Conflicto Medio Oriente. La guerra en Irán entra en tiempo límite bajo la amenaza de devastación de Trump
Trump lanzó ultimátum final, Irán resiste y escala ataques mientras crecen el número de víctimas, la tensión global y las dudas sobre un desenlace inmediato.
En el día 39 de la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán, el reloj se convirtió en protagonista central de un conflicto que ya dejó miles de muertos y millones de desplazados. A medida que se acerca la hora límite fijada por el presidente estadounidense Donald Trump -las 20 en Washington, 21 en la Argentina-, la tensión escala a niveles inéditos, con amenazas de devastación total, nuevos bombardeos y una población civil expuesta a un escenario cada vez más extremo.
La frase que dominó la jornada condensó la gravedad del momento: “toda una civilización morirá esta noche”. Trump la pronunció como advertencia final a Teherán, en un intento por forzar la capitulación iraní y la reapertura del estratégico paso marítimo del Golfo Pérsico. El Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial en tiempos de paz, se convirtió así en el eje de una pulseada que excede lo militar y se proyecta sobre la economía global.
Endurecimiento
Sin señales de rendición, Irán respondió endureciendo su postura. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica advirtió que, si Washington cruza lo que considera “líneas rojas” -en particular ataques a infraestructura civil-, expandirá sus represalias más allá de la región y buscará cortar el suministro de petróleo y gas a Estados Unidos y sus aliados durante años. La amenaza no quedó en palabras: en paralelo, misiles iraníes impactaron en la ciudad israelí de Haifa, donde al menos cuatro personas murieron tras el impacto en un edificio residencial.
En el terreno, la ofensiva continúa sin pausas. Estados Unidos volvió a atacar la isla de Kharg, el principal nodo exportador de petróleo iraní, en lo que fue el segundo bombardeo sobre ese enclave estratégico. Además, se denunciaron daños en dos puentes y una estación ferroviaria dentro del territorio iraní, objetivos cuya naturaleza alimentó el debate internacional sobre los límites del derecho de guerra.
¿Crímenes de guerra?
Desde Naciones Unidas, el secretario general António Guterres, a través de su vocero, dejó una advertencia clara: atacar infraestructura civil, incluso bajo el argumento de que tenga valor militar, puede constituir una violación del derecho internacional si implica daños desproporcionados a la población. La advertencia no fue abstracta. Trump había dicho horas antes que no le preocupaba en absoluto la posibilidad de cometer crímenes de guerra al amenazar con destruir puentes y centrales eléctricas iraníes.
En este contexto, la respuesta interna en Irán tomó un cariz inédito. El gobierno convocó a jóvenes, deportistas, estudiantes y figuras culturales a formar “cadenas humanas” alrededor de las plantas eléctricas para disuadir ataques. La iniciativa, impulsada por funcionarios como el viceministro Alireza Rahimi, busca transformar a la sociedad civil en escudo simbólico frente a los bombardeos. Según el propio presidente iraní, unos 14 millones de ciudadanos se ofrecieron como voluntarios para defender el país.
La imagen de miles de personas tomadas de la mano junto a instalaciones energéticas sintetizó el grado de movilización social en medio de la guerra. Pero también evidenció el riesgo: convertir esos sitios en puntos de concentración humana los vuelve potencialmente más vulnerables en caso de ataques.
Crisis humanitaria
Mientras tanto, el costo humano del conflicto sigue en aumento. Las cifras actualizadas hablan de más de 1.900 muertos en Irán y más de 1.500 en Líbano desde el inicio de las hostilidades. A ellos se suman víctimas en Israel -al menos 23 fallecidos-, en territorios palestinos y en países del Golfo, además de 13 militares estadounidenses muertos. El número de desplazados se cuenta en millones, en una crisis humanitaria que crece en paralelo a la escalada militar.
Desde Washington, el Mando Central estadounidense aseguró haber alcanzado unos 13.000 objetivos en territorio iraní desde el inicio de la campaña. La cifra ilustra la magnitud de una ofensiva que, lejos de desacelerarse, parece intensificarse día a día.
Del lado israelí, el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir, habló de una “encrucijada estratégica”. Según su evaluación, las fuerzas conjuntas lograron avances significativos, pero el desenlace de la guerra dependerá de las decisiones que se tomen en las próximas horas. “Seguiremos actuando con determinación y profundizaremos los golpes al régimen” (iraní), aseguró, en línea con la postura de continuar la presión militar.

Variable clave
Sin embargo, a esta hora, no todos los análisis coinciden con la idea de un desenlace inminente. A poco del vencimiento de la exigencia del mandamás estadounidense para frenar la guerra, el analista internacional Trita Parsi introdujo una variable clave: la credibilidad del propio Trump. Según planteó, el presidente estadounidense podría optar por extender nuevamente el plazo del ultimátum si percibe una oportunidad diplomática o si busca evitar un desenlace que lo deje en una posición incómoda. No sería la primera vez: en las últimas semanas, ya prorrogó fechas límite en varias ocasiones.
Para Parsi, la insistencia en amenazas maximalistas podría haber erosionado la capacidad de presión real del inquilino de la Casa Blanca, abriendo la puerta a un nuevo statu quo en el Estrecho de Ormuz, incluso con concesiones implícitas como tarifas de tránsito controladas por Irán.





