sectores enfrentan dificultades derivadas de una apertura económica tan inevitable como saludable. En muchos casos, ello responde a la falta de inversión y modernización acumulada durante años. Ha llegado el momento de comprender que los consumidores no pueden ni deben continuar financiando, a través de precios elevados y una gran protección arancelaria, estructuras productivas que no lograron reconvertirse a tiempo.

Al mismo tiempo, el Estado debe acompañar este proceso mediante una reducción sostenida de la presión fiscal, apoyada en una decidida disminución del gasto público en todos los niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal.

A medida que se consolide la estabilidad monetaria y que los incentivos vuelvan a organizarse de manera más eficiente a través del mercado, estos sectores tendrán la oportunidad de recuperar dinamismo sobre bases más sólidas, como ya está ocurriendo en los dos últimos meses, sustentadas en crédito de largo plazo y financiamiento accesible.

Primeros indicadores del cambio

Los primeros indicadores ya muestran señales concretas de este cambio de rumbo. El año pasado, la Argentina alcanzó un récord de exportaciones cercano a los U$S 87 mil millones. El sector energético logró un superávit comercial de U$S 8.500 millones, luego de varios años de déficits superiores a los U$S 5 mil millones durante los gobiernos kirchneristas.

El agro también registró niveles récord de exportación, mientras que la minería comienza a consolidarse con importantes inversiones.

A ello se suma la industria del conocimiento, con exportaciones por aproximadamente U$S 9.500 millones. Para este año, incluso, ya se proyecta superar los U$S 100 mil millones en exportaciones.

En la misma dirección, ya fueron aprobadas inversiones por U$S 27 mil millones a través del régimen Rigi, mientras que otros proyectos por cerca de U$S 100 mil millones permanecen en evaluación. Cabe destacar la excelente decisión de reducir los aranceles para el sector agropecuario.

Con este rumbo, Argentina podrá construir finalmente una base sólida y sostenible para su desarrollo. Las perturbaciones políticas que se perciben no deberían frenar este proceso de ordenamiento virtuoso e inexorable en marcha.

(*) Presidente de la Bolsa de Comercio de Córdoba