Discos. Lengua eterna y milagrosa: los Rolling Stones y el misterio vital de Foreign Tongues

A casi tres años de la resurrección de Hackney Diamonds, Sus Majestades Satánicas vuelven a desafiar el tiempo con un disco que combina urgencia punk, soul aterciopelado y el fantasma entrañable de Charlie Watts.

28 de junio de 2026 a las 08:42 a. m.
Lengua eterna y milagrosa: los Rolling Stones y el misterio vital de Foreign Tongues
Los Rolling Stones, durante un show ofrecido en Chicago en 2024. (AP)

Hay algo de rito sagrado y, a la vez, de desfachatez juvenil en la forma en que los Rolling Stones han decidido gestionar su propia eternidad. Si en 2023 el mundo se detuvo para celebrar Hackney Diamonds como un testamento vitalicio, este 2026 nos encuentra ante un nuevo asombro: el 10 de julio se publicará Foreign Tongues, su álbum de estudio número 25, una cifra que marea pero que para ellos parece ser simplemente un número más en el diario de una vida compartida.

La puesta en escena para este anuncio no fue menor. Hace unas semanas, mientras el sol caía sobre Brooklyn, el antiguo Williamsburgh Savings Bank (una mole victoriana de la década de 1870 que hoy oficia como templo de eventos de lujo) se convirtió en el epicentro del universo rock. Allí, entre cúpulas imponentes y una audiencia que incluía desde Leonardo DiCaprio hasta a la esquiadora Lindsey Vonn, Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood se sentaron a conversar con el comediante Conan O’Brien sobre este nuevo parto discográfico.

O’Brien, con su habitual ironía, definió el momento con precisión quirúrgica: “Creo que este es el disco definitivo, después de años trabajando en el anonimato... Este es su momento”. La broma caló hondo: los Stones, a esta altura, parecen estar compitiendo únicamente contra su propio mito.

¿Cómo es posible que una banda que ya lo dio todo entregue un nuevo disco con apenas tres años de diferencia respecto del anterior? La respuesta tiene nombre y apellido: Andrew Watt. El productor de 35 años, que ya ha trabajado con la aristocracia del rock (desde McCartney hasta Iggy Pop), parece haberle inyectado a la banda un suero de juventud que Richards no duda en elogiar.

En diálogo con The Guardian, Keith lo definió como “un soplo de aire fresco y un buen empujón”.

“Sabe mucho de música y técnicamente no tolera tonterías; simplemente se pone manos a la obra”, sumó sobre ese joven maravilla.

Ese impulso fue el que permitió que Foreign Tongues se grabara en apenas un mes de actividad frenética en Londres, aprovechando la inercia creativa que dejó el disco anterior.

El álbum se presenta como una amalgama de los dos impulsos que siempre han convivido en el seno de la banda: la experimentación moderna de Jagger y el purismo de raíces de Richards. Por un lado, tenemos In The Stars, el primer corte que ya resuena con su energía pop-rock. Y, por el otro, el péndulo entre soul y r&b de Jealous Lover, donde Jagger desempolva su cautivadora voz en falsete para advertir a un amante curioso.

Pero quizás el momento más introspectivo llegue con Rough and Twisted, una pieza que Jagger describió como una “fantasía de blues” o “algo sobre mis divagaciones inconscientes”, y que trata sobre una mujer que promete el cielo pero te arrastra a lugares terribles. ¿Misoginia? Puede ser.

En este track, Ron Wood vuelve a sus raíces más profundas utilizando la misma guitarra que tocó en el clásico de Faces, Stay With Me, en 1971. “Fue tan espontáneo, incluso nos sorprendimos a nosotros mismos”, confesó Wood con esa alegría de fan que nunca lo abandona.

Charlie Watts siempre está

Uno de los puntos más conmovedores de Foreign Tongues es, nuevamente, la participación póstuma de Charlie Watts. Si en Hackney Diamonds su batería latía en dos canciones, aquí aparece en una pieza grabada en Los Ángeles antes de su partida en 2021. Jagger la describió con entusiasmo: “Es muy rápida, un tema punk-rock”.

Hablar de Charlie es, para los Stones, hablar en presente. En las páginas de Uncut, Jagger recordó la curiosidad insaciable de su eterno compañero de ritmo: “Charlie y yo fuimos los primeros en la banda en adentrarnos en el reggae... Siempre fue muy abierto de mente”.

Esa apertura es la que permite que el disco cuente hoy con colaboraciones tan diversas como las de Paul McCartney (reincidente, ya que también había estado en Hackney Diamonds), Robert Smith (The Cure), Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y el legendario Steve Winwood.

Sobre la participación de Sir Paul, Jagger aclaró que no hubo espacio para el ego: “Creo que Paul tenía muchas ganas de participar. No hubo ninguna intimidación. Quería tocar con la banda”.

Richards, por su parte, bromeó con su habitual cinismo sobre cómo Robert Smith terminó en el disco: “Andrew me preguntó: ‘¿Te importa si incluyo a Fulano?’. Y yo le dije: ‘No, hombre, si es una pieza necesaria, dale para adelante’. Así fue como se coló”.

Mapa político y un “Señor Feo”

Los Stones nunca han sido ajenos a su tiempo, y Foreign Tongues no es la excepción. El tema Ringing Hollow, descripto inicialmente por Jagger como una carta de amor a Estados Unidos, parece esconder una crítica mordaz al clima político actual bajo el segundo mandato de Trump. “Siempre hay un sinvergüenza tratando de animar a la multitud... La Dama de la Libertad no se ve tan bien cuando tiene cara de enojada”, reza la letra, marcando una posición potente para la banda en 2026.

Visualmente, el álbum también busca romper moldes. La portada, bautizada por Jagger como “Señor Feo”, es obra del artista Nathaniel Quinn. Se trata de una fusión de los rostros de los miembros de la banda, una representación distorsionada pero fiel de su larga trayectoria.

La campaña de promoción para llegar a este punto fue una clase magistral de misterio analógico en la era digital. Todo comenzó con carteles en Londres bajo el seudónimo de The Cockroaches (un alias clásico de sus días de clubes), que incluían códigos QR dirigidos a un sitio web de Universal Music. Luego, el mundo se llenó de vallas publicitarias con la icónica lengua y el título Foreign Tongues traducido a múltiples idiomas, desde el coreano hasta el tagalo, preparando el terreno para lo que ellos consideran un lanzamiento global y universal.

Una rebelión tecnológica

A sus 82 años, Keith Richards es un milagro de la biología y la voluntad. En una videollamada reciente con The Guardian desde los estudios Hit Factory en Nueva York, el guitarrista se mostró en una faceta inusual: la de bisabuelo flamante de la pequeña Luna Richards-von Bismarck. “Soy un abuelo fantástico... Intento que estén conmigo el mayor tiempo posible y luego los devuelvo”, bromeó.

Ese hombre de familia convive con el purista que desprecia la modernidad líquida. Richards es tajante respecto de la tecnología actual: “La IA me está matando. ¿Temo por el futuro de la música? Temo por el futuro de todo”.

Para él, el mundo era un lugar mejor cuando las canciones se grababan en cintas de dos pistas pegadas a la pared y cuando no existía el “maldito teléfono”. De hecho, confesó que su relación diaria con la tecnología se limita a un hervidor eléctrico y poco más.

Esa misma tozudez es la que mantiene viva la llama de los Stones. A pesar de los años de “duelos” con Jagger (a quien conoce desde los 4 años), Richards admitió que la edad ha suavizado las asperezas. “Ya no hay tantos duelos. Se le rompió la espada, se le rompió la lanza... Probablemente por la edad. O al menos hace tiempo que no me ataca”, aseguró.

¿El último tramo del camino?

Como sucede con cada lanzamiento desde hace tres décadas, surge la pregunta inevitable: ¿es este el último álbum? La inclusión de una versión de Beautiful Delilah de Chuck Berry al final del disco (cerrando el círculo que abrieron en 1963 con Come On) parece sugerir una despedida pulcra.

Richards, sin embargo, se resiste a la idea del final. “Creo que se te pasa por la cabeza de vez en cuando; serías un idiota si no lo hicieras. Pero no es algo en lo que te obsesiones. A estas alturas, ya tengo mi camino bien definido y voy a ver adónde me lleva”, sostuvo.

Sobre la posibilidad de ver estas canciones en vivo, Jagger fue optimista: “Me encantaría hacer una gira con el álbum. Espero poder hacerlo tan pronto como sea posible”. Richards, por su parte, más cauteloso, sugiriendo que, debido al desgaste de los viajes, quizás el futuro de los Stones resida en una residencia en alguna capital del mundo: “Tocaré en Roma, en Londres, en Nueva York..., pero no veo por qué no podrían organizar algunos conciertos en un nuevo formato”, señaló.

Lo cierto es que, mientras el 10 de julio se acerca, los Rolling Stones nos recuerdan que el rock & roll no es una cuestión de juventud, sino de espíritu. Como dijo Ron Wood en Uncut, el espíritu de la banda sigue siendo el mismo. “El mismo sentido del humor, la misma vibra, el mismo desafío, la misma creatividad y esa magia que surge del aire”, especificó.

Así las cosas, Foreign Tongues no es sólo un disco más; es la prueba de que las piedras, contra toda ley de la física, pueden seguir rodando y ganando brillo en el camino.

Joven alquimista

A sus 35 años, Andrew Watt se ha consolidado como el productor de rock más cotizado del planeta. No es sólo un técnico detrás de una consola; es un virtuoso de la guitarra y un ferviente mitómano que ha logrado lo que pocos: producir, de manera casi simultánea, a los Rolling Stones y a los dos Beatles supervivientes.

En una reveladora charla con el diario británico The Telegraph, Watt admitió con humildad y una risa contagiosa: “Decirlo suena a exageración. Soy el tipo más afortunado del mundo por estar en la misma habitación con gente que cambió mi vida antes incluso de conocerlos”.

Su ascenso no tuvo nada que ver con el azar. Más bien respondió a una mezcla explosiva de talento técnico y de un entusiasmo que incluso Paul McCartney describió como “contagioso”.

Criado en Nueva York, Watt fue un joven diagnosticado con TDAH cuya hiperactividad encontró su cauce natural en disquerías y en los álbumes de rock clásico de su padre. Esa energía eléctrica es la que lleva hoy a cada sesión. Según relató al Telegraph, su enfoque es total: “Siento una auténtica pasión y amor por la música. Es una sesión llena de energía conmigo, y creo que puede ser muy divertida”.

La relación de Watt con McCartney es uno de los pilares de su carrera actual. Todo comenzó en 2021, cuando la presión de recibir a un Beatle en su casa de Beverly Hills fue tal que tuvo que pedirle a su asistente que le diera un golpe físico para asegurarse de que no estaba soñando. “Literalmente tuve que decirle que me abofeteara. Paul McCartney venía a mi casa... De niño, me sabía todas las canciones de los Beatles... Necesitaba una bofetada, ¿no?”, confesó.

Lo que empezó como una toma de té se convirtió en una colaboración de cinco años que ha culminado en The Boys of Dungeon Lane, publicado hace pocos días. Durante este proceso, Watt no se limitó a ser un espectador. Aunque McCartney inicialmente lo encontró “un poco insistente”, pronto entendió que esa insistencia era la clave para sacar lo mejor de él.

Para Watt, trabajar con Sir Paul fue como asistir a una clase magistral diaria: “Fue como ser un estudiante universitario, viéndolo cada día moverse por el estudio como un científico en un laboratorio... Es una maestría de otro nivel”.

Uno de los hitos de esta colaboración es el tema Home to Us, un emotivo dúo entre McCartney y Ringo Starr que Watt produjo tras una sesión con el baterista.

Sobre ver a ambos trabajar, Watt comentó: “Nunca olvidaré mirar al otro lado de la cabina de sonido... y ver a Paul sonriendo, mientras yo tocaba la guitarra con la batería de Ringo. Creo que fue probablemente el momento más loco de mi vida”.

Si con McCartney fue un estudiante, Watt, con los Rolling Stones, ha sido un mediador de genios. Tras el éxito de Hackney Diamonds (2023), Watt volvió al estudio con la banda para producir Foreign Tongues. Su método con los Stones ha sido deliberadamente “retro”: eliminó las pistas de clic y la edición digital rígida para obligar a la banda a tocar en vivo, buscando esa “toma perfecta” que sólo surge de la interacción humana.

En sus declaraciones al Telegraph, Watt describió la dinámica entre Mick Jagger y Keith Richards como una “batalla elocuente”, similar a un duelo de esgrima.

Su trabajo, según explicó, consiste en mantener el equilibrio cuando las visiones creativas chocan: “Si Keith lleva una canción de Mick en una dirección completamente nueva..., yo estoy ahí, animándolo a que siga trabajando en ella... Mantener el equilibrio y que todo fluya para tener la toma perfecta cuando ocurre la magia, esa es realmente la parte principal del trabajo”.

Para Watt, el resultado en este nuevo álbum es aún más potente. “Es más crudo, más vivo, más improvisado... ¡Esperá a oír lo que toca Keith! Es increíble”, describió.

El camino de Watt hacia la cima del rock pasó, curiosamente, por el pop moderno. Comenzó como guitarrista de sesión para Justin Bieber, quien, según Watt, “vio mucho más en mí de lo que yo veía en mí mismo”. Posteriormente, desarrolló una carrera componiendo para estrellas como Selena Gomez y Miley Cyrus, lo que le permitió dominar las técnicas de producción contemporáneas que ahora aplica para revitalizar el sonido de las leyendas.

Fue su trabajo con Ozzy Osbourne en 2020 lo que terminó de cimentar su reputación en el rock. Ozzy creyó en él “a otro nivel”, y esa confianza le abrió las puertas a Elton John, a quien Watt considera “como Mozart o Bach”.

Andrew Watt ha logrado lo imposible: ser el puente entre la era dorada del rock y la producción del siglo 21. Para él, cada día en el estudio sigue siendo un sueño: “No hay un solo día en que vaya al estudio y no piense: ‘¡Voy a ver tocar a los malditos Rolling Stones!’”.

Con su mezcla de respeto reverencial y audacia técnica, Watt se asegura de que los gigantes de la música no sólo sigan activos, sino que suenen tan vitales como en sus mejores años.